Ningún término le va mejor al beau monde de finales del siglo XVIII que el que inventó doscientos años después Tom Wolfe burlándose de los "progresistas" de Park Avenue, al departir socialmente con los negros revolucionarios, como exponentes del "radical chic". De hecho, los Faubourg St. Germain y Faubourg St: Honoré de moda en los días de Luis XV y XVI realizaron este tipo de "visitas a los bajos fondos" en una escala mucho mayor que la de los beau quartiers de Nueva York en nuestra época. Nunca hubo otra época en la que los críticos del orden establecido fueran tan apapachados por los beneficiarios de ese orden. En el año que señala el aniversario doscientos de la Revolución Francesa, resultaría revelador reflexionar sobre las ironías de esa relación: una relación que acabó abruptamente un levantamiento que terminó con el orden establecido, y que en parte se alimentó de las ideas de los críticos de ese orden.
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