Conforme a la inflación: el fracaso de los compromisos inútiles

Uno de los temas torales de la agenda presidencial es el energético. En búsqueda del voto popular se prometieron cosas que terminaron por diluirse ante la realidad. Lo que se prometió en campaña era absurdo y fue acercándose a algo más terrenal, aunque también improbable. Las promesas del presidente y su partido partieron de que, si ellos gobernaran, la gasolina costaría diez pesos (menos de la mitad del costo actual, ahora que ellos gobiernan); pasó por que no aumentaría el costo de los energéticos y de la energía, y terminó en un “no se incrementará el costo de la energía en términos reales, sólo conforme a la inflación”.

Ilustración: Patricio Betteo

El problema es que ninguna de las versiones era viable, a menos de que el gobierno hubiera estado dispuesto a usar dinero del erario para fijar el costo de la energía. Me explico. El costo de los combustibles varía de acuerdo a la oferta y la demanda en el mercado internacional. México depende de esos precios internacionales y tiene referencias específicas. Si Pemex o la CFE decidieran ofrecer sus productos por debajo de las referencias internacionales, perderían dinero y se volverían una carga mayor de lo que ya representan para el erario.

El costo eléctrico también tiene una alta dependencia al costo de combustibles internacionales; recordemos que se sigue usando gas natural, pero también diesel o combustóleo. El costo eléctrico va ligado al precio de estos insumos. El ejemplo más claro y contundente de que así sucede es el incremento de las tarifas eléctricas derivado de la falta de gas en Texas en febrero pasado.

En ese contexto, ¿tienen sentido las promesas del presidente, en campaña y en el poder? No, porque el costo de los insumos que prometió no está en sus manos. Esta propuesta fue totalmente populista. Atención: no es algo exclusivo de este gobierno. Uno de los grandes errores de gobiernos anteriores fue hablar de bajar el precio de la gasolina, por ejemplo, para promover reformas. Ahora, ¿podría el gobierno fijar los precios de los energéticos? Sí, pero ello significaría un sacrificio constante de recursos públicos que podrían usarse en obligaciones del Estado y no en subsidios.

Por ejemplo, para que la gasolina cueste 10 pesos como lo dijeron en su momento, el gobierno federal tendría que eliminar el IVA, el IEPS y encima poner poco más de 4 pesos por cada litro que consume el mexicano. Si consideramos que cada día se consumen unos 132 000 barriles, significa que al gobierno le costaría unos 84.5 millones de pesos diarios mantener la gasolina en 10 pesos, además de que dejaría de percibir ingresos por IEPS e IVA. Es decir, el costo de tener gasolina a 10 pesos podría ser más de 180 millones de pesos diarios. Con eso podría comprarse el avión presidencial por 2954 millones de pesos en una quincena. ¿Ve cómo la propuesta era absurda?

En electricidad la cosa no es muy distinta. Y al menos cada año la CFE recibe de las arcas nacionales unos 70 000 millones de pesos de subsidio, lo suficiente para comprar unos 23 aviones presidenciales. Si consideramos además el uso de subsidios cruzados detectado por el IMCO —y que superan los 45 000 millones de pesos—, hablamos de unos 38.9 aviones presidenciales al año en subsidios para la CFE.

Obviamente el gobierno no va a renunciar a estos recursos —por muy populista que sea—, sino que fue modificando el discurso para ajustarlo a la realidad. Por eso la propuesta original, inútil, fracasó al final. Pero, hablando de precios de energía, al menos eléctrica, ¿hay alguna forma de disminuir los costos? Sí, y aunque pueda sonar muy fácil, a este gobierno se le ha complicado porque se contrapone con su ideología. La receta es usar energía más barata, renovable, y dejar de lado la energía y los combustibles caros.

México tiene en su marco legal la herramienta que todo el mundo ha usado para lograr estos costos: las subastas de energía eléctrica de largo plazo. Y, en su momento, México impuso récords de la energía eléctrica más barata del mundo. El problema es que estos métodos son de competencia, y son contrarios a la visión estatista y monopolista que impera en el proyecto de nación del gobierno. Puede más la ideología que el compromiso, al menos en electricidad.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía

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Publicado en: Energía