Me despierto con un dolor de cabeza que a medida que me levanto de la cama aumenta con cada paso. Comienzo a sentir una especie de comezón en la nariz a la que no le doy importancia. Es una sensación familiar, pero siempre que llega una parte de mí decide ignorarla. Enseguida percibo el calor de la sangre que corre hacia mis labios. Esta fuga en mi nariz se ha convertido en un asunto rutinario desde que vivo en Ciudad de México. La mayoría de las veces este episodio, parecido a Carrie de Brian De Palma, es un aviso de que se va a declarar contingencia ambiental.
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