La enfermedad como biografía

El dolor da significado a incontables sucesos antes desapercibidos. Su química revela nichos desconocidos. Dolor sólo es una palabra, por cierto, un tanto aburrida: cinco letras, dos iguales. Ni en inglés, pain, cuatro letras; ni en hebreo, keeb, cuatro letras, dos iguales; ni en latín, misma palabra, dolor, su pronunciación “estimula”. Felicidad: happiness,en inglés; simjá,en hebreo; beatitudinem,en latín, son palabras “más bonitas”; las he escuchado en los diccionarios de la red y me gusta cómo suenan.

Ilustración: Sergio Bordón
Ilustración: Sergio Bordón

Ante el dolor todas las personas reaccionan, reaccionamos, de otra forma. Dolor es preludio: del mundo, de la amistad, de la salud perdida, de la muerte, de la posible recuperación. Dolor conlleva múltiples vericuetos. Las cosas dejan de ser sólo cosas; adquieren matices antes no apreciados. El cenicero no sólo es el cenicero; el dolor le confiere una suerte de existencia. El parque de siempre deja de ser el parque de siempre: bajo el caleidoscopio de la pena tanto los niños como los perros y las bancas cambian, se miran distinto. El recuerdo, cuando la pesadumbre abraza, no sólo es memoria, es la vida misma. Cito las palabras de un amigo, enfermo terminal: “Es el fin. Me acerco a mi inexistencia”.

Dolor es biografía: ¿cuándo y dónde se adquirió el libro de Norbert Elias? o, más bien, ¿fue un regalo?; ¿ha ocupado otro lugar en la casa?; ¿quién lo maltrató?; ¿Elias era alemán? Dolor es biografía: ¿murió mi madre a destiempo?; ¿debería haberle ayudado a mi padre a fenecer uno o dos meses antes?; ¿anestesié a Glinka, mi perra adorada, a tiempo o sufrió demasiado antes de morir? Dolor, físico o anímico es biografía. Bien lo expresó un paciente: “La enfermedad no sólo es una metáfora, es la vida misma”.

Dolor es oscuridad. ¿Qué significa oscuridad? Caminar despacio, observar el rostro de siempre en el espejo no deformado como si estuviese deformado, desear que pronto amanezca cuando recién ha empezado la noche. ¿Qué significa oscuridad cuando el dolor no cede y las palabras del médico anuncian la inminencia del final? Significa e implica un universo muy peculiar: empacar los bártulos, coger la agenda y hablar y hablar… y después de hacerlo, conversar de nuevo, con uno mismo, con la familia y con amigos; días después, cerrar las puertas que deben cerrarse, decir adiós tantas veces como sea necesario y escribirse: “Estoy vivo, pero ya no estoy vivo”.

Cuando la falta de esperanza y dignidad aún no han sepultado “todo”, el dolor multiplica la sensibilidad: lo inanimado deja de ser inanimado. Días, horas y minutos adquieren otra cadencia. Dicha idea debe corporeizarse: la cercanía del final escuece menos si al tocar puertas y buscar escucha se cuenta con la suerte de encontrar a quien se desea encontrar.

“En mi caso”, me cuenta un amigo que tiene un tumor maligno, “ahora comparto la vida con Cáncer. Cáncer, mi cohabitante, murmura sin fin, me habla, me confirma su creciente expansión. No duerme. Vivo para él. Las 24 horas del día son suyas. Pasea y destruye mi cuerpo y penetra en mi alma sin reparo, sin permiso. Los nuevos dolores se deben a él. Cáncer no me abandona. Marchará conmigo hasta el final. Me rodea y me habla. Intento hacer caso omiso. No me lo permite”.

Dolor es biografía. Cuando se padece, todo, o casi todo, adquiere significados diferentes. Leerlo con cuidado es necesario. El dolor exige, rompe e invita. Alimentar la vida y servir como tejido para relacionarse, contar y pervivir, o su contraparte, aislarse o elegir morir, son funciones del dolor.

 

Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.

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Publicado en: 2022 Octubre, Bioéticas

2 comentarios en “La enfermedad como biografía

  1. Saludos estimado Dr pues que decir del dolor, y sus multiples experiencias personales y profesionales, de lo triste a lo exploxivo, de la melancolia a la depresión y de la alegria a la tristeza. En mi experiencia como médico he asimilado muchos dolores yo dia que todos siempre los he acumulado dentro de mi, la esperanza de no tenerlos y la esperanza de mis pacientesd a no tenerlos y si los tuvieron no volver a SENTIRLOS. Pero como todos los seres humanos la debilidad y el olvido a esos sintomas y signos desda la perpectiva clinica regresan. El dolor entendido como un signo de ALARMA, constituye un compromiso de los medicos ha solucionar su intensidad y si es posible eliminarlos, y para el paciente un recuerdo que deberan de tener en cuenta toda su vida.

    1. Gracias estimado Lenin, pues, como siempre, compartimos miradas similares. Deberían realizarse más seminarios e incluso crear na nueva materia en la Facultad de Medicina cuyo nombre podría ser «Dolor», sin más. El tema pude accederse desde arios pintos de vista: médicos, sociales, filosóficos, políticos, etcétera.
      En fin…
      Un saludo muy afectuoso,
      Arnoldo

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