El trabajo preponderante de las mujeres en los cuidados de sus familiares tiene implicaciones negativas en varios aspectos de su vida, por ejemplo, en su participación política, en su desarrollo académico, en su salud, en la escasez de tiempo propio, en la tenencia y uso de productos y servicios financieros y en su ingreso al mercado laboral.
Las mujeres deciden su participación laboral con base en las actividades de cuidado que realizan y de las opciones de servicios de cuidado que tienen a su alcance.1 Cuidar acorta sus tiempos y las muy escasas opciones de servicios de cuidados ocasionan que no puedan estar en el mercado laboral formal, por lo que deben recurrir a opciones flexibles para obtener ingresos económicos: trabajos precarizados o autoempleo. En ambos casos, quedan fuera de la formalidad y sin una jubilación digna, sin servicios médicos ni algún otro beneficio otorgado por la seguridad social a quienes trabajan en el sector formal, con lo que tiene lugar la feminización de la pobreza, sobre todo en los últimos años de vida.
El uso desproporcionado del tiempo de las mujeres para cuidar tiene su origen en la división del trabajo en función del género. En todos los países de América Latina y el Caribe se observa en ellas una sobrecarga de trabajo no remunerado, lo cual indica que las normas sociales en la región influyen en que se queden en casa haciendo el trabajo doméstico y de cuidados y su participación en el mercado laboral formal o en emprendimientos propios o colaborativos para generar ingresos se vea limitada.2

La relación entre el uso de productos y servicios financieros y las mujeres que dedican todo o la mayor parte de su tiempo a cuidar deja ver que sus posibilidades de insertarse en el mercado laboral formal se reducen, lo que a su vez dificulta su inclusión financiera3 su autonomía y la posibilidad de tomar decisiones en su hogar.
En México, si comparamos el uso de productos y servicios financieros entre las mujeres casadas en áreas rurales y las casadas en áreas urbanas, se observa que las primeras cuentan con un menor acceso a una terminal bancaria, con un promedio de 26.7 %, mientras que las casadas en áreas urbanas acceden un 44.3 % a este servicio.
Una posible explicación de este fenómeno es la carga de cuidados que las mujeres rurales realizan con las personas que integran su hogar, debido a los roles de género tradicionales que siguen presentes en estas regiones del país.4 Se les impone que hagan trabajo doméstico y de cuidados sin tomar en cuenta cómo interviene en el uso de su tiempo. Quienes se ven más afectadas son las mujeres que carecen de recursos económicos, de redes de apoyo familiar y comunitario o de recursos educativos personales, situación que también dificulta su desarrollo humano en general.5
Las mujeres que cuentan con un trabajo formal incluso suman una doble o hasta triple jornada, al cuidar y hacer trabajo doméstico cuando llegan a su casa. Con esta saturación, sus posibilidades de participar en empleos de tiempo completo o de permanecer horas extra en su espacio laboral disminuyen y las coloca en desventaja —tanto para los ascensos como para un aumento de sueldo— frente a sus colegas hombres, de quienes no se espera que realicen ningún tipo de trabajo de cuidados. Ante estos inconvenientes se observa claramente la necesidad de tener servicios de cuidado infantil; existen estudios que han analizado este fenómeno y encontraron una relación de proporcionalidad directa entre la oferta de servicios de cuidado infantil y la participación laboral femenina.6 Sin embargo, apuntan que no es lo único que se requiere; sus hallazgos muestran que también la disponibilidad de servicios financieros permiten la participación laboral femenina a través de su acceso al ahorro y al crédito, lo cual influye en sus ingresos y, por ende, en su bienestar.
Al respecto, se ha analizado la inclusión financiera a través de con qué productos financieros se cuenta. Se encontró que el primer paso para acceder al sistema financiero es la contratación de una cuenta de débito7 como medio para recibir la nómina de un empleo formal. Si se obtiene una cuenta de débito que también entrega una tarjeta, es muy probable que se utilice una sucursal o un cajero automático (punto de acceso) al menos una ocasión cada mes.
¿Qué impacto tiene contar con esas opciones? Si se pone un punto de acceso adicional en las localidades municipales, se traduce en un aumento de 0.1 % de la participación laboral femenina a nivel municipal.8 Cabe mencionar que la Política Nacional de Inclusión Financiera tiene entre sus objetivos facilitar que las personas (y los diferentes tipos de empresas) obtengan productos y servicios financieros, así como favorecer la inclusión financiera de personas en situación de vulnerabilidad, como las mujeres.9
En ese sentido, y como se ha expuesto hasta ahora, el trabajo formal remunerado aporta varios beneficios a la vida de las mujeres: empoderamiento, capacidad de negociación en su hogar, autonomía económica, gestión adecuada de los recursos del hogar y mejoras en su calidad de vida y en la de su familia. Pero para que todo esto sea una realidad, las mujeres deben disponer de servicios de cuidados y de servicios financieros y así nuestras sociedades podrían tener ecosistemas productivos e igualitarios;10 es decir: con tanta participación femenina como masculina. Para acceder al trabajo formal remunerado, varios países en la región plantean “la corresponsabilidad del cuidado a través de sistemas de cuidado que comprenden un conjunto de acciones, servicios y prestaciones, públicas y privadas, así como leyes, regulaciones, normas y políticas, para asegurar progresivamente el derecho al cuidado de las personas que lo requieren (con prioridad —pero no exclusivamente— en infancias, personas con discapacidad o enfermedad y personas mayores que no pueden satisfacer estos cuidados por sí mismas), de quienes los brindan (de manera no remunerada y remunerada) y de quienes tienen responsabilidades de cuidados (personas que requieran tiempo para cuidar sin detrimento de su desarrollo escolar, laboral o personal)”.11
En México se ha trabajado desde 2020 en la sociedad civil para el desarrollo de una propuesta de Sistema Nacional de Cuidados y su ley general en virtud de la aprobación en la Cámara de Diputados de la reforma constitucional a los artículos 4 y 73, que reconocen el derecho al cuidado digno y el derecho para decidir la distribución del tiempo propio acorde a las necesidades e intereses de las personas. La Coalición por el Derecho al Cuidado Digno y Tiempo Propio de las Mujeres ha coordinado estos esfuerzos, articulando las aportaciones de organizaciones como GENDERS, A. C. y la Red de Cuidados en México, entre otras, lo cual ha permitido posicionar el tema de los cuidados en el debate público y con ello visibilizar la necesidad de reconocer, reducir y redistribuir el trabajo de cuidados.12 Una importante evidencia en este sentido es la correlación que guarda la presencia de niñas y niños en los hogares con la participación laboral femenina:13 mientras sea menor la presencia de niñas y niños, mayor es la participación laboral de las mujeres y viceversa. De manera paralela, se observó la relación entre la oferta de centros de asistencia infantil y la participación laboral femenina: a mayor número de centros, mayor participación de mujeres en la fuerza laboral.
Otra de las consecuencias negativas del trabajo de cuidados no remunerado en la vida de las mujeres que lo realizan es que, por lo general, deben abandonar sus estudios o no pueden acceder a ellos por cuidar a sus seres queridos. Tal situación es lamentable porque se ha observado que un aumento de tan sólo un año y medio en la escolaridad media de las mujeres genera que la participación laboral femenina a nivel municipal crezca un 2.2 %.14 En ese sentido, “[…] no se puede tratar la brecha de inclusión financiera de las mujeres como un problema aislado que se soluciona al ofrecer productos y servicios financieros. La falta de inclusión financiera es de carácter sistémico y es una posible consecuencia de la sociedad y sus normas que impactan a la mujer en su vida privada y profesional e inhiben su progreso como participante igualitario no solamente del sistema financiero, sino de la sociedad entera”.15 Dichas normas son, entre otras, los roles de género tradicionales dentro de los cuales se incluye otra idea errónea acerca de que las decisiones financieras de la casa deben tomarlas los hombres. Esto último, aunado a la constante presencia de las mujeres en las actividades de cuidados puede ser uno de los motivos por los que las mujeres no acceden a créditos de calidad, ya que no son ellas quienes deciden, pero sí administran y, por tanto, asumen las consecuencias de las decisiones que se toman. Al no tener el control de las finanzas del hogar, no desean arriesgarse a adquirir mayores obligaciones financieras.
Con este panorama abordado desde el trabajo de cuidados no remunerado, la participación laboral femenina, la inclusión financiera de las mujeres, su nivel educativo, la presencia de centros de asistencia infantil y las interrelaciones entre estos elementos, se vislumbra la necesidad de generar un Sistema Nacional de Cuidados que debe tener como uno de sus objetivos principales permitir a las mujeres disponer de su tiempo para que tengan la posibilidad de participar en el mercado laboral formal. Esa participación les generaría bienestar porque al tener un ingreso propio, estarían en condiciones de hacer uso de los productos y servicios financieros forjando con esto mejores condiciones de vida y desarrollo personal a través del empoderamiento económico, la autonomía y el disfrute del tiempo propio.
Laura Ríos Quiroz
Actualmente se desempeña como Directora para el Acceso a Servicios Financieros en la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) y es integrante de GENDERS, A. C., de la Red de Cuidados en México y de la Coalición por el Derecho al Cuidado Digno y Tiempo Propio de las Mujeres.
1 Orozco, M.; Franco, J.; Marchant, M., y Valdivia, R. “The role of care and the local economy in women’s labour force participation: evidence from Mexico and Colombia in the pandemic era, Gender & Development”, 30:1-2, 2022, 145-175, DOI: 10.1080/13552074.2022.2066816.
2 Valenzuela, M. E.; Scuro Somma, L., y Vaca Trigo, I. “Desigualdad, crisis de los cuidados y migración del trabajo doméstico remunerado en América Latina”, serie Asuntos de Género, N° 158 (LC/TS.2020/179), Santiago de Chile, Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), 2020.
3 En nuestro país, la inclusión financiera se define como: el acceso y uso de servicios financieros formales (cuentas, seguros, créditos y afores) bajo una regulación apropiada que garantice esquemas de protección al consumidor y promueva las competencias económicofinancieras, Política Nacional de Inclusión Financiera, https://www.pnif.mx
4 Romero, I.; López, J. A., y Hess, S. “La brecha estructural de inclusión financiera en México: una perspectiva territorial y del impacto de las normas sociales de género”, Documentos de Proyectos (LC/TS.2022/154/-*-LC/MEX/TS.2022/22/-*), Ciudad de México, Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), 2022.
5 López Rodríguez, P., y Orozco Corona, M. E. “Mercado Laboral Femenino y Capital Social, Necesidades de Cuidados e Inclusión Financiera”. Revista de coyuntura y perspectiva [en línea] vol. 4, n. 4, 2019, [citado 2023-01-21], pp.79-129. ISSN 2415-0622.
6 Ibid.
7 Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). “Los servicios financieros en México con Perspectiva de Género: Avances y Áreas de Oportunidad”, 2020.
8 Orozco, M.; Franco, J.; Marchant, M., y Valdivia, R., ob. cit., 2022.
9 Política Nacional de Inclusión Financiera (PNIF), https://www.pnif.mx
10 ONU Mujeres. Finanzas para todas. Experiencias e iniciativas innovadoras para la inclusión financiera de las mujeres y una recuperación con lentes de género en América Latina, 2021.
11 Oxfam México y Red de Cuidados en México. Diccionario de los Cuidados, 2021, p. 32.
12 ONU Mujeres. “Reconocer, Redistribuir y Reducir el Trabajo de Cuidados. Prácticas Inspiradoras en América Latina y el Caribe”, 2018.
13 Orozco, M.; Franco, J.; Marchant, M., y Valdivia, R., ob. cit., 2022.
14 Ibid.
15 Romero, I.; López, J. A., y Hess, S., ob. cit., 2022.