Se supone que en democracia el espacio público modela la opinión de las personas. Y que la democracia es tal porque no existe una sola fuente de información sino una pluralidad de las mismas. Ese espacio resultará más productivo si existe un basamento de evidencias comunes, de fuentes de información confiables, a partir de las cuales las diferentes aproximaciones a los fenómenos puedan confrontar sus diagnósticos y propuestas.
Todo ello puede encontrarse en un libro de texto para estudiantes de ciencias sociales. ¿Pero qué sucede si no existe ese basamento común? ¿Y qué ocurre si alguna de las fracciones que acuden al debate no acepta más información que la suya y sólo las certezas que le son connaturales? Los monólogos autosatisfechos se reproducirán sin límite alguno.
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