Eugenia Martínez Vallejo es una de las pocas personas cuyo rasgo físico más prominente, capturado por el pintor Juan Carreño de Miranda en La Monstrua vestida y en La Monstrua desnuda, exhibe una anomalía cuando, en las galerías de retratos de su época (siglo XVII), en otros personajes simbolizaba prosperidad, fortaleza y salud: la gordura. Tres siglos transcurrieron hasta que la gordura excesiva de la Monstrua fue bautizada y patologizada como obesidad.
Al pasar las páginas de la Historia universal de la gordura, vemos que la nuestra no ha sido la única época con abundancia de gordos. Más de cinco mil retratos históricos de la localidad de Berna, Suiza, muestran que desde el Renacimiento hasta el siglo XX un alto porcentaje de las personas retratadas —buena parte de ellas pertenecientes a la clase media— podían ser identificadas visualmente como gordas, en especial durante los siglos XVII y XVIII (4 y 5 de cada 10 hombres y mujeres).
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