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Se ha puesto de moda discutir el “racismo inverso” y si existe o no el “racismo inverso”, que usualmente se entiende como un racismo en contra de “los blancos”.

Ilustración: Patricio Betteo

Cada “racismo” tiene su propia lógica, pero no suele haber simetría entre uno y otro. Si existiera racismo contra “los blancos” en México, no sería una mera inversión de, digamos, el racismo en contra de “los indios”. Ni es idéntico el racismo en contra de “los indios” al que pueda haber en contra de “los negros”. Por otra parte, tampoco es cierto que el racismo sea una cuestión de una supuesta superioridad de los blancos respecto de gente con otra pigmentación: vale la pena recordar que la palabra “esclavo” proviene de “eslavo”. Los ingleses discriminaban a los irlandeses que, aunque fueran “blancos”, eran un pueblo conquistado y eran representados como si tuvieran características somáticas y morales inferiores.

Tampoco han faltado los racismos “entre negros” o “entre asiáticos”. Los genocidios en Ruanda y Burundi fueron imaginados como el resultado natural de una guerra entre dos supuestas “razas” —los hutus y los tutsis— aun cuando las verdaderas causas de esas guerras hayan sido otras. En el siglo XIX e inicios del XX, los japoneses eran imaginados racialmente superiores a los chinos y a los coreanos; la etnia han, dominante en China, se imagina superior a las minorías musulmanas que habitan el occidente de su país; y el racismo contra la minoría musulmana ha aflorado en la India en tiempos recientes…

Como el racismo nos parece malo e inaceptable (y con razón), imaginamos que todos los racismos son iguales, pero en realidad cada racismo mana de alguna dinámica social específica, pues la racialización es una operación que “naturaliza” o esencializa algunas características o supuestas características de una colectividad, para así fijar alguna diferencia social. Así, la racialización, al igual que la ideología de “género”, practica la biologización de diferencias sociales que son, en realidad, históricas.

Frecuentemente, la racialización va de la mano del endurecimiento de las diferencias de clase, étnicas o religiosas. Por ejemplo, Aristóteles pensaba que había en el mundo gente con capacidades racionales menguadas, que no conseguían gobernar sus impulsos. Esa gente podía hacer —y hacerse— mucho daño, y era mejor someterla a la esclavitud, para que quedara gobernada por algún individuo racional. La condición del esclavo quedaba entonces biologizada —racializada, diríamos— al tiempo que la aristocracia se consagraba como un estamento compuesto de seres eminentemente racionales, que gobernaban a los esclavos, que eran brutos. Ojo: esta diferencia no tenía por qué corresponder a una distinción entre “blancos” y “negros”, y en tiempos de Aristóteles la esclavitud no se fincó en esa diferencia.

La racialización es un tipo de operación que tiene causas y usos muy variables. No es igual el antisemitismo al racismo en contra de “los negros”. Y en la Nueva España la racialización del “indio” corría por un camino distinto de la racialización del “negro”. Así, la visión dominante del judío durante la Edad Media recalcaba su supuesta mezquindad, necedad, cerrazón, deslealtad o desamor. Se trataba de hacer trascender para siempre su supuesta deslealtad con Jesús, para desde ese contraste exaltar y consagrar todas las bondades de la cristiandad. Pero ya en el siglo XIX, los judíos europeos serían representados de otro modo y con otro propósito: ahora aparecían como una quinta columna, empeñada en subvertir a la comunidad nacional para acrecentar sus propias ganancias, y serían entonces representados ya no como necios, sino como parásitos. El racismo en contra de “los negros”, por su parte, está ligado a la historia de la esclavitud y a la degradación del trabajo manual. Y el racismo en contra de “los indios” a la racialización de la redención.

Por esto, si queremos pensar el tema del racismo en nuestra sociedad —y valdría la pena hacerlo— importa entender que la racialización opera siempre a partir de la naturalización de alguna diferencia. Y que las diferencias entre un grupo y otro no son simétricas.

 

Claudio Lomnitz
Profesor de Antropología de la Universidad de Columbia. Es autor de Nuestra América. Utopía y persistencia de una familia judía, La nación desdibujada. México en trece ensayos y El regreso del camarada Ricardo Flores Magón, entre otros libros.

 

3 comentarios en “No existe el ‘racismo inverso’, existen los racismos

  1. por ejemplo , los programas de noticias mexicanas solo son conducidas por gueras , mientras q las muejres indigenas o morenas no tienen oportunidad de trabajar como conductores , saludos

  2. MI pregunta, Claudio, sería entonces: ¿dónde ubicas al mequetrefe de Michael Jackson, un negro que financió todos los trasplantes de piel «blanca» necesaria para no ser negro? Sin intentar prejuiciarte (eres demasiado inteligente como para ni siquiera pensar en intentarlo), semejante individuo es para mí la encarnación del peor racismo: el de quien se avergüenza de su piel. Que sea un ídolo para ciertos grupos juveniles (ya no tanto) me recuerda el culto al Che de los eternos dizque izquierdistas: el culto a un individuo que era autoritario, enemigo de la libertad de prensa, partidario de la pena de muerte (firmó muchas condenas él mismo) y de reeducar a los homosexuales en campos de concentración ad hoc. Lo que es por mí, resulta evidente que el Che entró en la Historia por la cloaca. Algo mejor que Gaddafi, que lo hizo por una alcantarilla, como la rata que era.

  3. A propósito de Aristóteles, ayer platicábamos que la ciudadanía en el país tenía la tarea de mejorar para autogobernarse, pues el nivel general de la educación del pueblo mexicano, es un plato bien servido en la boca de los gobernantes populistas…donde los pensantes somos los diferentes y estamos fuera del proyecto de la 4T (racialización biologizada)