Incluso para alguien Como yo que jamás fue comunista, y que tampoco tuvo la tentación de serlo; es más, habiendo dedicado la mayor parte de sus escritos de crítica política a discutir con los comunistas sobre temas fundamentales como la libertad y la democracia; que nunca fue anticomunista y siempre consideró a los comunistas, o por lo menos a los italianos simpatizantes de esa doctrina, no como enemigos contra los cuales luchar sino como interlocutores en un diálogo sobre las razones de la izquierda, el derrumbe catastrófico del universo soviético no puede dejar de motivar alguna reflexión.
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