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Si el gobierno chino no miente, el primer caso de covid-19 se detectó en la provincia de Hubei el 17 de noviembre de 2019. El 1 de marzo de 2021, nexos dedica su dossier a un aspecto “nuevo” de nuestro compañero y enemigo: el virus SARS-CoV-2, la denominada fatiga pandémica. Desde el primer reporte han transcurrido 472 días. Días, en un principio, “casi normales”; China, España e Italia eran pequeños fragmentos del mundo. Con el tiempo, el pequeño statu quo, o el gran autoengaño, terminó y el virus se erigió como hermano cuasiuniversal. Covid-19 se adueñó de todo. Contagios y políticas inadecuadas son cotidianidad. Naciones ricas y pobres compartieron, y continúan haciéndolo, noticias veraces y falsas acerca de la pandemia. No hay vida ni jornada sin nuestro virus.

Ilustración: David Peón

Desbordada la población por la nueva vida —escribí nueva— no era necesario aguardar a la Organización Mundial de la Salud para saber lo que cada día se sabe: el mundo de hoy es y será diferente tras la asonada viral. Lo viven y lo experimentan niños, viejos, personal de salud, políticos y enfermos. Lo supieron también quienes tras enterarse de la infección y ser testigos de su rápido deterioro, avistaron la muerte, cuya llegada acabó con una vida y sembró dolor. Covid-19 nos ha desnudado. La imposibilidad de despedirse y estar junto al enfermo duele, trastorna, incrementa la fatiga. Pronto aparecerán artículos sobre los duelos difíciles de iniciar y por ende imposibles de terminar de quienes no tuvieron la oportunidad de acompañar ni decir adiós.

En noviembre pasado, la OMS acuñó el término fatiga pandémica, cuyas características engloban cansancio, falta de motivación, hastío, tristeza, desazón y “desmotivación para seguir las recomendaciones de protección y prevención que aumentan con el tiempo (sic)”. Según la misma organización, el 60 % de la población europea padece fatiga pandémica. No cuento con datos científicos sobre su prevalencia en Latinoamérica. Sin duda, apuesto yermo de ciencia, a que el porcentaje en América Latina y en México es mucho mayor. La pandemia de la pobreza agrava la situación; la mitad de nuestros connacionales son víctimas de ambas pandemias.

Fatiga pandémica es un término cuasielegante para describir, bajo rubros académicos, fragmentos de la realidad. Los últimos 472 días han cambiado la realidad y ésta nos ha modificado. Nada “bueno”, salvo la creación de las vacunas, han deparado ni los largos días decembrinos ni los oscuros días transcurridos antes de la publicación de este número de nexos. Vacunar a 7730 millones de habitantes podría sembrar optimismo. No será así. Ignoro si habrá vacunas suficientes. No ignoro otros avatares: incontables millones de personas son considerados subhumanos a lo que agrego la desconfianza, in crescendo, de diversas poblaciones, ricas y pobres, “cultas” y desprovistas de información, sobre la misma enfermedad: ¿es real?; ¿la crearon Bill Gates, George Soros, los chinos o los judíos?; ¿son adecuadas las políticas públicas de salud?; ¿son eficaces las vacunas?

En la primavera de 2020 la población abrasada por miedo se resignó. No había una segunda opción. Ahora, inmersos en la tercera oleada pandémica, y ante la emergencia de variantes virales, dominan el panorama el hastío, la desconfianza, el enojo y el descuido.

Fatiga pandémica es un término ad hoc. La OMS ha difundido un video con consejos prácticos para afrontar la pandemia. Los pobres no cuentan con elementos para seguir sus sugerencias. Inmerso en la pandemia me gustaría concluir abrigado por esperanzas. No puedo. La incertidumbre genera más incertidumbre cuando no hay respuestas claras y algunos políticos —léase México— trastabillan de un lado a otro. La incertidumbre y la desconfianza no son ni buenas compañeras ni consejeras. Paliar la fatiga pandémica es imprescindible, tanto para la humanidad como para la economía. ¿Qué hacer?, me pregunto. ¿Qué hacer?, pregunto.

 

Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Integrante del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.

 

10 comentarios en “Fatiga pandémica

  1. La incertidumbre provocada por una pandemia que parece no tener fin, provoca, desde luego, sentimientos como la frustración, tristeza, ira, etc. Más allá de las estadísticas existe una realidad no cuantificada: he precenciado en las calles a lo largo del encierro por lo menos 8 explosiones de ira e intoleracia, he podido ver vecinos que sumaron peso a sus cuerpos sin faltar niños obesos y emocionalmente apagados, también he visto el miedo rampante reflejado en las miradas, la paranoia, en suma la locura. También vi a una pequeña – de 6 años tal vez e indígena- caer al suelo por cansancio por quien dabe cuantas horas de caminar en compañía de su madre que vende chucherías como modus vivendi. No, no es lo mismo ser pobre que rico, analfabeta que escolarizado; no es lo mismo el millonario que zarpó con su familia en su yate de superlujo o los que rentaron mansiones en destinos turísticos; no, no es lo mismo cambiar de lugar deresidencia en busca de opciones educativas para los niños y de mejor calidad de vida y poder huir a las montañas, o bien, comprar un cachorro para los niños, mascotas que dada la demanda alcanzan precios que no son para todos. En fin, la cultura es una defensa en tales circunstancias. Escribo estas notas desde la terraza de un café en el que inveteradamente reviso la prensa, leo, hago llamadas, citas. Ni un solo día he faltado a mi cita del café con letras. Saludos como siempre.

    • Saúl,
      Perogrullo dixit tus observaciones, con las cuales, por supuesto, concuerdo: el problema radica en romper esa cadena, lo cual, lamentablemente, nunca sucederá. Lo que sí sucede, en cambio, es que cuando nuevas fracturas nos alcanzan mas se hunde la especie humana, Y así. No hay remedio. El virus nos ha desnudado y ha demostrado cuan indefensos somos y cuan mal manejamos sucesos como el que ahora nos hunde más.
      Abrazo,
      Arnoldo

  2. Fui un niño viejo, un amigo de mis padres, para mi disgusto, me decía el viejito. Empero, como muchos, me convertí lo que en el boxeo llaman un fajador, es decir, un peleador que se crece al castigo con todas las apuestas en contra menos una. Así se forjo mi carácter. Tengo una propuesta: que en el sistema educativo se imparta como curso obligatorio la historia de esta pandemia. Enfrentamos la crisis de la civilización urbana y por ende de la globalización. Usted y otros profesores tienen la palabra. Saludos.

    • Gracias Saúl, tu idea es adecuada y certera, pero, estoy seguro que la sordera en este y los gobiernos previos en cuanto a la educación, en este caso de los niños y niñas, es absoluta. He hablado de lo mismo y he sugerido que los alumnos pequeños estudien resiliencia, conozcan migrantes, indocumentados, dialoguen con mujeres violadas, estudien las implicaciones del dolor… y nada.
      Mil gracias por tu continuo interés.
      Arnoldo

  3. Estamos mortalmente cansados y aburridos, y esto parece universal. Considero que necesariamente llegaran trabajos académicos multidisciplinarios sobre la primer pandemia universal para der leídos y estudiados en universidades, bachilleraro secundaria y educación básica y desde luego como difusión al público en general, y los temas que usted toca tambien estarán comprendidos como un apartado de la resiliencia de nuestra especie más allá del lugar común y de los gobernantes.

    • Gracias Saúl,
      Pues sí, considero, lo he escrito, que temas como resilencia, refugiados, feminicidios, indocumentados, pobreza y libre albedrío, entre otros, deberían formar parte del currículo desde las escuelas primarias. No es así y creo que nunca lo será en nuestro medio.
      Saludos,
      Arnoldo

  4. Según la Encuesta de Salud y Nutrición en Niñas y Niños Menores de 12 años durante la pandemia 47% de esos menores aumentó de peso. Corrobora mi observación empírica hecha desde mi ventana. ¿Perogrullo? Puede ser.