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En numerosos países del mundo gobiernos electos están empeñados en subvertir a la democracia liberal. Los golpes de Estado han caído en desuso; ahora la destrucción involucra un sigiloso y gradual proceso de captura y destrucción institucional. Esos regímenes no prescinden de las elecciones ni de la retórica democrática. Frente a este fenómeno hay algunas preguntas críticas: ¿cuál es el papel de los ciudadanos en un proceso de regresión autoritaria? ¿Por qué si la mayoría de la población de un país apoya a la democracia, está dispuesta a votar por partidos y por políticos que la minan? Las respuestas a estas interrogantes son cruciales. Los estudios sobre procesos de autocratización son notablemente pesimistas sobre los contrapesos horizontales: la separación de poderes, la independencia de la judicatura o los organismos autónomos. Casi siempre estos contrapesos son capturados y desactivados. La única esperanza es el control vertical que ejercen los votantes sobre sus gobernantes. Fue el caso de la elección presidencial en Estados Unidos en 2020. Este correctivo es, sin embargo, bastante infrecuente. A menudo la gente vota por la autocracia. Pero no siempre. En ese sentido el caso de Turquía en 2019 resulta particularmente instructivo y esperanzador. En las elecciones nacionales de ese año el partido del presidente Recep Tayyip Erdogan, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), perdió las elecciones locales de Estambul por menos de 14 000 votos. La autoridad electoral, controlada por Erdogan, anuló las elecciones pretextando irregularidades. Tres meses después se repitieron los comicios. El resultado fue apabullante: el candidato oficialista volvió a perder, pero esta vez por más de 80 000 votos. ¿Cómo explicar este fenómeno? El politólogo de Yale Milan W. Svolik lo ha analizado exhaustivamente y ha hecho descubrimientos relevantes para países que, como Turquía, padecen procesos de autocratización.1

Ilustración: Belén García Monroy

¿Cómo castigaron los votantes el intento del gobierno de revertir ilegítimamente una derrota en las urnas? Svolik identifica tres mecanismos de castigo electoral: el cambio del voto, la reacción (un aumento de la participación que benefició más a la oposición) y el desencanto (votantes que habiendo votado por el partido oficialista en la primera elección se abstuvieron en la segunda). Entender quiénes utilizan estos mecanismos es crucial. ¿Cuál es la estrategia más eficaz para combatir a los gobiernos autocratizantes: la persuasión, la movilización o la desmovilización? El hallazgo central es que el voto decisivo después de años de erosión democrática no es el del creyente convencido del valor de la democracia, sino el de otro ciudadano, menos ejemplar. En la elección de Estambul los electores que castigaron al gobierno fueron jóvenes y estudiantes poco politizados. No fueron los votantes más sofisticados ni los más educados. El demócrata convencido había dejado de apoyar al gobierno tiempo atrás, si es que alguna vez lo hizo. En momentos clave de erosión democrática —como el que vive México— el destino de la democracia yace en el ciudadano que es pragmático y puede ser persuadido. Se trata de ciudadanos generalmente indiferentes quienes prefieren quedarse en casa a menos que algo los perturbe o indigne y los saque a las urnas. Su voto es crucial para cambiar la tendencia hacia la destrucción de la democracia. Tal vez quienes castigarán en México al gobierno empeñado en consumar una regresión autoritaria no serán quienes votaron en contra de López Obrador y su movimiento en 2018, sino los votantes usualmente indiferentes y poco politizados. El castigo también podría ser infligido por quienes votaron sin mucho ardor por el gobierno y ahora están molestos por los malos resultados. Ellos tal vez se abstendrán antes de votar por la oposición. Muy pronto lo sabremos. Habrá que mirar los resultados electorales con lupa.

 

José Antonio Aguilar Rivera
Investigador del CIDE y autor de La geometría y el mito. Un ensayo sobre la libertad y el liberalismo en México, 1821-1970 y Cartas mexicanas de Alexis de Tocqueville, entre otros títulos


1 Svolik, M. W. “Voting Against Autocracy”, manuscrito sin publicar, 2021.

 

Un comentario en “Noticias de Constantinopla

  1. El voto en realidad es una farsa, una falsa ilusión para hacerle creer al ciudadano que el elige a sus gobernantes. ¿ Que opción de elegir tienen los ciudadanos, cuando los candidatos son los mismos de siempre, solo con un nombre de partido diferente? Todos los que están ahora en Morena son los mismos que antes estuvieron en el Pri, Pan o Prd. ¿Que clase de farsa es esta?

    El problema principal en la ciudadanía es la ignorancia y la incapacidad de salir de esta situación creada por los lobbies de poder que son los que en realidad gobiernan al mundo. Lobbies de extrema derecha, imperialista, fascista y racista, cuyo único interes es enriquecerse cada vez más y esclavizar a todo el mundo. Tienen sometidos y engañados a todos, vivimos en una dictadura, peor aun; en un régimen totalitario, pero pocos lo saben y los medios de comunicación son sus principales promotores.

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