Esta conversación de Fernando del Paso con Angeles Mastretta sobre Noticias del Imperio se llevó a cabo el 7 de julio de 1988, en el aniversario 49 de Librerías de Cristal que cumplieron ya 50 años- en el Museo de la Ciudad de México.


Angeles Mastretta: Tengo muchas cosas que preguntarle a Fernando del Paso. No me atrevo a calificar de diálogo lo que quiero que hagamos, sino más bien de un interrogatorio fatal: ya está aquí y no le queda más remedio. Me atrevo a asegurar que Noticias del Imperio es un libro hermoso, fascinante y entrañable; en varios momentos es un libro seductor, por muchas razones y sinrazones: es un libro que los lectores comunes y corrientes miramos con respeto y admiración, deslumbrados y felices, inermes y adictos, agradecidos y exaltados, solidarios y vengativos; sorprendidos con lo viejo, enamorados otra vez de lo viejo, cursis como siempre, furiosos más que nunca, compasivos como nuestras abuelas, embravecidos como nuestros abuelos, solos como Juárez, abandonados como Maximiliano, locos como Carlota y como la historia. Pero sobre todo, seducidos sin remedio.

Noticias del Imperio redescubre la historia, la enamora y la maldice, la inventa, la sueña y la recuenta como si fuera propiedad del escritor, del escritor que hace con ella lo que quiere menos traicionarla No hay nada más tocado, maquillado, besado y escupido que la historia del imperio de Maximiliano de Habsburgo. Los adictos a ella y a la de quienes los enfrentaron la hemos visto en cine, en telenovela, en teatro. La hemos leido y descifrado desde la izquierda y desde la derecha, desde los buenos y los malos, desde los que gobiernan y los que quieren gobernar, y todas esas veces hemos pasado frente a la historia como algo remoto que no tiene por qué tocarnos, aunque nos atraiga muchísimo.

Lo extravagante de Noticias del Imperio es que nos mete al juego, nos cuenta lo sabido como algo que de tan sabido ya no sabíamos, que de tan visto ya no se entiende, que de tan oído ya no nos importaba, y nos cuenta de tal modo que todo parece visto por primera vez. Entre otras cosas porque todo no es solamente la historia del pobre principe y la infeliz princesa, ni el elogio o la detracción del héroe que los destruye.

Todo es todo. Aunque a Del Paso le parezca que no puso la mitad de lo que sabe, todo son los olores, las esperanzas, los medios, las texturas, los pesares, la gente, las derrotas, los triunfos, la idiotez, el desencanto, el valor. Es el libro desaforado y fascinante de un escritor tímido, al que parece turbar el reconocimiento generalizado, como si no quisiera perder la costumbre de saberse un excelente escritor sin que por eso tenga que dar autógrafos y abrazarse con desconocidos.

Qué remedio, Fernando del Paso. Aveces los lectores pedimos cosas que no tienen demasiado que ver con la intima desolación que provocan los libros cuando van a la mitad, ni siquiera con el gusto contagioso por el que se pasa la tarde o la noche del punto final. Hablar de los propios libros como de algo propio, como de algo sobre lo que supuestamente el escritor sabe más que el lector, es un trabajo a veces odioso, pero hoy, esta tarde, nos toca hacerlo. Quiero iniciar, no un diálogo como lo anuncia la invitación, sino una entrevista para curiosos, un enfoque para insatisfechos, un relato para devotos.

Fernando del Paso: Yo nunca me he sentado ante la máquina de escribir y me he dicho a mi mismo: “Bueno, ahora voy a hacer un libro de mil páginas y me voy a estar diez años trabajando”. Si al principio de cada libro yo hubiera sabido que iba a durar tantos años, no lo empiezo nunca, porque escribir representa una angustia enorme y, sobre todo, mientras más se trabaja un libro y más crece, uno sabe al mismo tiempo, que de acuerdo con las reglas de juego impuestas por ese libro en especial, no le puede uno dar un final inmediato sino que va a requerir un esfuerzo mucho más grande, de meses o años. Todo eso representa una angustia tan grande que no repetiría esa experiencia si yo supiera a priori que me iba a tardar tanto.

Me tardé seis, casi siete años en escribir José Trigo, pero cuando comencé Palinuro de México yo pensé que en dos o tres años iba a solucionar la novela. No fue así. Lo mismo con Noticias del Imperio. Ahora: con José Trigo y Palinuro nunca me propuse hacer un libro con equis número de páginas, ni corto ni largo, sino lo que saliera. En cambio, en Noticas del Imperio sí me propuse, firmemente, hacer un libro que ya impreso no pasara de unas 300 a 350 páginas, y sin embargo no pude cumplir con este propósito. Salió de 1,140 cuartillas, y ya impreso salió ese mamotreto de 670 páginas.

Sin embargo, la estructura que se me dio después de varios años de estar trabajando en el libro -o sea la estructura consistente en que los monólogos de Carlota abrieran y cerraran el libro, o bien, un solo monólogo dividido en doce partes que se alternara con otros capítulos- parece mentira; pero eso limitó mucho el tamaño del libro. De otro modo pudo ser un libro de tres mil páginas. Pude haber hecho un barco tan grande que no hubiera flotado.

Angeles Mastretta: Hubiera sido la Enciclopedia del Imperio…

Fernando del Paso: Sí, pero las enciclopedias no se leen en la cama. Espero que Noticias del Imperio sí.

Angeles Mastretta: ¿Cómo se te ocurrió Noticias del Imperio? ¿Nunca te atemorizó la idea de tener que contar algo ya tan contado?

Fernando del Paso: A la primera pregunta te puedo decir que se me ocurrió hacer una novela sobre Maximiliano y Carlota hace como veinte años o más; cuando estaba yo como a la mitad de José Trigo, me dije: “Bueno, yo qué soy en la vida. Soy escritor. Ya descubrí lo que quiero hacer. Voy a hacer un día una novela sobre Maximiliano y Carlota”. Pero antes yo tenía que escribir Palinuro porque tenía ya una intuición de lo que iba a hacer y una necesidad muy grande de contar ciertas historias; más que contarlas, de transformar ciertas vivencias íntimas. Entonces tuve que posponer durante muchos años el proyecto de Noticias del Imperio.

Ahora, cuando empecé a investigar el tema de la Intervención Francesa y el Imperio me di cuenta de que la historia no estaba tan contada. O lo estaba pero de un modo parcial o muy cursi. Corona de sobra de Usigli es una excelente obra de teatro pero está muy limitada por el tiempo. Mi ambición fue contar bien esa historia.

Angeles Mastretta: Quisiera regresar a las mañas del escritor antes de seguir con Maximiliano y Carlota. No vaya a ocurrir que por tanto hablar de ellos acabes harto. ¿Cómo das con él tono de cada libro? ¿El libro te lo impone? ¿Cómo das con el modo de contar?

Fernando del Paso: Mis libros son muy fragmentarios, como sabes. No son libros lineales. En otra ocasión alguien me preguntó que por qué no escribía yo novelas lineales. Contesté que probablemente porque no estoy capacitado para eso o porque no he sentido la necesidad de escribir novelas lineales. Pero de alguna manera tengo la obsesión de cerrar cada capítulo, de que cada capítulo sea casi una unidad en sí mismo. Eso se ve bastante en José Trigo o Palinuro, y un poco menos en Noticias del Imperio porque el monólogo de Carlota es una locura continuada; pero capítulos como “Con el corazón atravesado con una flecha”, “Espérate, esperanza”, “Ni con mil aves marías”, o el discurso del jardinero Sedano se cierran en sí mismos y casi podrían publicarse por separado. Entonces, yo he encontrado no el tono de cada libro sino los tonos que necesita cada libro, de acuerdo con la historia que estoy escribiendo.

Angeles Mastretta: ¿Cómo escribes? ¿En qué, a máquina, en computadora, a mano? Eso le da curiosidad a la gente.

Fernando del Paso: Unas dos quintas partes de José Trigo las escribí a mano. Luego tomé una máquina de escribir y ya no dejé de escribir en ella. Algunas partes de Palinuro, no más de veinte o treinta páginas, las hice a mano porque necesitaba un silencio o una concentración muy especiales. La máquina siempre suena.

Angeles Mastretta: A veces lo pide la mano.

Fernando del Paso: A veces lo pide la mano. Lo demás, a máquina. Ahora: las computadoras no me gustan.

Angeles Mastretta: A mí tampoco.

Fernando del Paso: No me gustan para nada. A mí me gusta la hoja de papel: lo que se siente al rayarla y cómo huele la hoja. Los adictos a las computadoras me dicen luego: “Es que te hubieras ahorrado la mitad del trabajo porque…”

Angeles Mastretta: O la tercera parte, o trabajaste diez veces más de lo que hubieras trabajado.

Fernando del Paso: Así es. Pero a mí me gusta reescribir, hacerlo personalmente. Si quiero cambiar el renglón número diez y ponerlo en el lugar del treinta, y si ya puse demasiados apuntes a mano y no me caben mas reescribo toda la página. Yo considero que eso es útil porque a veces reescribo parte de lo anterior.

Angeles Mastretta: ¿Escribes por horario, todo el tiempo, por temporadas? ¿Te estorban otros deberes?

Fernando del Paso: Bueno, yo no vivo de mis libros. No sé si de ahora en adelante podré hacerlo, pero jamás he podido vivir de mis libros. Siempre he tenido que trabajar en otra cosa. He trabajado en publicidad, luego en la BBC, y en la embajada de México en Francia. Entonces no he podido tener una disciplina de tiempo completo. En la BBC había turnos matutinos, vespertinos, nocturnos y cambiaban cada tres o cuatro meses. Según cambiaba mi turno, cambiaba también mi disciplina parcial: si hoy tengo la mañana libre, sé que debo aprovecharla.

Angeles Mastretta: Tus libros tienen una cadencia, un sonido. Por eso pregunto: ¿Te lees en voz alta, te oyes?

Fernando del Paso: En un principio sí me leía en voz alta, pero después trabajé 14 años en la BBC y ahí hacíamos de todo. Yo escribía notas sobre libros o exposiciones, y traducía del inglés al español -porque trabajaba en el servicio latinoamericano-. Pero también era locutor, leía noticieros y tenía mis propias cosas. Al transformar mi voz en un instrumento de trabajo, me dio pereza leer en voz alta en mi casa o leerles a mis amigos. Al trabajar con ella todo el día, mi voz se cansaba. Aunque sería lo de menos, porque uno puede leer en voz alta interiormente. No se necesita leer en voz alta para saber cómo suena.

Angeles Mastretta: ¿Tienes cómplices, tienes amigos a quienes les das las cosas cuando están ya listas o a punto de estarlo? ¿Te quitan miedos? ¿O Ya no tienes miedos?

Fernando del Paso: Claro que tengo miedos. Cuando estuve en México tenía más miedo, por razones naturales. En Londres tuve un poco menos, pero de vez en cuando organizaba reuniones para leer y que me dieran sugerencias o críticas. Mi esposa siempre ha sido mi primera lectora, mecanógrafa y crítica, aunque no siempre le hago caso.

Angeles Mastretta: Casi todos los escritores tienen en algún momento la sensación de que lo que están haciendo no vale la pena. Hay algunos demasiado obsesivos como Flaubert, quien llegó a sentir que ninguna de sus frases valía la pena. Pero creo que en general todo mundo tiene un momento en el que piensa que lo que está haciendo no sirve, es muy malo, que lo van a odiar los lectores o que él mismo lo va a odiar. ¿A ti te pasó, te pasa eso?

Fernando del Paso: Yo creo que a un escritor le pasa siempre. Claro, cuando un libro ya es un libro, cuando un libro se editó ya no le pertenece a uno. Ya cada lector recrea el libro y como sabemos un libro tiene muchísimos niveles de lectura; y más niveles mientras más información tenga el lector. Pero mientras uno lo está escribiendo, sí aparece esa sensación de error. Yo tenía dudas enormes, sobre todo cuando veía cómo crecía y crecía el manuscrito de Noticias del Imperio, y me decía: “No puede ser. Tengo que cortarle porque es un mamotreto muy grande: va a salir muy espeso y no lo va a leer nadie. Además, va a ser muy caro”. Y lo leía otra vez y veía que no lo podía cortar, que si le corto una página eso no significaría nada. En efecto, no vale la pena cortarle quince o veinte páginas a un manuscrito de mil. Era lo mismo. Entonces, lo dejé de la misma extensión. Pero naturalmente que las angustias existen.

Angeles Mastretta: ¿Cómo diste con la voz de Carlota? Te lo pregunto porque es la única voz que se repite durante el libro. Hay muchas; hay voces entrañables como la del jardinero, pero la voz de Carlota rige el libro.

Fernando del Paso: Ni en José Trigo ni en Palinuro comencé por la primera página. En cambio Noticias del Imperio sí comenzó de ese modo, aunque no fue una escritura lineal. Yo tuve el título y la primera página; y los últimos cinco renglones los tuve durante los dos años en que trabajé otras partes del libro, hasta irlo completando. Pero la voz de Carlota fue lo primero que se me dio, no sé por qué. Y a partir de esa primera página fui encontrando lo que ella y yo queríamos decir.

Angeles Mastretta: Al final de cada monólogo de Carlota uno se queda con la sensación de que, sí, seguramente estaba loca, pero que todo lo que ella cuenta es en sí mismo una locura: el mundo de la política europea, ese mundo de reyes y príncipes en que ella vive, es un mundo lleno de locos, de homicidas, de enfermos, de traidores, de impedidos sexuales, de pasiones frustradas. A lo mejor es un mundo como todos los otros, pero como está concentrado se ve muchísimo más prolijo. Yo te quería preguntar si lo hiciste a propósito; si había una gana deliberada de mostrarnos que ese mundo era tan espantoso; si hay allí las ganas de una reflexión moral comparativa con el mexicano.

Fernando del Paso: Eso se me ocurrió, sí, pero no desde un principio. Se me fue ocurriendo poco a poco, mientras aprendía de la historia, y reflexionaba en lo que fue ese episodio para México y en cómo debía yo tratarlo; mientras me enfrentaba a toda esa serie de anécdotas tan brutalmente grotescas, surrealistas, truculentas, que hicieron de la historia de Maximiliano y Carlota un melodrama aunque, como lo he dicho varias veces -y no me canso de repetirlo-, el hecho de que Maximiliano muriera fusilado con tanta dignidad a los treinta y tantos años de edad, y el hecho de que Carlota sobreviviera loca sesenta años, le dio a ese melodrama una altura de tragedia griega o drama de Shakespeare.

Angeles Mastretta: ¿Pero te habría gustado hacer una reflexión moral comparativa?

Fernando del Paso: Un día leí esa frase atribuida a Malebranche: “La imaginación, la loca de la casa”, y me di cuenta de que yo podía jugar con la ambigüedad, hacer una novela en contrapunto; que la locura de Carlota fuera en realidad la voz de la imaginación y, por lo tanto y en cierto modo, la voz de la lucidez, y que el resto de la novela fuera la locura de la historia. La historia es una locura, totalmente. Ahora: procuré también que el monólogo de Carlota no fuera excesivamente lúcido, porque de todos modos yo estaba manejando un personaje loco. Para eso le agregué varios ingredientes de locura; hay incluso un tipo de locura elemental, muy vulgar y muy burda: que si la señora comía arañas, que si defecaba, que si defecaba en la sopera…

Angeles Mastretta: Eso es muy atractivo y al mismo tiempo muy frustrante: cuando uno ya está encadenado a que la loca es una lúcida, y de repente pasan esas cosas contrarias a la lucidez dan ganas de matarla y de matarte. Ahora: hay quien piensa que las Noticias del Imperio están un poco excedidas en información, y hay quienes piensan que falta información: que incluiste, por ejemplo, cual era la ideología precisa de los republicanos o qué libros estaban leyendo en el momento. Me imagino que el deslinde, la decisión de qué dejar fuera y qué incluir, debió ser algo sumamente difícil para ti. ¿Qué fue más difícil, el trabajo de historiador o el de escritor?

Fernando del Paso: No se puede deslindar completamente. Sólo en dos o tres capítulos me di ínfulas de historiador o pretendí serlo; pero esos capítulos son pocos e incluso en ellos juego siempre literariamente. Literaturizo un poco la historia; no la novelo, sino que la narro de un modo especial. Pero sí fue muy difícil; quizás esos capítulos muy planos y muy directos fueron los más difíciles de todos, porque efectivamente la abundancia de información es tan grande, no sólo la bibliografía sobre Maximiliano y Carlota, sino sobre la Intervención Francesa; por ejemplo, sobre los años que precedieron a la llegada de Maximiliano y Carlota, y que incluye el análisis médico y patológico, militar y logístico de México, que uno podría pasarse cincuenta años procesándola y no acabar nunca. Yo tuve que detenerme en un momento dado, y tuve que sacrificar, hacer una síntesis. Eso es muy doloroso porque el escritor, en general, no hace una síntesis; lo que hace precisamente es explayarse, derramarse un poco, en lugar de sintetizar. Eso fue lo que me costó más trabajo.

Angeles Mastretta: Tu trabajo como escritor no es elegir sino, casi siempre, dejarte ir.

Fernando del Paso: Casi siempre, claro, aunque después uno puede hacer una revisión de estilo, cortar, reducir un poco, pero ya es un trabajo más que nada imaginativo. Aquí no lo era; había una brutal cantidad de datos que yo debía escoger, algunos por su valor histórico y otros por su valor anecdótico, porque yo no estaba haciendo historia sino novela. Hay cosas muy efectivas y pueden no ser importantes para un historiador ni para el lector de libros especializados en la historia pero sí para un novelista y para el lector de novela.

Angeles Mastretta: Hay algo que me intriga mucho. Quizás Noticias del Imperio está dedicada un poco a hacernos creíbles, cercanos, vulnerables, mexicanos, a Maximiliano y a Carlota. ¿Hay en el libro la gana de que revisemos el trato que los mexicanos les hemos dado en la historia a estos mexicanos por adopción, por autoadopción además?

Fernando del Paso: Bueno, realmente no fue mi intención. Yo le echo en cara a Maximiliano toda la sangre derramada de los miles y miles de mexicanos que los franceses mataron aquí. Tal vez los franceses habrían traído otro, pero Maximiliano aceptó, y fue cómplice de todas esas muertes. El vino como un usurpador.

Angeles Mastretta: Tú debes haber aprendido mucho sobre Juárez cuando estabas haciendo la novela, pero como escribías una novela sobre el Imperio, sobre Maximiliano y Carlota, no podías dedicar otros noventa capítulos a hablar de Juárez. Conocido de cerca, ¿Juárez te resultó tan respetable, tan heroico como nos resulta a muchos mexicanos?

Fernando del Paso: Bueno, eso es lo que yo te preguntaría a ti. ¿Qué te parece Juárez en mi novela?

Angeles Mastretta: A mí me fascinó y por lo mismo yo hubiera querido más de Juárez. El capítulo en que Juárez le pregunta a Leruvi cómo son, qué tan altos son, de qué color, cómo hablan y cuánto miden; un Juárez como inerme y al mismo tiempo con la fuerza de saber que, fueran como fueran, pelearía contra ellos. O la parte en que le cuenta al amigo Leruvi: “Es que, mira, mi mujer era la dueña de la casa en que yo trabajaba y fue tan poco racista que se casó conmigo. Pero cuando me cuenta que un niño es bonito, me dice: ‘Fíjate que salió precioso, tiene los ojos azules’ “. Esa parte es bellísima. A mí tu Juárez me resulta entrañable.

Fernando del Paso: Tú no habías dicho la palabra “entrañable”, sino heroico.

Angeles Mastretta: Ahí no da tiempo de verlo como un héroe.

Fernando del Paso: No da tiempo. Bueno, eso es lo que yo creo. Mi punto de vista es positivo en la novela. Juárez simplemente se porta ahí como un mexicano, el presidente de la República que se enfrenta a un usurpador acompañado por el ejército más poderoso de la época, y que no tiene más remedio que retirarse de la ciudad de México cada vez más al norte, en primer lugar para defender la institución de la Presidencia y para no causar derramamiento de sangre inútil. Juárez sale de la ciudad de México porque sabe que si se queda habrá un enfrentamiento sangriento. Pero lo notable es que al señor no se le olvida llevarse los Archivos de la Nación en once carromatos jalados por bueyes. No solamente se lleva la Presidencia sino que se lleva la historia, como diciendo: vamos a cuidar la historia, nos la llevamos. Yo no quise convertirme en un apologista más de Juárez. Yo creo que Juárez, y lo he dicho antes, cometió serios errores antes y después de la Intervención y del Imperio, pero durante la Intervención y el Imperio se portó con una fortaleza, una dignidad y una entereza verdaderamente notables. Ahora, acuérdate de que casi al final del libro hay un capítulo que se llama “Qué vamos a hacer contigo, Benito”, en su agonía. Un capítulo muy teatral en donde yo aprovecho para decir todo lo bueno que se ha dicho de Juárez…

Angeles Mastretta… Y todo lo malo.

Fernando del Paso: Yo me lavo las manos un poco. Ahí está todo lo que se ha dicho. Pero no pude dedicarle más espacio a Juárez porque no es el personaje de la novela. No es una novela sobre Juárez. Ahora, de los diálogos de Juárez hay frases sacadas de sus discursos políticos. Hay frases de su correspondencia política y, sobre todo, de su correspondencia con su yerno Santacilia, donde habla mucho de sus cosas personales, de la muerte de sus hijos, de que no ve a sus nietos hace tiempo y se le están olvidando las caras. Todo esto lo dice Juárez. No lo inventé yo. Y eso lo vuelve muy humano. Pero también hay otras cosas que yo invento. Alguien me decía: “oiga, yo no sabía que Juárez era tan culto y sabía tantas cosas”, y yo le dije: “Pues yo tampoco”…

Angeles Mastretta: Hasta que lo inventaste…

Fernando del Paso: Hasta que lo inventé… Pero eso es mentira. Yo supongo que un hombre que reunía las cualidades y los estudios de Benito Juárez, que a los trece años no sabía hablar español y siete años después era profesor de jurisprudencia, y con una carrera política larga, debía leer a Rousseau, a Voltaire, etcétera. Sabía muchas cosas de los personajes de su época que eran conocimiento común de ese entonces, corno hoy sabemos de personajes como Gorbachov y de otros incluso menos importantes de la política internacional. Esos conocimientos de Juárez hoy, ciento y pico de años después, parecerían como muy eruditos; pero no eran eruditos en su momento.

Angeles Mastretta: Hay en el libro un poema largo que recita el jardinero abandonado. A la gente con la que he hablado le parece excepcional. A mi me parece bellísimo. ¿Por qué decidiste hacer la voz de este hombre tan suave y tan tolerante, en lugar de feroz y encanijada, como se supone que son los mexicanos en esos asuntos?

Fernando del Paso: A mí no me parece que sea una voz tan suave. Me parece -si fallé ni modo- que es una voz de dignidad y con mucho orgullo. Habría que tener en cuenta que para un hombre como el jardinero, de su posición social, Maximiliano era un trago demasiado amargo. Maximiliano llegaba a México con una aureola divina, porque era de las dinastías europeas. Era un déspota ilustrado. Los príncipes eran designados nada menos que por el dedo de Dios para reinar sobre los otros pueblos. Era un enviado de Dios, no nada más un ser humano. El rey de México. Yo encuentro que hay bastante orgullo y dignidad en la voz del jardinero. Claro, el jardinero pudo ser un matón que tomara pulque y usara pistola, entonces la historia pudo haber sido otra. Pero coma yo no sabia quién fue el jardinero, quise que fuera así.

Angeles Mastretta: Se sabe todos los nombres de las flores y los perfumes, los colores.

Fernando del Paso: Claro que así no podría hablar un jardinero.

Angeles Mastretta: Hablar no, pero pensar si…

Fernando del Paso: Si. Yo creo que es cuestión de traducir lo que un jardinero podría decir, darle las palabras que él mismo no podría encontrar. Aquí me gustaría señalar una cosa interesante: los historiadores no se han puesto de acuerdo -y seguramente no lo harán jamás- en si Concepción Sedano, si de verdad fue amante de Maximiliano, era hija o fue enseguida esposa del jardinero. En cambio, el novelista tiene el privilegio de escoger y yo escogí que fuera la esposa, porque si hubiera sido la hija la cosa hubiera cambiado. Quizás habría sentido una gran orgullo de que su hija fuera escogida por el rey de México para hacerla su amante; y en cambio, de la otra manera, siendo su esposa este hecho lo hería profundamente. Yo quería hacer un pequeño poema sobre el abuso del poder.

Angeles. Mastretta: También me gustó muchísimo “El sitio de Puebla”. Me imagino que a ti tiene que haberte gustado mucho más, porque lo has de haber visto muchas veces de cerca y tienes que haber leído mucho de eso para escribir de un modo tan completo y tan reivindicador “El sitio de Puebla”. Normalmente, se tiene la idea de que los poblanos fueron imperialistas. Hay las cartas de Zaragoza diciéndole a Juárez: -“ya acabé con los invasores, nada más quiero voltear los cañones y darles a los poblanos”-. Entonces tu “sitio de Puebla” es una lección de historia para todos los que no la teníamos muy clara, que creo que somos muchísimos. Ahí esta el esfuerzo de toda esa gente por defender su ciudad. ¿Dónde encontraste eso?

Fernando del Paso: Yo también tenía una gran ignorancia sobre el sitio de Puebla. Todos sabemos lo que fue el 5 de mayo, la victoria, y se nos habla de que un año después cayó Puebla. Y parece que ahí se acabó. Así se pasa rápidamente por ese episodio. Llevaba ya dos o tres años trabajando en el libro y nunca se me hubiera ocurrido dedicarle un capítulo al sitio de Puebla, si no me encuentro de pronto en Londres, en una librería de viejo, el diario de la batalla del general Troncoso durante el sito de Puebla de 1863. Fue una coincidencia maravillosa. Lo compré de inmediato, lo empecé a leer y me di cuenta de lo fantástico y de 10 enormemente heroico que había sido ese episodio histórico del que casi no se habla. Cuando estuve en México, cinco meses dedicado a investigar en el archivo de la nación, en el Colegio de México, en la Biblioteca y la Hemeroteca Nacional, amplié un poco la información; pero el 90% lo saqué de ese libro y me pareció que valía la pena hacer un homenaje a ese sitio y dedicarle un capítulo, un poco novelado, pero los datos ahí son casi exactos.

Angeles Mastretta: Las mujeres que se levantaban la falda para la entrega de los franceses, ¿lo inventaste tú o está en Troncoso?

Fernando del Paso: No, él lo narra en todo el transcurso de su diario.

Angeles Mastretta: ¿Y también narró que se morían?

Fernando del Paso: Sí, un día los suavos se cansaron y les dispararon. Eso ya lo inventé yo…

Angeles Mastretta: ¿Te gusta la suerte que tiene tu libro en México? Antes de Noticias del Imperio habías escrito dos libros tan trabajados, tan complejos como Noticias del Imperio. ¿Tú esperabas que éste tuviera tal éxito?

Fernando del Paso: Yo esperaba que se vendiera más; aunque es muy complejo, extenso y denso, es evidente que resulta mucho más fácil de leer que mis otros tres libros. Eso por un lado; por el otro lado, estaba la fascinación por el tema; sabemos que ese tema nos pertenece a todos, que pertenece a la historia de México; es un tema fascinante para todos y despierta oleadas de interés. A veces se olvida, y de pronto la gente empieza a interesarse otra vez en Maximiliano y Carlota. Eso, curiosamente, se ve también en la bibliografía de Maximiliano y Carlota en Europa y Estados Unidos. Es casi por generación de historiadores que surge el interés.

Angeles Mastretta: ¿Uno por cada generación?

Fernando del Paso: Hay varios libros que son todos de una época: 7, 8, 10 libros sobre Maximiliano y Carlota; luego pasan 20 años y no se publica nada, y luego el asunto regresa. Por eso yo pensé que mi libro iba a despertar mucho el interés y que se iba a vender más. Pero también me dije que iba a ser un libro muy grueso y por lo tanto muy costoso. De cualquier modo, el éxito que ha tenido fue mucho mayor del que yo me esperaba.

Angeles Mastretta: Es evidente que en la siguiente generación no habrá otro libro sobre el mismo asunto. Esa oportunidad la dejaste prácticamente cancelada. ¿Qué lees? ¿Qué libros te gusta leer?

Fernando del Paso: Eso es muy difícil de contestar porque durante los últimos 10 años son muchos los libros que he leído. Leí poca literatura, tengo que confesarlo, pero era absolutamente necesario que me dedicara a leer mucha historia para recabar toda la información, que es muy compleja. El historiador delimita su objetivo y entonces estudia una sola cosa con muy pocos asuntos adyacentes. El novelista, sobre todo en una novela como ésta, tiene que leer varias cosas que un historiador del periodo de la intervención francesa y del imperio no leerían.

Angeles Mastretta: ¿Como qué?

Fernando del Paso: Biografías sobre el padre de Carlota y el Abuelo de Carlota, Luis Felipe, y los hermanos de Carlota y la, abuela de Carlota, o Federico “el Grande”, o María Teresa. Libros que me fueron dando muchas referencias sobre la vida de los personajes: su infancia, sus recuerdos, lo que pudieron haber aprendido de sus respectivas familias, no es que un novelista tenía que leer esto, pero si lo lee es generalmente útil.

Angeles Mastretta: En alguna entrevista declaraste que sientes un vacío después de haber terminado el libro. ¿Cómo es el vacío? ¿Por qué no sientes un consuelo? ¿Por qué no dices: “qué bueno que ya me deshice de ese horror, ya me puedo ir al mar”? Ahora, yo creo que ese tipo de vacíos suelen durar tres meses.

Fernando del Paso: El consuelo y el vacío no se contraponen; es decir, sí siento un alivio por haber terminado ese mamotreto, pero al mismo tiempo me siento vacío. Por lo demás, si el vacío me va a durar tres meses, quiere decir que me vaya durar un año nueve meses, porque hace un año seis meses que terminé mi libro.