Ciencia y humanismo son pilares de la medicina. ¿El orden de los factores altera el producto? En el mundo de los números la respuesta es: “No”; 2+3 siempre será 5 y 3+2 siempre será el mismo 5. Mismo, con itálicas, esuna suerte de juego: hay quienes prefieren sumar a partir del número menor y hay quienes optan por hacerlo a partir del mayor. Así la vida: las reglas son reglas mientras no haya quien las cuestione y desmonte.

Los signos de interrogación arropan. Me preguntan y preguntan a quien lee. En medicina, en la medicina contemporánea, la que se ejerce en países ricos y usufructúan las clases privilegiadas, ¿el orden altera el resultado? Orden se refiere al peso de la ciencia y a la esencia del humanismo. La epistemología —doctrina de los fundamentos y métodos del conocimiento científico— es la base de la ciencia, incluyendo, si acaso lo es,la medicina. Humanismo: de las tres definiciones, todas “regulares”, del Diccionario de la lengua española, comparto la última: “Doctrina o actividad vital basada en una concepción integradora de los valores humanos”. En medicina, integrar ciencia y humanismo es vital.
Cuando el ser humano enferma, su arquitectura íntima cambia y, en ocasiones, cambia mucho. La persona enferma mira y se mira de otras formas. La vulnerabilidad, esencia de la patología, transforma. Incertidumbre, desconfianza, miedo, esperanza, confianza y desasosiego son vivencias comunes, vivencias que se multiplican cuando el afectado percibe que el peso de la patología es grande. Ante el embate secundario al desorden corporal o anímico, quien padece se entrega al galeno cuya profesión debe sumar ciencia y humanismo.
Las ofertas médicas-científicas, avanzado el siglo XXI, superan con creces los límites y posibilidades de la profesión hacia el final del siglo XX; la ciencia ha progresado, el humanismo se ha erosionado. ¿El orden de los factores en medicina altera el producto?
Karl Jaspers (1883-1969) fue filósofo, psiquiatra y profesor alemán dueño de varias sabidurías. Sumar conocimiento médico/psiquiátrico permite entender los diversos avatares del enfermo ante la crisis impuesta por la patología. El cuerpo enfermo es un espacio desconocido, nuevo, que busca respuestas para acomodarse en la nueva realidad. Rescato una idea del libro La práctica médica en la era tecnológica (Gedisa,1988): “Es curioso que en contraste con la extraordinaria eficacia de la medicina moderna se manifestara no pocas veces un sentimiento de fracaso. Los descubrimientos de las ciencias naturales y de la medicina han llevado a un dominio jamás conocido. Pero parece que para la multitud de individuos enfermos se ha hecho cada vez más difícil hallar el médico indicado para el paciente individual. Podría creerse que los buenos médicos se tornan cada vez más raros, en tanto la ciencia crece constantemente como saber”.
Michel Foucault (1926-1984), a quien tanto debemos, aseguraba que la medicina moderna había comenzado cuando los médicos dejaron de preguntar a sus pacientes: “¿Qué le sucede?”, y empezaron a preguntar: “¿Dónde le duele”. La primera engloba un universo llamado persona, cuya esencia se basa en escuchar, mirar e individualizar; la segunda limita la consulta a un fragmento del cuerpo, sea la uña del quinto ortejo de un pie o el abdomen. La causa del deceso del filósofo francés fue sida; hijo de padre médico, le permitía, aunado a su (in)comprensión de la vida, mirar la enfermedad por medio de su padecer, así como las opiniones de su progenitor. La modernidad, a la cual se refiere Foucault, empezó cuando acudió a la clínica en busca de ayuda, la cual, además de enjuta desde el punto de vista farmacológico, fue magra en cuanto a compañía y empatía médica.
Mientras que la epistemología médica carece de límites, los doctores a los cuales Jaspers y Foucault se referían son una especie en extinción.
Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.