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Los hechos sangrientos se suceden unos a otros y es raro que alguno de ellos trascienda. En su libro sobre la representación de la matanza de Iguala, Fernando Escalante y Julián Canseco mostraron que la relevancia de ese evento se debió a que fue asimilado como una secuela tardía de la matanza de Tlatelolco en el 68.1

Cuando las matanzas no consiguen ser confundidas con nuestros mitos, se van sucediendo unas a otras sin significado aparente, como de noche, abonando sólo a una ligera incomodidad que ya nos parece normal.

Ilustración: Patricio Betteo

El 17 de marzo fueron ejecutados ocho policías y cinco miembros de la fiscalía del Estado de México en el municipio de Coatepec Harinas, en el borde de Tierra Caliente. El secretario de Seguridad del Estado de México declaró que el hecho era “una afronta al Estado”, al que supuestamente se respondería “con fuerza total”. Como sea, la afronta no parece haber sacudido a la opinión pública, y la noticia no duró mucho más de dos días. La explicación oficial del hecho fue que se trató de una venganza porque la procuraduría había confiscado tres vehículos de lujo y un cuaderno con datos de lugares en que la Familia Michoacana almacenaba droga. Usualmente, una masacre de policías es una señal de problemas más graves.

Y, efectivamente, la Familia Michoacana y sus aliados parecieran tener otra clase de problemas con el gobierno, pues unas semanas después, el 2 de abril apareció la noticia de que el Cártel Jalisco Nueva Generación decapitó a ocho individuos en Aguililla, Michoacán, miembros de los Cárteles Unidos, que incluyen a la Familia Michoacana. A los pocos días, la prensa corrigió: en realidad fueron 27 los asesinados. El pánico cundió en Aguililla y, según El Economista, en cuestión de días llegaron más de 1500 refugiados a Apatzingán. La toma de Aguililla sucedió días después de que uno de sus antiguos presidentes municipales, miembro de Cárteles Unidos, fuera apresado en Guatemala y entregado a la justicia de Estados Unidos. De modo que hay también presión internacional sobre los cárteles michoacanos.

En un gesto consonante con la falta general de información oficial confiable, el secretario de Seguridad de Michoacán declaró no tener “ningún registro” de los hechos violentos en Aguililla. Pero la prensa sí que registró una invasión con vehículos blindados y gran despliegue de fuerza de parte del Cártel de Jalisco y, sobre todo, la decisión sorprendente de replegar al Ejército y la Guardia Nacional, que decidieron abandonar Aguililla a su suerte.

El caso sin duda genera preguntas:

Primero, ¿la masacre de policías en Coatepec Harinas habrá sido una advertencia por parte de Cárteles Unidos, ante su percepción de que las fuerzas armadas estaban favoreciendo a los de Jalisco en sus incursiones en Tierra Caliente?

Segundo, varios análisis publicados han afirmado que las elecciones municipales venideras recrudecieron esta guerra porque los dos grandes contrincantes (Cárteles Unidos y Cártel Jalisco Nueva Generación) quieren colocar a sus candidatos. Dado este hecho, ¿podemos concluir que las fuerzas armadas prefieren que la organización de Jalisco controle la política local en Tierra Caliente?

Tercero y último, el episodio sugiere que las fuerzas armadas sólo “garantizan” la paz en la medida en que haya un grupo delincuencial que controle firmemente el territorio, pero que es incapaz de desplazarlos. Pareciera, entonces, que el crimen organizado regulara aspectos fundamentales de la vida económica y política de la región que no están al alcance de las fuerzas armadas. El Ejército puede ser el fiel de la balanza en los conflictos por el control de territorios, pero no consigue sustituir a los grupos criminales en tanto que administradores del poder local.

 

Claudio Lomnitz
Profesor de Antropología de la Universidad de Columbia. Es autor de Nuestra América. Utopía y persistencia de una familia judía, La nación desdibujada. México en trece ensayos y El regreso del camarada Ricardo Flores Magón, entre otros libros.


1 De Iguala a Ayotzinapa. La escena y el crimen. El Colegio de México, México, 2019.

 

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