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¿Cómo hacerse oír por los que tienen el poder? ¿Cómo expresar inconformidad sin que le contesten a uno “cállese, retrógrado”? Al mismo tiempo, ¿cómo levantar la voz sin quedarse enredado, por sécula, en la política? Estas son preguntas que me hago yo y se hacen, creo, muchos mexicanos.
Jorge Ibargüengoitia, Reflexiones democráticas, Estar chiflando en la loma

Desde su fundación en 2014, Morena ha competido en elecciones locales y federales con un éxito sin precedente para un nuevo partido en México. En Ciudad de México, el crecimiento sostenido de su fuerza le permitió hacerse de una importante presencia en la Cámara de Diputados del entonces Distrito Federal y, luego, en 2018, de la Jefatura de Gobierno, el control del Congreso local y de 11 de las 16 alcaldías, absorbiendo y desplazando al PRD que había gobernado la capital desde 1997. Como se sabe, Morena inició como una asociación civil conformada primordialmente por afiliados al PRD, lo cual explica el rápido traslado de militantes, líderes barriales, compromisos clientelares y estructuras electorales de un partido a otro. Por ello, podría decirse que el grupo político que ha gobernado Ciudad de México en los últimos 24 años sufrió su mayor revés en las elecciones del pasado 6 de junio.

Ahora bien, después de las elecciones de 2021, muchos ven en la derrota parcial de Morena y su coalición en Ciudad de México la expresión de un voto de protesta contra las políticas del gobierno federal. En otros casos, la pérdida de algunas alcaldías se atribuye a ciertas fracturas dentro de la coalición morenista. Y otra de las premisas más recurridas sostiene que el determinante de este fracaso fue el voto de protesta de las clases medias, dando como resultado que la ciudad expresara sus divisiones socioeconómicas mediante el voto como nunca antes.

Otra hipótesis plausible es que el voto de castigo a Morena se explica porque Ciudad de México concentra buena parte de los grupos afectados por algunas de las decisiones del gobierno federal: burócratas que han perdido su empleo por la implementación de las políticas de austeridad o cuyo salario ha sido recortado; la comunidad científica y educativa que ha visto reducidos los presupuestos correspondientes a su labor, cuando no ha sido perseguida por las autoridades judiciales; usuarios del aeropuerto que reciben un servicio con marcado deterioro sin visos de mejora; grupos de feministas desoídas; o la comunidad cultural, a la que, por cierto, pertenece una base importante de votantes que apoyaron con vehemencia a Morena en 2018. Sin embargo, aunque esta concentración de grupos afectados pueda explicar parcialmente el notable voto de castigo que recibió Morena, es imposible determinar a ciencia cierta en qué magnitud afectó el voto. Lo que sí podemos hacer es tratar de identificar qué grupos socioeconómicos fueron los que dieron la espalda al proyecto morenista en la ciudad, y analizar cómo ello, junto con algunas características de su comportamiento electoral observado, nos ayuda a entender el cambio político que experimentó la capital a fin de evitar simplificaciones que polaricen o desvirtúen lo que los habitantes de la ciudad expresaron en las urnas.

Ilustración: Víctor Solís

Ahora bien, después de las elecciones de 2021, muchos ven en la derrota parcial de Morena y su coalición en Ciudad de México la expresión de un voto de protesta contra las políticas del gobierno federal. En otros casos, la pérdida de algunas alcaldías se atribuye a ciertas fracturas dentro de la coalición morenista. Y otra de las premisas más recurridas sostiene que el determinante de este fracaso fue el voto de protesta de las clases medias, dando como resultado que la ciudad expresara sus divisiones socioeconómicas mediante el voto como nunca antes.

Otra hipótesis plausible es que el voto de castigo a Morena se explica porque Ciudad de México concentra buena parte de los grupos afectados por algunas de las decisiones del gobierno federal: burócratas que han perdido su empleo por la implementación de las políticas de austeridad o cuyo salario ha sido recortado; la comunidad científica y educativa que ha visto reducidos los presupuestos correspondientes a su labor, cuando no ha sido perseguida por las autoridades judiciales; usuarios del aeropuerto que reciben un servicio con marcado deterioro sin visos de mejora; grupos de feministas desoídas; o la comunidad cultural, a la que, por cierto, pertenece una base importante de votantes que apoyaron con vehemencia a Morena en 2018. Sin embargo, aunque esta concentración de grupos afectados pueda explicar parcialmente el notable voto de castigo que recibió Morena, es imposible determinar a ciencia cierta en qué magnitud afectó el voto. Lo que sí podemos hacer es tratar de identificar qué grupos socioeconómicos fueron los que dieron la espalda al proyecto morenista en la ciudad, y analizar cómo ello, junto con algunas características de su comportamiento electoral observado, nos ayuda a entender el cambio político que experimentó la capital a fin de evitar simplificaciones que polaricen o desvirtúen lo que los habitantes de la ciudad expresaron en las urnas.

Tras conocerse los resultados de la elección, varios analistas pusieron de relieve la importancia de la dimensión socioeconómica y geográfica de dichos resultados.1 Aunque la asociación entre nivel de bienestar material y las preferencias políticas en la ciudad no surgió en esta elección, la magnitud de la derrota de Morena intensificó un debate sobre si las clases medias de Ciudad de México le habían dado la espalda a este partido, dando por hecho que tal comportamiento fue decisivo y definitorio en el resultado electoral, y que esto habría resultado en una fractura social de la ciudad. Con el fin de entender el cambio político en la ciudad, alejados de la simplificación, aquí se caracteriza la asociación entre nivel socioeconómico y votación a partir de los resultados electorales para la elección de alcaldes y las características sociodemográficas a nivel seccional del Censo 2020.2 Para ello, se le asignó a cada sección electoral un grado de bienestar material al cual se asociaron sus preferencias políticas.3 Por un lado, esta medición de bienestar busca capturar de mejor manera el nivel socioeconómico de las secciones que si sólo consideramos la escolaridad o alguna otra variable por separado; por otra parte, nos permite tener un ordenamiento de las mismas para clasificarlas en estratos socioeconómicos relativamente homogéneos.

El Panel 1 muestra el voto por el PAN y por Morena, así como el nivel de bienestar para cada sección, agrupado por alcaldía. Cada punto corresponde a una sección electoral; mientras que el eje vertical muestra el porcentaje de voto que obtuvo cada partido en una sección, el eje horizontal mide el nivel de bienestar de dicha sección electoral en un índice que va de 0 a 100.4 Una sección que está ubicada a la izquierda sobre el eje horizontal refleja mayores carencias en las condiciones de bienestar de su población; en contraste, la ubicación en el lado derecho refleja condiciones materiales más favorables.

Al analizar la relación entre bienestar y voto partidista, podemos observar cómo las secciones con menores condiciones materiales tienden a favorecer a Morena, mientras que las de mayores niveles favorecen primordialmente al PAN. Este es un patrón que se observa a partir de los datos a nivel ciudad y, por tanto, también en la mayoría de las alcaldías, pero con diferencias interesantes.5 Los casos más claros de la relación descrita son Miguel Hidalgo, Álvaro Obregón, Tlalpan y Coyoacán, pues reflejan pendientes más pronunciadas cuando varían las condiciones de bienestar. En otras palabras, en esas alcaldías existe una variación socioeconómica importante entre sus habitantes, y esto se refleja en preferencias políticas que son sensibles a dicha variación. En otros casos, la clara separación de preferencias por esos dos partidos es notable. En las alcaldías con condiciones en promedio menos favorables de la ciudad, Milpa Alta y Tláhuac, las votaciones por PAN y Morena están claramente diferenciadas (es decir, los puntos que representan a las secciones nunca se tocan). En Milpa Alta no se aprecia una relación positiva para el PAN o negativa para Morena,6 mientras que en Tláhuac estas relaciones son poco pronunciadas además de separables, lo que no sólo sugiere que la preferencia por Morena es clara y contundente, sino que no hubo un voto de castigo por la tragedia ocurrida en la Línea 12 del metro. Algo similar ocurre en Benito Juárez, la alcaldía con el nivel de bienestar promedio más alto de la ciudad —donde las secciones se acumulan en la parte derecha del eje horizontal— y a la vez de menor varianza (es decir, sus secciones son más parecidas entre sí en términos de esta medición). La mayor preferencia por el PAN no deja lugar a dudas, pues en todas las secciones hay un voto panista mayoritario y separado del de Morena, aunque ciertamente se aprecia que el voto por estos partidos sí es sensible a cambios en las condiciones en las que viven sus habitantes. En todo caso, estos hallazgos refuerzan la idea de que los resortes que animan las preferencias políticas de la ciudad están fuertemente influenciados por el nivel socioeconómico de sus habitantes.

Un segundo análisis se enfoca en cómo influyó la pertenencia a un estrato en los resultados electorales. Para ello se crearon estratos socioeconómicos de secciones de acuerdo con su valor en el índice de bienestar. Es decir, se ordenaron las secciones de menor a mayor valor a partir del índice, y luego se hizo una partición de la lista nominal en grupos de 10 %. A estos grupos se les llama aquí deciles: cada uno representa 10 % de la lista nominal, no 10 % de secciones. Estos deciles no son de ingreso, y de ninguna manera corresponden a los deciles por ingreso que se estiman a partir de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH). Sin embargo, este ejercicio nos permite conocer las características específicas de cada grupo de secciones y asociarlas con sus preferencias partidistas.

El Panel 2 muestra la votación que recibieron el PAN, Morena, PRI y MC en 2018 y 2021, por decil de bienestar. El primer hecho constatable es que la participación —y por tanto el volumen de votos— fue menor en esta elección respecto a 2018, lo que es común en elecciones locales e intermedias en las que no se renueva el Poder Ejecutivo. Sin embargo, no todos los partidos tuvieron el mismo nivel de cambio en ambas elecciones. Respecto a 2018, el PAN incrementó en 27 % su votación y el PRI en 20 %, mientras que Morena perdió casi una quinta parte de la votación que obtuvo en aquella elección (18 % menos). Lo primero habla de un desempeño notable de estos partidos, que conformaron la Alianza Va por México, impulsado por una elevada participación en las secciones en donde ganaron. Lo segundo sugiere que, aunque el efecto de la candidatura de López Obrador fue determinante en 2018, el voto de castigo a Morena en 2021 fue de magnitud igualmente relevante. Pero si bien el PAN y el PRI tuvieron ganancias notables, ¿cuáles grupos los beneficiaron con su voto y cuáles castigaron a Morena?

Cuando analizamos las ganancias de votos por decil, vemos que el PAN obtuvo el mayor crecimiento en los deciles 9 (44 %) y 10 (38 %). Además, también podemos ver que la ganancia respecto a la elección anterior aumenta conforme aumenta el decil. Esto en parte lo explica que en las secciones con mayor bienestar hubo una participación mucho mayor que en las de menor bienestar, y este voto favoreció al PAN. Por su lado, de manera análoga, Morena registró las mayores pérdidas en los deciles 9 (-28 %) y 10 (-32 %), pero perdió sólo 14 % del voto, en promedio, entre los deciles 1 a 7. Esto sugiere que Morena logra un respaldo más o menos homogéneo en estos estratos, y que éste cae en los últimos tres deciles (8 a 10).

Por otro lado, el PRI registra el mayor incremento en el decil 6 (35 %) y, al igual que el PAN, muestra una relación positiva entre nivel de bienestar y votos, pero de menor fuerza: sus votos crecen hasta el decil 8, y luego decrecen en los últimos dos. Esto contrasta con lo que se observa a nivel nacional, que muestra la relación opuesta: el voto que el PRI cosecha disminuye conforme aumenta el decil de bienestar hasta el decil 7 y sube ligeramente en los últimos tres. Por último, MC aumentó su votación total en 13 % pero, igualmente importante, registró un cambio en su estructura de votación. En 2018, obtuvo el mayor número de votos en los primeros tres deciles y luego permaneció estable para el resto. En 2021, el decil más bajo sigue representando el mayor volumen de votos, pero la forma de su votación adquirió una forma de U invertida y alcanza un máximo en el decil 7; es decir, conforme aumentan las condiciones de bienestar, el voto aumenta hasta un máximo, y luego decrece.8 En otras palabras, esta vez MC fue más exitoso en cosechar un mayor volumen de votos, pero también en convencer a votantes con mayores niveles de educación e ingreso que en el pasado, lo que le podría llevar a disputar un segmento similar al del PAN o el PRI en Ciudad de México.

Es claro, entonces, que la mayor transferencia de votos entre Morena y PAN se dio en las secciones más ricas de la ciudad. Si sólo analizamos el año 2018, los votos que obtuvo el PAN en el segmento que más lo favoreció (decil 10) fue 1.5 veces mayor a lo que obtuvo Morena en ese decil, pero muy similar a lo que Morena obtuvo entre los deciles 1 a 8. En 2021, este ratio fue de 3 veces, y tanto el decil 9 como el 10 superaron el volumen de cualquier otro decil que votó por Morena. También es notable cómo este partido alcanza votos de manera más o menos homogénea entre los deciles 1 a 7 en ambas elecciones, mientras que el PAN depende de los votos de los últimos dos deciles para ganar.9 Es decir, mientras que Morena ha sido capaz de cosechar votos de segmentos socioeconómicos amplios, en Ciudad de México el PAN depende de los segmentos que concentran los mayores niveles de bienestar, lo que ha ocurrido al menos en las últimas dos elecciones. Dicho de otra manera, la forma de la relación entre nivel socioeconómico y voto permaneció relativamente igual entre las dos elecciones.

Pero si la estructura del voto por estrato no cambió, ¿qué explica que con una menor participación en 2021 respecto a 2018 (52 % vs. 64 %) el PAN haya triunfado —o al menos haya generado una impresión de triunfo— en los comicios locales? ¿Cómo afectó la participación el resultado de la elección? Lo primero que habría que decir es que una menor participación en los comicios intermedios respecto a los presidenciales afecta a todos los partidos, quizá porque menos gente considera que hay cosas importantes en juego (la composición del Congreso y las alcaldías).10 Sin embargo, como lo señala Georgina Jiménez, lo que resulta relevante y sí puede incidir en el resultado de la elección son las diferencias en participación entre secciones, pues el PAN tuvo un mejor desempeño electoral en aquellas secciones que registraron una mayor participación: más gente salió a votar en las secciones en donde el PAN resultó victorioso.

Aunque muchas discusiones se han centrado en señalar la división de la ciudad entre el poniente que tiende al voto panista y la zona oriente que favorece a Morena, lo cierto es que esta estructura geoelectoral de preferencias partidistas no apareció súbitamente el 6 de junio, aunque sí se reforzó. En todo caso, para entender este cambio es importante analizar cómo se dio la alternancia política a nivel micro, es decir, mirando el cambio político a nivel seccional. A la luz de la caracterización sociodemográfica descrita, ¿cómo podemos caracterizar a las alternancias políticas a nivel seccional en términos de los grupos socioeconómicos que influyeron sobre dicho cambio?

Antes de responder a esta pregunta, vale la pena cuantificar la magnitud de este cambio en términos del número de secciones que experimentaron un relevo. Para determinar si hubo alternancia en una sección, se consideran tanto los cambios en preferencias ocurridos entre partidos opositores como al interior de las coaliciones; por ejemplo, una sección experimentó alternancia en secciones en donde Morena ganó en 2018 y el PVEM en 2021, o viceversa; o donde el PAN ganó en 2018 y el PRI en 2021, o viceversa, así como en donde Morena ganó en 2018 y el PAN en 2021.

En 2021, el partido ganador en la elección de alcaldes fue distinto al ganador de 2018 en 1091 secciones electorales, lo que representa 20 % del total de secciones contabilizadas (5496). De este conjunto, el PAN pudo voltear a su favor 664 secciones, el PRI 55, y Morena 365 en las alcaldías. Es decir, si condensamos cuantitativamente el cambio político en este nivel geográfico, el voto de castigo a Morena se expresó en aproximadamente 13 % de las secciones de la ciudad, que fueron las secciones “switchers” que optaron por otra preferencia. Por otro lado, en la votación por diputados federales, hubo alternancia en 912 secciones, de las cuales el PAN se llevó 824, el PRI 60, y Morena 26. En términos de la disputa entre PAN y Morena, la competencia fue ligeramente mayor en las diputaciones federales, pues la diferencia del voto total entre ambos partidos fue de 540 000 en las alcaldías, y de 504 000 en la elección por diputados, o 7 % menor. Es decir, Morena fue ligeramente más competitivo en el ámbito local que en el federal. O bien, un segmento de los votantes de Morena optó por ejercer un voto diferenciado a nivel federal más que local, aunque de magnitud pequeña y concentrado geográficamente. Es notable que en la elección de alcaldes Morena finalmente absorbió varias de las secciones que aún estaban en manos del PRD, pero este efecto desapareció en la elección federal, además de estar concentrado en geografías específicas. Asimismo, el pequeño efecto de “canibalismo” entre PAN, PRI y PRD (i.e. a pesar de estar en alianza, estos partidos sí se arrebataron entre sí algunas secciones, pero como lo hicieron en casi la misma cantidad, se le considera más bien como una práctica de permuta) también desapareció en la elección federal.

En términos socioeconómicos, ¿cuál es el perfil de estas secciones en donde una mayoría optó por cambiar su voto entre 2018 y 2021? En el caso del PAN, se trata de votantes que arrebató a Morena, cuyas características promedio son semejantes a las de las secciones en donde ganó en esta elección. En éstas, por ejemplo, el promedio de escolaridad fue de 13.9 años, mientras que las secciones que arrebató a Morena registraron 13.4 años; en contraste, este promedio fue de 11 años11en las secciones en donde ganó Morena en toda la ciudad. En términos de la escala de bienestar que se utiliza aquí, los votantes de Morena que recuperó al PAN pertenecen en promedio al decil 9, y el decil promedio de las secciones en donde ganó Morena es el 5. Algunos de los corredores de secciones con alternancia Morena-PAN incluyen a casi toda la colonia Roma y parte de la Juárez; San Pedro de los Pinos y sus alrededores; o en el norte, las colonias Lindavista e Industrial, por nombrar algunas. Las secciones que Morena arrebató al PRD a nivel local se caracterizan por tener en promedio 10.7 años de escolaridad y pertenecer al decil 5, es decir, se parecen al votante promedio de Morena.

El Panel 4 condensa la información anterior y muestra el número de secciones en donde ganó el PAN o Morena de acuerdo con el decil al que pertenecen las secciones. Claramente, el PAN le arrebató más secciones a Morena de las que éste le quitó a la oposición. Se observa, asimismo, el sesgo de las secciones “switchers” en los últimos deciles, es decir, hay una concentración mayor de secciones que optaron por el PAN en los deciles más altos, lo que algunos podrían considerar como clases medias (deciles 8 a 10). Morena también logró arrebatar al PRD secciones ganadas en 2018 en un rango más amplio de deciles, pero a una escala mucho menor y concentradas geográficamente en sólo dos alcaldías.

¿En dónde se ubican estas secciones que experimentaron alternancia política? El Panel 5 desagrega las secciones que arrebató cada partido por alcaldía. En primer lugar, es notable que el PAN le arrebató a Morena secciones en un conjunto más diverso de alcaldías, lo que produjo los resultados que ya conocemos. Salvo en Gustavo A. Madero, donde Morena ganó por un margen de menos de cinco puntos, en aquellas alcaldías en donde el PAN volteó un número elevado de secciones se alzó con la victoria. En el caso de Morena, aunque arrebató al PRD un número considerable de secciones, éstas se concentraron en dos delegaciones en donde ha ejercido un amplio dominio político, Iztapalapa y Venustiano Carranza. Sobra decir que es ahí donde se trasladaron más estructuras electorales después de la fundación de Morena. El PRI, por su parte, arrebató un número pequeño de secciones en Magdalena Contreras, Tláhuac y Milpa Alta. El mapa con estas secciones puede verse aquí.

Tras analizar el comportamiento electoral por estratos, podría mantenerse la aseveración de que las clases medias fueron determinantes para que la oposición venciera en las urnas a Morena en la mitad de la capital; sin embargo, esta aserción sería válida si y sólo si se entendiera a la clase media como parte de los dos últimos deciles (y que tienen en promedio entre 13.5 y 14.5 años de escolaridad). Existen diferentes consideraciones para definir esta categoría; por ejemplo, Soledad Loaeza la define con meticulosidad a partir de ciertas características como las condiciones materiales de vida, el prestigio laboral, el trabajo no manual y la vivienda en un ambiente urbano. Sin embargo, la pertenencia a esta clase se fundamenta primordialmente en el capital educativo. Y es justo esa característica la que hace pensar que la clase media también estaría, por ejemplo, en el decil 8 (12.5 años de escolaridad promedio, equivalente a tener algo de educación universitaria), donde el apoyo a Morena no decreció en la misma magnitud que en los deciles 9 y 10.

Por otro lado, al analizar las secciones electorales que cambiaron su voto por el PAN, es claro que un conjunto muy específico de secciones, distribuidas en varias delegaciones, son las que a final de cuentas determinaron la victoria de la alianza opositora, mientras que Morena mantiene una fuerza homogénea entre los estratos bajos y medios (deciles 1 a 8, en donde supera el voto panista). Por ello habría que tener cautela ante la aseveración de que la elección de junio trajo una nueva división geoeconómica de la ciudad. Es indudable que el voto en la ciudad exhibe un fuerte componente socioeconómico, pero la forma de la relación entre estrato social y voto permaneció más o menos igual en las últimas dos elecciones. Para entender las dinámicas de los cambios políticos, no podemos obviar la estructura socioeconómica de los apoyos a los partidos, ni tampoco los cambios micro que, en el margen, los hacen posibles. Una mayor participación alentada por el voto de castigo de los deciles más altos hizo posible el cambio político en la ciudad, aunque parecería que buena parte de ese sector podría resultar volátil, sobre todo si no existe un proyecto opositor claro más allá de un voto de castigo.

 

Aleister Montfort
Cofundador de Entropía AI


1 Un compendio de los análisis que aparecieron en redes sociales y blogs puede consultarse aquí.

Para tener una base de datos sociodemográfica a nivel sección, se imputaron los datos censales correspondientes a dicho nivel.

Una sección electoral es la unidad geográfica mínima de la organización electoral en México. De acuerdo con el DOF, “es la fracción territorial de los distritos electorales uninominales para la inscripción de los ciudadanos en el Padrón Electoral y en las Listas Nominales de Electores. Cada sección tendrá como mínimo 50 electores y como máximo 1 500”

El índice se construyó con la técnica de componentes principales (como lo hace el Coneval con el Índice de Rezago, o Conapo con el Índice de marginación). Se utilizaron las variables incluídas en el índice de Coneval y, con la idea de generar una mayor varianza entre los grupos menos marginados, se añadieron las siguientes variables: 1) Penetración de internet; 2) Pertenencia de automóvil; 3) Pertenencia de computadora. Una vez que se estimó la primera componente principal, re-escalamos su valor entre 0 y 100, y partimos a la población de secciones en deciles, en donde un decil concentra 10 % de la lista nominal nacional, no el 10 % de las secciones electorales. La línea que se incluye es un ajuste lowess que busca reflejar relaciones no lineales en una vecindad de puntos.

Georgina Jiménez hizo un ejercicio similar utilizando el grado promedio de escolaridad, mostrando que se da una forma de “X” cuando se compara el voto por Morena y PAN contra el nivel de escolaridad.

Aunque el número de secciones es pequeño, de 44.

Este comportamiento se observa también a nivel nacional, como se documenta aquí.

La escala no permite visualizar claramente esta relación, pero en la versión digital se puede hacer un acercamiento al gráfico de MC para observar este comportamiento.

Ver “Estratos sociales e infidelidades electorales en México (1 de 4)”, nexos, 09 de agosto de 2021.

Cabe mencionar que si se compara la participación con la elección intermedia inmediata anterior hubo un crecimiento de 8 puntos porcentuales (44.1 % en 2015 vs. 52.1 % en 2021)

Para ponerlo en contexto, nueve años de escolaridad equivalen a secundaria completa, doce a preparatoria completa, y catorce a dos años de licenciatura.