Las posibles reformas al Código Federal Electoral deben discutirse a la luz de los problemas más graves que pusieron al descubierto las elecciones de julio de 1988, y ya no, como se hizo en los primeros tiempos del reformismo electoral, a partir de un modelo ideal. El problema general que engloba las principales dificultades surgidas en torno a los comicios federales es el de la credibilidad: al igual que los procedimientos de esa elección, los votos anunciados adolecen de una pobre credibilidad. Tanto así, que la aceptación de los resultados que cada partido aduce como auténticos sólo puede ser un acto de fe.
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