Todo se ha invertido: Estados Unidos vive la pesadilla del mundo al revés: lo contrario ya no es contrario de su oposición, es contrario puro, a secas, absoluto. Pesadilla es poco; incluso con aire acondicionado, diría Henry Miller. Es un vértigo constante. Y es más que una contradicción: las reglas de la lógica se tuercen, se niegan a sí mismas, se desconocen y han perdido el norte magnético. No hay norte, no hay arriba ni abajo: hay la posibilidad de una nueva guerra civil.
Frente a la prensa mundial, un presidente estadunidense le da la razón a un líder ruso y refuta las afirmaciones de la CIA y del FBI; en otra ocasión pone en duda el valor de los generales de su propio ejército. ¿La cabeza del Imperio se declara enemiga de los pilares que la sostienen? Y también frente a la prensa mundial, ese mismo presidente estadunidense denuncia las mentiras de otro presidente —de su propio partido— y pregunta con sorna: “¿Dónde están las armas de destrucción masiva, que se suponía estaban en Irak?”. Y ese que destruye una falsa conspiración —uno de los instrumentos letales y usuales del poder estadunidense—, ése mismo les da validez y difusión a las conspiraciones más absurdas: en el gobierno federal existe un aparato secreto de poderes ilimitados que está en las manos de pedófilos, antropófagos de niños, tratantes de drogas y carne humana, ateos, judíos… que se reúnen en los sótanos de una pizzería de la ciudad de Washington. ¿Más? El presidente Obama no era estadunidense y odiaba profundamente a las personas blancas. ¿Más? Los manifestantes neonazis de Charlottesville en agosto del 2017 eran “gente decente”. La masacre de veinte niños y seis adultos en Sandy Hook el 14 de diciembre de 2012 fue “una representación teatral” en la que los padres eran “actores profesionales”, todo montado por la extrema izquierda para atacar la 2.ª enmienda de la Constitución que permite el uso de armas (Alex Jones, el principal promotor de esta calumnia, es uno de los mayores defensores de Trump y nunca desmentido por éste).
¿Recientemente? Las elecciones federales del año 2020 fueron fraudulentas: las máquinas para contar votos estaban manipuladas por un satélite italiano que usaba rayos láser; las compañías dueñas de esas máquinas eran propiedad secreta de Hugo Chávez; las papeletas de los votos eran de fabricación china y los chinos habían introducido en la trama del papel mecanismos para cambiar el voto… La epidemia de covid era un instrumento político del Partido Demócrata en manos de la extrema izquierda, diabólica y marxista.
Han resucitado fantasmas de la Guerra Fría: los marxistas y comunistas, los ateos y el eje del mal no son los rusos ni los chinos ni los cubanos; ahora están, como en el macartismo, dentro de Estados Unidos. Pero a diferencia de los años 50, no se esconden: están ahí, a la vista de todos, son el partido opositor, son las personas negras, son las personas inmigrantes de piel morena, son los musulmanes, son los judíos, son todos los que no aceptan que este país es un país cristiano nacionalista. Más aún, más: el FBI es el gran enemigo del pueblo.
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