El primer trabajo que tuve al salir de la universidad fue de reportero financiero, cubriendo temas energéticos para la agencia Reuters en Nueva York. Mi principal responsabilidad consistía en determinar diariamente el precio por barril de los dos tipos de petróleo crudo que se extraen en Ecuador. Pronto descubrí que el tema era fascinante —nada como el momento en el que uno por fin logra entender las complicadísimas gráficas de la terminal de información financiera y descubre que lo que uno está viendo, en tiempo real, es el pulso del capitalismo—, pero también que mis talentos no coincidían con los retos de la tarea. La mayoría de los días me iba a casa sin haber conseguido determinar el precio, poseído por una sensación de derrota.
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