Los contratos de entrega física y el proveedor de tortillas

Uno de los puntos centrales de la iniciativa de reforma del presidente a la ley de la industria eléctrica es voltear el despacho eléctrico para que ya no se reciba primero la energía más barata, sino la de la CFE, cualquiera que sea su costo.

Para ello, la iniciativa busca crear un modelo de contrato llamado “contrato de entrega física”. ¿Qué es esto?

Se refiere a que el generador de energía eléctrica se comprometa a entregar al suministrador —que nos vende la energía a nosotros— cantidades precisas de energía en horas determinadas por muchos años y, por tanto, se le dé preferencia. Esto es bajo el supuesto de que la CFE puede garantizar la entrega física de energía a un día y hora exactos por los siguientes años. Tal compromiso no puede ser asumido por otros recursos más baratos, como las renovables, cuyos estimados para los siguientes días son precisos, pero sus aproximaciones para los años siguientes no pueden garantizar cantidades exactas.

Explicarlo es muy sencillo. Imagine usted que tiene una taquería y tiene dos tipos de proveedores de tortillas: uno le ofrece un tortillero de tiempo completo en su taquería que le  entrega las tortillas ahí, a un costo de 50 pesos el kilo. Por otro lado, tiene un proveedor que sólo va a ciertas horas, pero garantiza la entrega de las tortillas que necesita a 15 pesos el kilo.

¿Qué haría usted? Parece que cualquier persona compraría las tortillas al que se las vende a 15 pesos siempre que se las ofrezca. Y como le avisa con tres días de anticipación cuánto le puede surtir, planea sus compras para comprarle la mayor cantidad. Sólo cuando no sean suficientes —o sepa que no le va a llevar— comprará el resto de tortillas al que se las ofrece a 50 pesos el kilo. ¿No es asi?

Pues así funciona el mercado eléctrico por mérito económico.

Lo que busca la reforma del presidente es que se firme un contrato para adquirir todas las tortillas del proveedor que vende a 50 pesos el kilo y, sólo si hace falta se le compre al de 15 pesos. ¿No le parece absurdo?

El pretexto del contrato es teórico: el de 50 pesos le asegura que siempre tendrá cierta cantidad de tortillas ahí.

Pero esto tiene muchas complicaciones. En primer lugar, el vendedor de 50 pesos el kilo se ausenta cada vez más por problemas de salud, más allá de sus descansos normales programados. Por tanto, el contrato ni siquiera garantiza que esté todo el tiempo en su negocio y tenga las tortillas necesarias. En segundo lugar, el vendedor de 50 pesos cuece sus tortillas con leña o diésel, lo que le genera una fumarola constante en su negocio.

Pues así pasa con la iniciativa del presidente: crea los contratos de entrega física bajo el supuesto de que las generadoras de la CFE pueden, por trabajar con combustibles, satisfacer constantemente la energía que requiere el sistema. Y por eso se busca priorizar la recepción de la energía de estos generadores aunque cuesten en promedio 1 187 pesos por cada MWh contra los 381 pesos que le cuesta a los privados (datos de memorias de cálculo de suministro básico de la CRE). Sólo se recibiría la energía de renovables y ciclos combinados privados cuando la de la CFE, contaminante y cara, no alcance.

Refinerías y cambio climático

Ilustración: Víctor Solís

Pero, como mencioné antes, esto está basado en la falacia de que las generadoras de la CFE pueden entregar la energía de forma sostenida. ¿Por qué es una falacia? Porque, según el Programa de Desarrollo del Sector Eléctrico Nacional versión 2019-2033, las generadoras de la CFE tienen cada vez más fallas que no se pueden predecir, a diferencia de la variabilidad de las renovables que nos permite saber con gran precisión cuánto generarán en las siguientes 24, 48 y 72 horas. Además, la falta de disponibilidad de las centrales eléctricas de la CFE por fallas duplica su indisponibilidad por mantenimiento.

En suma: la hipótesis de los contratos de entrega física de energía que propone el presidente es comprarle al proveedor de tortillas que vende caro, llena de humo su negocio y se ausenta de forma imprevista por enfermedad el doble del tiempo que descansa.

¿Cuál es la razón? El vendedor de tortillas a 15 pesos le cae mal y el de 50 pesos es su consentido.

¿Quién perderá? La taquería: incrementará sus precios y perderá clientes; sus trabajadores verán mermados sus ingresos o de plano se quedarán sin chamba. Y claro, el negocio puede venirse abajo, además de que los comensales empezarán a enfermarse por el humo.

Mientras, le seguirán comprando al que le cae bien al gerente.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía.

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Publicado en: Energía