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Fabrizio Mejía Madrid. Escritor. Acaba de aparecer su novela Erótica Nacional (Cal y arena).

La farándula, la nota roja y la política han integrado siempre un coctel de interés innegable y escenarios más que sugerentes. Esta es otra versión de uno de los suicidios memorables en la historia de los milagros nacionales.

En vida, Miroslava Stern no fue una de las actrices más significativas del cine nacional. Frente a los arquetipos que encarnaban Dolores del Río, María Félix y, más tarde, Angélica María, Miroslava no superó la actuación correcta, aunque siempre rígida, ni la belleza con escasos destellos de encanto. Sólo la forma en que murió pudo hacer de ella una presencia recordable: en el México modernizante de Ruiz Cortines, una mujer famosa se suicidaba por amor a un torero. La fórmula sirvió y ha servido para hacer de Miroslava la encarnación de la pasión melancólica, un arquetipo femenino al que ayudaron la condición exótica -una checoslovaca inmigrada- y cierta normalidad: comprobar que la actriz continuaba su última película, Ensayo de un crimen, fuera de la pantalla, precisamente en su recámara y con una foto de Luis Miguel Dominguín sobre el pecho. Pero la historia oficial de la muerte de Miroslava, sentimental y compasiva, convivió durante algún tiempo con un rumor popular más desencantado que encontró espacio en las secciones de nota roja de los diarios hasta que la ANDA exigió al gobierno que las censurara. Según esta versión, Miroslava no se habría suicidado al descubrir que Luis Miguel Dominguín se casaba con Lucía Bosé, sino que habría muerto en un accidente de aviación, acompañada de su amante. El rumor relaciono así dos muertes, la de la actriz y la de Jorge Pasquel, yerno de Plutarco Elías Calles, cristero en su juventud y político alemanista en la madurez, promotor del beisbol profesional y dueño del periódico Novedades y del Parque Delta. Pasquel represento en vida el arquetipo del millonario alemanista siempre en el límite de la ley: acusado de contrabando y de vender concesiones aprovechando su influencia en el gobierno, siempre solucionaba sus problemas sacando la pistola o la chequera. En la cúspide de su fama, Pasquel fue acusado de asesinar a un agente aduanal, pero salió bajo fianza. El asesinato del periodista Sánchez Bretón nunca le fue comprobado ni la destrucción de una imprenta que repartía panfletos antialemanistas. Al momento de morir, su leyenda le sobrevivió: la policía identificó su cadáver por un tomillo que tenía en la pierna, producto de un encuentro con un leopardo en uno de sus muchos safaris.

El avión de Jorge Pasquel, con siete pasajeros, se estrello a veinte kilómetros de Ciudad Valles, San Luis Potosí, el 8 de marzo de 1955. Pasquel había volado ese mismo día a una compra de ganado y debía volver antes de las diez de la noche, pues su hijo estaba convaleciente de una operación de las anginas. El diario La Prensa del 9 de marzo comienza la especulación: “Nadie sabe a quién corresponde el séptimo cuerpo, pues solamente se sabía que viajaban en el avión de la muerte seis personas, incluyendo a Jorge Pasquel”. El piloto era Jacobo Estrada Luna, uno de los integrantes del Escuadrón 201 quien, a pesar de su experiencia, perdió el control del XB-XEH-tipo C-60, un modelo de avión que desde los cuarentas se había prohibido en México después de que Lázaro Cárdenas estuvo a punto de estrellarse en uno, junto con su piloto Roberto Pérez Aguirre, en una gira a Mazatlán. Unos días después del accidente de Pasquel se da a conocer la identidad de los otros cinco muertos: un copiloto, un radio operador, otro piloto ademas de Estrada, un mecánico y el valet de Pasquel. ¿Para que se necesitan tres pilotos en un viaje de San Luis a la Ciudad de México? El 11 de marzo, apenas tres días después del accidente en San Luis Potosí, encuentran el cadáver de Miroslava. La tardanza da lugar a las sospechas: la criada de la actriz, María del Rosario Navarro viuda de Nava, la ve por última vez precisamente el 8 de marzo y no es sino hasta el 10 que se atreve a entrar por el balcón a la recámara. La encuentra muerta y el 11 se da a conocer el suicidio. Lo extraño es que la criada estaba en la casa de Kepler 83 desde las seis de la tarde del día 9 de marzo. Ignacio Garza Bravo hace la inspección ocular y asienta en el acta pericial: “Se le apreciaron signos de muerte real, no reciente, temperatura inferior al medio ambiente y con rigidez cadavérica.” La ANDA, en ese entonces presidida por Rodolfo Echeverría, obtuvo la dispensa de la autopsia y fue incinerada a las cuatro de la tarde en el Panteón Civil porque, a decir de su padre, sepultarían sus cenizas al lado de las de su madre en una cripta que poseía la familia en el Panteón Francés de San Joaquín. Al día siguiente, el diario La Prensa público una entrevista con el actor cubano César del Campo que avivó las sospechas: “La vi y hablé con ella el lunes pasado (7 de marzo). Estábamos en mi casa tomando café y fumando cigarrillos. Me platicó de sus planes de trabajo, que estaba por salir a San Luis Potosí a hacer unas presentaciones personales”. Para acabar de nublar las versiones, el 13 de marzo el mismo diario señaló que las cenizas de Miroslava aun no se sepultaban, pues resulto que el mausoleo, donde se suponía que estaba la madre, no existía Las cenizas de madre e hija fueron a descansar finalmente al depósito de cadáveres.

Frente al rumor, el sábado 12, la policía exhibió las tres cartas de suicidio que Miroslava dejó en la recámara y el peritaje que comprobaba que eran de su puño y letra. Después difundieron la descripción de su recámara. El clima de obsesión por Luis Miguel Dominguín no puede ser más perfecto y por eso casi increíble: la foto del diestro español sobre el pecho, las obras completas de Federico García Lorca y un libro sobre El Greco en la mesa de noche. Una pregunta obvia es por que Miroslava se suicida por un hombre que había protagonizado escándalos amorosos con casi cualquier actriz de moda, desde Ava Gardner hasta Rita Hayworth, pasando por Carmen Sevilla y la vecina de Jorge Pasquel, María Félix. Las contradicciones surgen de nuevo: Miroslava y Dominguín se conocieron en agosto de 1954 cuando la policía franquista acusó a la actriz de ser espía y le negó la entrada al país. El torero se ofreció de aval y la acompañó durante su estancia. Apenas cuatro meses después, la prensa anunciaba el matrimonio de Dominguín con la actriz italiana Lucía Bosé, pero la criada de Miroslava decía que le ocultaba la información periodística que hablaba de la boda: “Sabía yo de antemano que si la señora se enteraba era capaz de sufrir un desmayo”. Cuesta trabajo creer que la boda tomo por sorpresa a Miroslava: la noticia del matrimonio era casi tan vieja como su amistad con Dominguín.

La historia oficial sobrevivió al rumor. Nunca han existido pruebas para afirmar que Miroslava murió en el avionazo con Jorge Pasquel y que su cadáver carbonizado fue después transportado a la Ciudad de México. Sin embargo, la historia oficial del suicidio tampoco es del todo coherente. Si quisiéramos que Miroslava fuera, no un arquetipo de la pasión desgarradora con pijama de seda, sino el de una mujer del Milagro Mexicano, podríamos contar otra historia oficial en la que Miroslava fuera una heroína voluntariosa, a la Nahui Ollín o a la Rivas Mercado: una actriz que escogía a sus amantes sin rubores y cuya reputación fue salvada gracias a las actuaciones de sus más decentes amistades.