Los sonámbulos son gente trabajadora y confiable. Por este raro privilegio sólo ellos conocen esa tierra de nadie que se desprende de la provincia de los sueños. Me refiero a los verdaderos sonámbulos, a esos que se fugan de la cama y hay que ir a buscarlos a la cocina porque se sienten cocineros de un famoso restaurante francés, a esos que perfectamente dormidos son capaces de comerse un bimbuñuelo a las cuatro y media de la mañana. Un buen sonámbulo nunca se despierta con carita desamparada y dice:
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