Mar y volcanes

Llueve en el mar

Fueron al mar y llovía. No estaba el cielo claro ni los bañistas sobre la arena. No estaba el tiempo de humor para quedar bien con extraños, quien quisiera mirarlo así era bienvenido, quien no tenía que irse a buscar algarabía en otro rincón.

Los que no pudieron moverse de ahí porque el mar les resulta hipnótico y sagrado, porque les rige los recuerdos y aun de lejos decide lo que a diario sucede con su ímpetu feroz, aprendieron a mirarlo mientras llueve y mientras lo miraban aprendieron las cosas que uno olvida por la culpa de Kodak y la tele.

Aprendieron, por ejemplo, que el mar no tiene la obligación de ser azul, que nadie tiene la obligación de ser igual todos los días, de halagar por decreto, de ser encantador y diáfano aun cuando la vida es turbia, imprevisible y altanera.

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Publicado en: 1992 Agosto