Demócrito señaló por medio de muchas dolencias el concepto de las chirimías. Asclepíades médico, como escribe Celso, con música acostumbraba a curar enfermedades del ánimo. Jenócrates curó algunos furiosos. En Grecia, dice Marciano Capela, que mandaron curarse los enfermos con el entretenimiento de alguna lira. Ismeno tebano alivió con la misma medicina a los enfermos de Beocia. Fue costumbre antigua, como advierte Cayetano, delante del cuerpo muerto tocar muchas chirimías antes de enterrarle, previniendo con esta diligencia no enterrar a nadie vivo, porque juzgaban que si no estaba del todo muerto recobraría vigor y fuerza con la virtud de aquel concento sonoro.
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