El imposible despacho eléctrico

La reforma a la Ley de la Industria Eléctrica —también conocida como Ley Combustóleo— publicada hace un par de días es un documento planteado desde principios políticos y que tuvo una serie de omisiones técnicas impresionantes. Estas omisiones ponen en riesgo la confiabilidad del sistema; algunas de ellas fueron planteadas en el parlamento abierto pero, como dijo el presidente de la Comisión de Energía, al no ser consecuentes con la propuesta del presidente, no fueron tomadas en cuenta por la mayoría.

Ilustración: Víctor Solís

Pero haberlas ignorado no significa que los problemas desaparezcan; serán complicaciones de operación que hay que explicar. La situación es la siguiente.

La base, lo primero que se recibirá en la red eléctrica, serán las hidroeléctricas, basadas en contratos de entrega física. En teoría, el contrato de entrega física compromete a un generador a entregar en el futuro cierta cantidad de energía en un día y hora determinados. ¿Podrán las hidroeléctricas firmar y comprometerse a entregar cierta cantidad de energía?

La teoría más simple dice que sí, pero, ¿si no hay agua? Debemos considerar que las sequías son más frecuentes cada año y también que hay momentos en los que, por exceso de agua, no es posible generar sin riesgo de causar inundaciones. Esto pone en duda el cumplimiento de los contratos de cobertura física. ¿Estamos dispuestos a que la población y los agricultores no dispongan de agua por asegurar la entrega física?

En la segunda parte del despacho estarán las plantas de CFE basadas en combustibles.

Al respecto, es necesario desmentir un mito. Este gobierno y sus promotores dicen que estas plantas pueden generar 24 horas al día los 365 días del año. La verdad es que cada cierto tiempo tienen que parar por mantenimiento y un buen mantenimiento programado les permite cumplir con contratos de entrega física. En cambio, un mal mantenimiento —como es el caso de muchas plantas de  la CFE— no podrá asegurar la entrega física. Eso sin considerar que son una de las formas de generación más caras y más contaminantes que hay.

Si bien es posible programar los mantenimientos, el problema es que las plantas de la CFE —como cualquier otra que tenga un promedio de edad de 40 años— fallan cada vez más. El promedio de indisponibilidad por fallas de las plantas térmicas de CFE es el doble que el promedio de indisponibilidad por mantenimiento. El riesgo de incumplir con el contrato de entrega física es grande, pero todo quedará entre el corporativo: la CFE le incumplirá a la CFE y todos callados. Nadie se enterará de las ineficiencias.

El tercero en entregar energía, según el orden de despacho del presidente, serán los Productores Independientes de Energía (PIE). Aquí surgen dos nuevas dudas.

En primer lugar, los harán migrar a un contrato de entrega física. Esto es delicado porque los contratos actuales son distintos, fueron concursados a nivel internacional y firmados después de un proceso de licitación abierto y transparente, bajo condiciones impuestas por la CFE. Modificar esos contratos es posible, pero puede ser muy costoso. El que pierde es el contratante: la CFE.

Pero hay algo más importante que revela lo absurdo de la reforma. La gran mayoría de los PIE tienen un contrato con la CFE para construir plantas de cierta capacidad de generación. Con el paso del tiempo, estas empresas decidieron repotenciar sus plantas; el resto de su generación —aquello que supera lo contratado por la CFE— se vendería en el mercado eléctrico. Por ejemplo: una planta contratada como PIE 400 MW pero repotenciada a 550 MW será despachada en tercer sitio sólo después de la CFE —pero sólo hasta 400 MW. El resto, los 150 MW adicionales, deberán esperar a que se despachen todos los PIE; luego, todas las renovables privadas que siguen en el despacho, y sólo si hay mayor demanda, probablemente puedan generar al total de su capacidad. Habremos perdido —generadores y usuarios— la eficiencia y el bajo costo de estas plantas de forma absurda. Finalmente, hay que decir que los PIE sostienen el sistema eléctrico. Después del apagón de la nevada en Texas, fueron sus plantas las que echaron a andar para volver a levantar el sistema.

Otro asunto importante es cómo se calculará el costo de la energía.

Conforme a la ley original, se recibía primero la energía más barata y luego se iba recibiendo energía con un costo cada vez mayor hasta satisfacer la demanda; entonces se pagaba a todos el costo del último generador que entregó energía. Este modelo buscaba que hubiera más generación cada vez más barata para que progresivamente se recibiera menos energía de alto costo. Ofrecer energía de costos de generación más bajos significaba tener una mejor ganancia y con ello se incitaba la competencia.

Antes, tener tecnología de punta y generar barato era garantía de que tu energía sería recibida. Por lo tanto, se garantizaban los ingresos del generador al tiempo que bajaban los precios a la red y a los usuarios. Ahora la única certeza que un generador puede tener sobre si su energía será recibida en la red es tener una buena relación con el director de la CFE —quien discrecionalmente podrá firmar un contrato de entrega física. No importa que el generador no sea más barato o más limpio.

Bajo este esquema, la gran pregunta es ¿cómo se fijará el precio?

Si es por el precio más alto —y tomando en cuenta que los generadores más caros serán los segundos en entrar en operación— la energía será dramáticamente más cara, y no incentivará más generación. Pero a este gobierno no le interesa incentivar más generación, sino sólo usar la propia.

El problema es que esto significará incumplir contratos, lo que a su vez significará demandas —seguramente perdidas— que terminaremos pagando los mexicanos. Se aprobó una reforma sin sentido técnico y esta es la consecuencia. Hay una victoria política, con altísimos costos para el pueblo.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía.

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Publicado en: Energía

2 comentarios en “El imposible despacho eléctrico

  1. Además del problema del costo, existen otros servicios como el AGC (control automático de generación) que muchas plantas de CFE no ofrecen por carecer de la tecnología necesaria, y que son fundamentales para el correcto funcionamiento del sistema, la casi obsolescencia de algunas plantas de CFE y que sustituirían a plantas mas modernas y eficientes tampoco abona a la confiabilidad del sistema, es posible que al final del día tengamos un sistema mas caro, ineficiente y poco confiable.

  2. Que conveniente para las Renovables, el Gobierno-CFE, y los Fósiles: Gas Natural-Petróleo-Carbón-Combustóleo. El No mecionar a la Energía Nuclear.

    Se nota mucho el favoritismo para sólo unas cuantas.

    Al final, ese acaparamiento nos llevará más rápido al Calentamiento Global.

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