· La trama de la historia

EMPATÍA CON EL DIABLO

Un siglo después de iniciada la evangelización de los pueblos indianos, la Iglesia española se percató de la existencia alucinante de ceremonias y prácticas mágicas que hacían volver la memoria hacia los años iniciales de la conquista. Pareció entonces que los indios reincidentes las antiguas costumbres religiosas prehispánicas no lo hacían en razón de un espíritu rudo, bárbaro o neófito, pues tal como lo expresó Pedro Sánchez de Aguilar en su “Informe contra idolorum cultores del obispado de Yucatán”, eran “…tan sabidos, y resabidos y atrevidos, o larga y forzosamente lo pruebo con sus maldades, y hechos insolentes, fundados en el poco castigo que han tenido…” Así, los idólatras ya no eran las víctimas indefensas engañadas por el Demonio, sino astutos seres que se las ingeniaban para despistar -con todo éxito- a sus guardianes espirituales. Se vio la urgente necesidad de iniciar una lucha sin cuartel contra el Demonio.

La movilización involucró a una serie de hombres cultos y doctos en las lenguas indígenas. A ellos se les encomendó la difícil tarea de develar los signos heréticos y dar los remedios necesarios para lograr la conversión de miles de almas encantadas: hombres que todavía se soñaban disfrazados bajo la piel de algún animal, que adoraban al sol o que enunciaban conjuros que preparaban sus sementeras.

Publicada por vez primera en 1892 por Francisco del Paso y Troncoso, en el no Tomo V de los Anales del Museo Nacional, la edición facsimilar que se titula El alma encantada (Fondo de Cultura Económica, 1987) recoge el corpus documental más importante para conocer la magia mesoamericana y la de principios de la Colonia. Se compone de una serie de relaciones e informes escritos a petición de instancias superiores en lo religioso y civil para sondear el estado de la conversión espiritual de los pueblos nativos en el Centro de México, el área maya y el Obispado de Oaxaca, y favorecer su castigo o su remedio. Contiene los escritos que al respecto elaboraron gentes tan notables como el doctor Jacinto de la Serna, y el bachillier Hernando Ruiz de Alarcón.

La obra es una fuente de riquísima información etnográfica y es un invaluable testimonio de los cambios culturales que se dieron a raíz de la Conquista. En ella el lector encontrará elementos concretos que lo podrán guiar en el esclarecimiento del mil veces aludido “sincretismo”, una palabra que ha dado origen a muchos lugares comunes en antropología, pero hacia la que muy pocos investigadores se han acercado desde una óptica histórica.

Esta edición pone al alcance de los interesados en los fenómenos de magia religión, una colección apasionante de conjuros, nombres de seres fantásticos, tradiciones medicinales y persistencias ideológicas del mundo prehispánico. El alma encantada hace ver la necesidad de estudiar un tema sobre el cual se ha escrito y dicho mucho, pero de forma poco seria y sin un criterio de sistematización. La supuesta irracionalidad o falta de un pensamiento lógico y sistemático diferente al occidental, entra en contradicción con esta obra donde los ratones burlan al gato en sus propias narices.

Xóchitl Medina

EL OJO MICROSCÓPICO

El capricho dispone los documentarios: tan fácil es que el ingrato tiempo se trague las descripciones de las capitales y los remos, las investigaciones de vidas y congregaciones enteras, como que respete escrupulosamente un archivo pueblerino. Y de tal azar también puede surgir una fortuna. El caso de Cuauhtinchan es ejemplar: un señorío notoriamente secundario de la zona de Puebla y Tlaxcala ha preservado una documentación asombrosamente abundante para los primeros años de la colonización hispánica. Además de la Historia tolteca chichimeca, nos quedan sus mapas antiguos, las ordenanzas de su gobierno y legislación, los procesos de sus litigios territoriales y una docena de testamentos de principales que son un tesoro de noticias de muy diversa índole, desde los usos de propiedad hasta la permanencia de géneros retóricos.

Cuauhtinchan fue motivo de una investigación admirable, uno de los más brillantes momentos de la historiografía de los años setenta: Luis Reyes García, nahuatlato de origen y etnohistoriador, se propuso compilar e interpretar sus acervos y pictografías para poner a prueba los conceptos sobre la etnicidad, economía y sociedad de los indígenas antiguos y recién conquistados. Si existe algo semejante a la “etnohistoria” tiene una excelente representante en la pareja de trabajos que el Fondo de Cultura Económica, el Gobierno de Puebla y el CIESAS acaban de poner en librerías. Cuauhtinchan del siglo XII al XVI, acompañado de los Documentos sobre tierras y señoríos de Cuauhtinchan, fue el pionero de un tipo de etnohistoria que al estudiar a fondo una localidad, reconstruyendo los testimonios oscuros y organizando un cuerpo de indicios dispersos, pone en crisis la idea de que el calpulli fue la unidad dominante de la vida económica indígena en el México antiguo.

Conforme a lo que Paul Kirchoff sugirió, tenemos en Cuauhtinchan el fruto de la superposición multiétnica de tribus que se dio en Mesoamérica hacia los siglos XII al XV. En esta pluralidad, el calpulli sólo impera en un grupo étnico de presencia reducida los tolteca-chichimeca provenientes de Cholula. En cambio, los grupos nahua y pinome que detentan conjuntamente el señorío de Cuauhtinchan tienen la marcada presencia de una institución radicalmente distinta: el teocalli o casa señorial. De esta forma, tanto entre los pinome como entre los nahuas, lo usual fue que la tierra perteneciera a los nobles pipiltin mandados por un teuhctli de un modo familiar y cercano a la propiedad personal, mientras que el trabajo lo llevan a cabo macehuales que carecen de tierras propias y que por tanto se reducen a la condición de renteros de los nobles. Lo asombroso es que sin que poseamos información total para los, teocalli, tenemos comprobado que por lo menos el 57.5% de las familias de la zona se, hallaban en la condición feudalizante de macehuales sin posesión comunal, aunque en realidad este porcentaje pudiera crecer hasta casi la totalidad poblacional. Bajo tal evidencia no queda más que disponerse a ver con mayor cautela las generalizaciones que el cronista Alonso de Zorita nos ha indicado, y a dudar de que el México prehispánico y colonial hayan sostenido un régimen comunal básico entre la población de origen indio. ¿Indica esto diversidad regional o que poseemos una distorsionada imagen de la sociedad de los antiguos mexicanos? Ante la imposibilidad de hacer una indagación como la de Cuauhtinchan a todo lo largo de Mesoamérica, no es improbable que esta pregunta quede sin respuesta plenamente comprobada.

Los trabajos de Luis Reyes inauguran una nueva colección de “Colección Puebla”. El sello incluirá otros importantes documentos, como la historia tolteca chichimeca o los Anales de Tecamachalco. Queda desear que Luis Reyes nos obsequie muy pronto con una nueva obra que refrende los logros alcanzados en sus estudios de esta región.

Cuauhtémoc Medina González

EL TRISTE DESTINO DE TENER UN DESTINO

La Relación de Michoacán, en una nueva versión paleografiada, cuidada y prolongada por Francisco Miranda acaba de aparecer en la colección “Cien de México” de la Secretaría de Educación Pública. La Relación fue recopilada por el fraile franciscano Jerónimo de Alcalá a partir de la información proporcionada por los propios indios michoacanos, aunque el religioso le hizo ocasionales notas aclaratorias. Fue escrita en 1540 para ser regalada al Virrey Antonio de Mendoza y pasa por ser la principal fuente del Michoacán prehispánico.

Originalmente, la Relación constaba de tres partes: la primera, hoy perdida, trataba el origen de los dioses y los hombres, y las fiestas que se hacían en honor de aquellos; la segunda es una historia de dioses y hombres y particularmente de las luchas que, a partir del siglo XIII, entablaron los distintos grupos de la zona lacustre michoacana por establecer el predominio, y que terminó con la vida del rey Tariacuri quien, con sus conquistas, estableció tres reinos de reyes y parientes en Pátzcuaro, Coyoacán (Ihuatzio) y Michoacán (Tzintzuntzan). Finalmente, una tercera parte nos habla de las costumbres, leyes, administración y gobierno de los pueblos de la zona para dar al final una descripción de la llegada de los españoles y la Conquista.

Esta división del libro no es meramente temática, remite a tres etapas históricas diferenciadas: la primera mítica, la segunda de dioses, caudillos y jefes militares (se omite la mención de los pueblos y pobladores salvo en ocasiones guerreras), y una tercera que extiende el relato a nuevos personajes que al narrar la Conquista hacen que el texto abarque ya a pueblos y gobiernos.

Es uno de esos libros que ofrece innumerables lecturas. En la visión, de la historia de los indios michoacanos se marca una narración en que paulatinamente los personajes se van eliminando con los acontecimientos, para señalar una línea de desarrollo con un desenlace que, según ellos, era esperado. Quizás lo que los indios no aguardaban era un conquistador tan cruel como lo fue Nuño de Guzmán. Qué destino guarda esta sentencia: “No hagas mal a los españoles, que están allá en tu señorío, porque no te maten dales de comer y no pidas a los pueblos tributos que los tengo que encomendar a los españoles”.

Josefina Flores

MAGICOS MÉDICOS MAYAS

El Ritual de los Bacabes, quinto volumen de la colección “Fuentes para el Estudio de la Cultura Maya” (Instituto de Investigaciones Filológicas y Centro de Estudios Mayas, UNAM), agrupa una colección de conjuros, plegarias y recetas médicas mayas que data probablemente de fines del siglo XVI, aunque solamente se conoce una copia de 1779. Este manuscrito perteneció al cacique de Calkiní, quien lo obsequió; en 1910 se publicó el primer facsímil. Esta edición, a cargo del investigador Ramón Arzápalo Marín es, sin lugar a dudas, ejemplar por la minuciosidad de su estudio. Contiene un estudio preliminar, facsímil del manuscrito (resguardado en la Universidad de Princeton) por fotografía, transcripciones rítmicas en maya y español, bibliografía, índice de vocablos, glosario de términos mayas, estudio de frecuencias absolutas de la aparición de cada vocablo, análisis de la dispersión en el texto, listado de concordancias y, finalmente, muestra de ocurrencias de cada palabra en la obra. Esta minuciosidad se refleja en el tamaño del libro: 1110 páginas en formato de 28 por 22 centímetros. De ellas sólo 160 corresponden a las transcripciones.

La importancia de El Ritual de los Bacabes es que trata temas como los conceptos religiosos, médicos y mágicos de los mayas casi sin influencia europea. Además, según Arzápalo, “hay repetidas referencias a la escritura glífica, lo que hace pensar en la probabilidad de que estos materiales sean, si no en su totalidad, sí en buena parte versiones de textos prehispánicos”. La conservación del conocimiento del sacerdocio maya, su valor para el lingüista en cuanto texto casi puro y, principalmente, lo ameno de su lectura, hacen de esta una obra muy recomendable a todo interesado en el antiguo Yucatán.

Carlos Brokmann

OTROS PEREGRINOS:

· Gerardo Bustos: Libro de las Descripciones. Sobre la visión geográfica de la península de Yucatán en textos españoles del siglo XVI. UNAM, México, 1988.

· Joaquín Galarza: Códices Testerianos. Doctrina cristiana. Método para el análisis de un manuscrito pictográfico mexicano del siglo XVIII con su aplicación en la primera oración: el Pater Noster, Colección Tlacuiloa, SEIT, México, 1988.