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Fue interesante la declaración del presidente López Obrador, publicada el pasado 5 de agosto, donde atendía datos de una encuesta de opinión del Inegi, según la cual el principal problema de las ciudades son los baches. Atento siempre a las necesidades del pueblo, el presidente anunció entonces la creación de un programa nacional antibaches.

Ilustración: Patricio Betteo

Llama la atención que tanto el pueblo como el presidente pusieran en segundo término metas fundamentales pero más difíciles de obtener; el problema del agua, por ejemplo, fue mencionado por 50.3 % de los encuestados y la inseguridad por 56 %, frente al 79 % que priorizó a los baches. Así, tanto el pueblo como el gobierno hicieron de lado aquella Transformación Sin Parangón que ha sido el sello de la casa, para mejor hacerle caso a los Beatles, que proponían tapar hoyos como el mejor remedio a la fuga fantasiosa: Fixin’ a hole where the rain gets in/ Stops my mind from wanderin’

Ya nadie pretende construir un sistema de salud equiparable al de Canadá ni atender eso que llaman “la brecha educativa” y que se manifiesta en que para este año un 62.5 % de la población no va a ser capaz de leer y entender un texto simple.1 Tampoco se habla de construir la paz. Al gobierno apenas le alcanza para deslindarse de toda responsabilidad.

Los proyectos ambiciosos en que el gobierno sí está persistiendo, como el de la llamada soberanía energética, le han estado saliendo tan caros que a veces el presidente prefiere no cacarearlos tanto. Los bonos de Pémex están al filo de la pérdida de grado de inversión y los volúmenes de gas metano vertidos a la atmósfera por Pémex y la CFE no sólo son indefendibles desde un punto de vista ambiental, sino que no tardarán en crearle trabas serias al comercio exterior.

Además, y para colmo, el proyecto de soberanía energética lo está pagando el aparato científico mexicano, cuyos fideicomisos se usaron recientemente para comprar una refinería en Houston. Se cambia, así, soberanía energética por dependencia científica, y el gobierno tapa los recortes que han caracterizado a su política en materia de ciencia y cultura haciendo caravana con sombrero ajeno, ensalzando su alianza con la sabiduría popular, ésa que se ha desarrollado siempre al margen tanto del capital como del Estado. ¿Qué les debe la sabiduría popular al Conacyt o a la Secretaría de Cultura? Casi nada, en realidad. Pero el gobierno de México no deja de pararse el cuello con ella, mientras que la ciencia y el aparato de educación superior, que sí le deben todo al Estado, languidecen.

Ni siquiera los pleitos históricos del gobierno tienen mayor trascendencia. Exigir que España pida perdón por la Conquista apenas da para acaparar titulares durante dos o tres días, y eso sólo si al rey de España le divierte o le conviene entrarle de lleno al pleito. Volver a bautizar un viejo ahuehuete —que hace algunos años incendió un teporocho y que se seca entre una avenida y un eje vial: el Árbol de la Noche Victoriosa— alcanza para todavía menos. Ni tampoco cambiar un locativo náhuatl —Chapultepec— por otro —Aztlán— servirá para aguzar la conciencia histórica. Al igual que los gobiernos del PAN, cuya patética celebración del bicentenario está todavía fresca, este gobierno no ha sabido escoger ni pleitos ni celebraciones históricas que sirvan para pensar nuestro presente.

Ante un panorama así, el estreno de un Plan Nacional Antibache no está del todo mal, porque nos sirve para recordar el tamaño real de un gobierno que está sobredimensionado. Quizá la modestia sea entonces una buena terapia, tanto para el gobierno como para la sociedad. Empecemos rellenando baches como un primer remedio contra la megalomanía y vayamos construyendo lo que haga falta desde allí.

 

Claudio Lomnitz
Profesor de Antropología de la Universidad de Columbia. Es autor de Nuestra América. Utopía y persistencia de una familia judía, La nación desdibujada. México en trece ensayos y El regreso del camarada Ricardo Flores Magón, entre otros libros.


1 Jaime, E. “La crisis de la educación lo exige: ¡paren el carrusel de la ilusión!”, El Financiero, 6 de agosto 2021.

 

4 comentarios en “‘Stops My Mind from Wanderin’…’

  1. López Obrador, nuestro Presidente, electo democráticamente por una apabullante mayoría, encarna magistralmente a dos de nuestros cómicos que hicieron época: Cantinflas y el “no hay”.

  2. Comentario aparte merece la nueva empresa paraestatal Gas Bienestar que surgió de la nada con apenas un chasquido del señor Presidente, empresa de la que poco o nada sabemos, para empezar se desconoce su escritura constitutiva. Como sea, BANXICO ya advirtió que esa empresa puede causar distorsiones en el mercado del gas al grado de que puede causar desabasto. Primero los pobres, claro, pero como ya sabemos el camino al infierno está empedradó de buenas intenciones, esto cuando las hay, pero en el caso de una empresa producto de la demagogia como lo es Gas Bienestar el fracaso no tiene vuelta atrás, pagarán justos por pecadores, de hecho el pueblo bueno y sufridor ya tiene una carga más sobre sus espaldas: los pesados cilindros de gas que debe transportar a los puntos de venta.
    Otro comentario aparte que gira en torno a la saturación de los albergues para mascotas que se encuentran literalmente a punto de reventar a lo que se suman las denuncias por maltrato animal, la mayoría por malnutriición. Con esto todo dicho, ya lo hemos visto en el mundo en crisis recientes. Así vamo, con un gobierno que se hunde como naúfrago y que se aferra a cualquier tabla de salvación que no son sino ocurrencias.

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