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En octubre de 2020 los restos descuartizados de Jesús Tinajero, excandidato del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) a la alcaldía de Jerécuaro, aparecieron en una carretera de Guanajuato. Asesinatos macabros como éste, de políticos lo cales y candidatos a las presidencias municipales en México, se han vuelto cada vez más frecuentes. Este tipo de sucesos ocurridos desde ya hace varios años en México ha llevado a diversos investigadores a preguntarse cuáles son las causas de la escalada de violencia generalizada. Los estudios realizados han hallado diversos factores que generan violencia tales como el conflicto interpartidista, la fragmentación de las organizaciones criminales y problemas de coordinación entre los partidos gobernantes en distintos niveles de gobierno.1

Ilustraciones: Estelí Meza

En un artículo publicado en 2019 en la revista académica Trends in Organized Crime nos enfocamos en la violencia ocurrida durante los ciclos electorales a nivel municipal entre 2006 y 2011 para brindar respuestas a dos preguntas de investigación relevantes vinculadas con estos asesinatos y con el incremento de la violencia generalizada durante las campañas electorales.2 Primero respondemos a la pregunta que indaga sobre los determinantes que hacen a este tipo de violencia más frecuente. Nuestro análisis revela que la asiduidad de estos asesinatos está fuertemente asociada al ciclo electoral local. Los hallazgos indican que durante los meses previos al día de las votaciones, y en particular durante los tres previos al día de registro de los candidatos, los crímenes aumentan de manera significativa. La otra pregunta examina si la violencia hacia políticos locales y candidatos está asociada a aumentos en el nivel de violencia criminal generalizada, es decir, aquélla que afecta a la población. Encontramos que éste es el caso y explicamos que el fenómeno responde a que los actos de las organizaciones criminales para influir en las decisiones de los gobiernos municipales —o incluso tomar control— atizan los enfrentamientos entre ellas durante las semanas previas al día de las elecciones municipales. De esta manera, sostenemos que los grupos criminales, en especial aquéllos que no influyen o controlan gobiernos locales, consideran a las elecciones municipales como una ventana de oportunidad para cambiar el statu quo, y que tal intervención en las contiendas electorales desata mayor violencia generalizada.3

¿Qué gana el crimen organizado al cometer actos de violencia en las elecciones locales? Las organizaciones criminales pueden obtener múltiples beneficios si logran influir en las decisiones o incluso tomar control (indirectamente) de los gobiernos municipales. Estos beneficios incluyen mayores facilidades para transportar y vender drogas en los mercados locales, menores restricciones o controles para el lavado de dinero, información sobre las estrategias y posibles acciones de otras organizaciones criminales, protección de la policía local e incluso apoyo de las fuerzas de seguridad locales para combatir a grupos delictivos rivales.4 Además, el control o influencia de las organizaciones criminales sobre los gobiernos municipales puede incrementarles sus ingresos por medio de la extracción ilegal de recursos de la población (extorsión y secuestro).5 Finalmente, estas organizaciones criminales también pueden beneficiarse al sacar recursos de los gobiernos municipales.6 Éstas son ventajas importantes que las organizaciones criminales buscan obtener especialmente en un clima de alta competencia con grupos delincuenciales. Como ya ha sido documentado, la rivalidad y el combate violento entre organizaciones criminales se intensificó a partir del gobierno de Felipe Calderón, cuando la profundización de las fuerzas armadas llevó a que las organizaciones criminales existentes se fragmentaran.7

De esta manera, si las organizaciones criminales ejercen su poder y logran que algún candidato aliado gane las elecciones, su influencia sobre lo que decide el gobierno local puede aumentar significativamente y, con ello, disfrutar de las ventajas mencionadas líneas arriba. Los grupos delictivos que resultan ganadores del statu quo imperanteintentarán mantenerlo frente a sus competidores. En consecuencia, aquellas organizaciones criminales beneficiadas buscarán que el resultado de las elecciones municipales no disminuya el grado de influencia que ejercen sobre los gobiernos municipales. Pero ¿por qué los grupos criminales cometen actos de violencia antes de la elección y no esperan a que haya un ganador para controlar a los gobiernos municipales? Nuestra investigación sugiere que al crimen organizado le resulta más atractivo intervenir en el proceso electoral, ya que puede ser más costoso tomar control sobre los gobiernos municipales cuando los alcaldes asumieron el gobierno municipal. Una vez bien establecidos, el alcalde y sus funcionarios gozarán de la protección de la policía local y posiblemente también de la de alguna otra organización criminal rival. Cambiar el statu quo en estas condiciones puede resultar más oneroso y menos factible para las organizaciones criminales.

El crimen organizado puede emplear distintas tácticas para alterar los resultados electorales y lograr que un candidato afín a sus intereses gane las elecciones municipales. Sin embargo, una estrategia efectiva a su disposición consiste en el uso de la violencia. Aunque esta opción no es el único medio disponible para lograr este objetivo, es efectiva para obtener los resultados electorales deseados.8 Por ejemplo, los grupos criminales atentan contra la vida de candidatos rivales a su organización para eliminar estas opciones electorales.9 También podrían hacer que desistan de competir los precandidatos no afines a sus intereses si la amenaza de violencia resulta creíble.10 Si logran su objetivo de modificar la composición de la oferta electoral, los resultados electorales pueden terminar seriamente distorsionados a su favor. Además, la violencia también puede emplearse como medio inhibidor de la eficacia de las campañas electorales de los candidatos no aliados. Mediante actos violentos o con la amenaza de cometerlos, los candidatos no aliados pueden verse obligados a realizar campañas electorales más modestas para minimizar el riesgo de ser asesinados.11

Por el lado de la demanda electoral, los resultados electorales también pueden verse alterados si las organizaciones criminales son capaces, mediante el uso frecuente de la violencia, de cambiar la dirección del voto de los ciudadanos o de inhibir su participación el día de la elección.12 Al mismo tiempo, tales actos violentos pueden atizar el conflicto entre las organizaciones criminales, especialmente cuando aquellos grupos rivales buscan cambiar el balance de poder para tomar el control del gobierno municipal o incrementar su influencia sobre éste. De hecho, nuestra investigación revela que los atentados a los políticos locales y candidatos a las elecciones municipales preceden a los picos de violencia criminal que ocurren entre las organizaciones criminales. Dicho de otro modo, los actos violentos ejercidos contra candidatos y políticos locales encienden la llama de la violencia, y debido a que esta combustión ocurre antes de las elecciones, el nivel de violencia fluctúa de acuerdo con los ciclos electorales.

Una vez que en nuestro estudio mostramos que efectivamente el ciclo electoral está asociado positivamente con picos de violencia criminal, indagamos en qué momento se manifiesta tal asociación. Para este propósito, dividimos el periodo electoral en tres etapas: 1) previa al registro de candidatos; 2) entre el día posterior al registro y el día antes de la elección; y 3) después del día de la elección.

 

Durante el periodo previo al registro de los candidatos, las organizaciones criminales pueden buscar que sus candidatos preferidos logren inscribirse o evitar que los políticos afines a los intereses de otros grupos delictivos se registren. Mediante amenazas a posibles candidatos o incluso asesinatos, las organizaciones criminales pueden lograr afectar la composición de la oferta electoral a su favor. Al lograr reducir la oferta electoral, los grupos delictivos incrementan las posibilidades de que su candidato preferido triunfe en las elecciones. Esta estrategia puede resultar altamente atractiva debido a lo relativamente fácil y poco costoso que es atentar contra la integridad de los precandidatos. De hecho, nuestro estudio verifica que el número de políticos locales asesinados experimenta un pico de violencia durante los tres meses previos al día de registro de candidatos. Asimismo, reportamos que el número de organizaciones criminales que se comportan violentamente (medido por el número de homicidios) durante este periodo también aumenta. En resumen, la violencia política perpetrada por las organizaciones criminales en contra de los políticos se vuelve más activa durante este periodo.

 

La violencia en contra de los políticos locales se extiende a nivel municipal durante el periodo comprendido entre el día después del registro de candidatos y el día previo a la elección. Hay un aumento en los atentados en contra de políticos locales. Se incrementan los enfrentamientos entre organizaciones criminales y así encienden el combate generalizado que se registra entre ellas. Las acciones violentas de las organizaciones criminales se pueden enfocar ahora no sólo en modificar la composición de la oferta electoral mediante el asesinato de candidatos o renuncias forzadas a las candidaturas, sino también en afectar la efectividad de las campañas electorales. Como resultado, tanto candidatos como votantes pueden sufrir atentados o amenazas que los lleven a cambiar sus decisiones y terminen por afectar los resultados electorales.13 En contraste, aquellos candidatos protegidos por organizaciones criminales poderosas pueden hacer campañas electorales más agresivas y exitosas.14 No obstante, estos intentos por dirigir el voto y modificar los resultados electorales pueden intensificar los enfrentamientos entre las organizaciones criminales. Precisamente esto es lo que encontramos en nuestro estudio, pues en este periodo se registra un aumento significativo en la violencia criminal que alcanza su nivel máximo en los días previos a las votaciones.15

 

Existen dos argumentos por los cuales la violencia criminal también puede experimentar un pico después del día de la elección. En primer lugar, las organizaciones criminales pueden buscar minimizar el riesgo moral de los políticos locales e imponer políticas que les faciliten sus negocios ilegales. Mediante el uso de la violencia los grupos delictivos pueden intentar influir en el comportamiento de las autoridades municipales aún si éstas fueron apoyadas por otra organización criminal. Dicha acción puede generar que los grupos delincuenciales, que apoyaron al candidato ganador, reaccionen contraatacando a sus rivales para así proteger sus intereses. Tales enfrentamientos pueden producir espirales de violencia durante este periodo poselectoral. De esta manera, los niveles de violencia podrían experimentar un nuevo pico inmediatamente después del día de la elección. Aunque es lógicamente posible, no encontramos evidencia de que esto ocurra. Mientras que los niveles de violencia criminal aún se mantienen relativamente altos una vez concluida la jornada electoral, en buena medida por la espiral de violencia generada previa a la elección, nuestro estudio demuestra que los actos de violencia declinan rápidamente después del día de la elección.16 En otras palabras: los resultados muestran que una vez que una nueva autoridad municipal toma el control del gobierno, la violencia criminal generada por el ciclo electoral empieza a desaparecer. Por lo tanto, ya que los actores políticos logran acceder a los recursos que les ofrece el gobierno municipal, entre ellos la protección de la policía y posiblemente la de otra organización criminal, los niveles de violencia empiezan a caer.

Las implicaciones de estos hallazgos son importantes. En términos generales, nuestros resultados coinciden con otros análisis en cuanto a que la democratización del país no sólo produjo mayor competencia y pluralidad política, sino que también ha estado acompañada por mayor violencia a nivel subnacional. No obstante, a diferencia de otros estudios, nuestra investigación encuentra que es precisamente un componente esencial de la democratización —los ciclos electorales— que ha incentivado en buena medida los picos de violencia criminal. Debido a que la democracia hizo que las elecciones fueran los principales mecanismos de acceso al poder, las organizaciones criminales buscan incidir en éstas para facilitar sus actividades ilegales, incrementar sus ganancias y afianzar sus territorios. Nuestros hallazgos sugieren que un momento factible para lograr este objetivo es previo a las elecciones, al realizar actos violentos que allanen la victoria a sus candidatos.

En particular, nuestro análisis revela que el ciclo electoral crea fluctuaciones importantes en los niveles de violencia criminal, pues ésta experimenta picos en los meses anteriores al día de la elección. De este modo, el ciclo electoral crea incentivos para la intervención violenta de las organizaciones criminales, las cuales perciben a las votaciones como una ventana de oportunidad para controlar o por lo menos aumentar su influencia sobre las autoridades del gobierno municipal para así facilitar el transporte y la comercialización de drogas. Nuestros hallazgos también sugieren que el momento para que tales acciones violentas tengan un impacto eficaz está entre el día de registro de candidatos y el día de elección. Esta evidencia y aquélla presentada por Ponce17 sobre los efectos de la violencia en los resultados electorales y en la competencia electoral sugieren que un número apreciable de los gobiernos municipales en México se encuentra bajo la influencia de las organizaciones criminales. Al mismo tiempo, estos resultados también revelan que los gobiernos municipales son percibidos como botines no sólo para alterar política pública, sino también como instancias facilitadoras de sus actividades extractivas ilegales. Ciertamente se requiere de más investigación para poder determinar hasta qué punto las organizaciones criminales han logrado penetrar en las actividades y decisiones de la gobernanza municipal. Es posible que tal nivel de influencia y la forma en que lo hacen también dependan del partido que controle el municipio o de la organización criminal que lo respalde. Resulta imperativo que no sólo se proteja la integridad de las elecciones y la de los candidatos que compiten en éstas, sino también la de las autoridades municipales para que éstas reduzcan la influencia de las organizaciones criminales. Aunque aquí reseñamos y comentamos los hallazgos de nuestro artículo de investigación, recomendamos su lectura no sólo a los estudiosos de la violencia en México, sino también a los tomadores de decisiones y responsables de la política de seguridad. Únicamente comprendiendo más a fondo la lógica y dinámica de la violencia criminal será posible diseñar e implementar estrategias eficientes para su disminución.

 

Aldo F. Ponce
Investigador de la División de Estudios Políticos del CIDE en Ciudad de México.

Rodrigo Velázquez López Velarde
Investigador de la División de Administración Pública del CIDE en Ciudad de México.

Jaime Sainz Santamaría
Investigador de la División de Administración Pública del CIDE en Aguascalientes.


1      Ver: Atuesta, L., y Ponce, A. F. “¿Cómo las intervenciones de las fuerzas públicas de seguridad alteran la violencia? Evidencia del caso mexicano”, Cuadernos de trabajo del monitor del Programa de Política de Drogas, Reporte 19, 2016, pp. 1-41. Atuesta, L., y Ponce, A. F. “Meet the Narco: Increased Competition among Criminal Organizations and the Explosion of Violence in Mexico”, Global Crime, 18(4), 2017, pp. 375-402. Trejo, G., y Ley, S. “Federalismo, drogas y violencia. Por qué el conflicto partidista estimula la violencia del narcotráfico en México”, Política y gobierno 23-1, 2016, pp. 11–56. Ríos, V. “Why did Mexico become so Violent? A Self-reinforcing Violent Equilibrium Caused by Competition and Enforcement”, Trends in Organized Crime,16, 2013, pp. 138–155.

2 Utilizamos como fuente para nuestro estudio la base de datos del Programa de Política de Drogas y el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

3 Ponce, A. F. “Cárteles de droga, violencia y competitividad electoral a nivel local: Evidencia del caso mexicano”, Latin American Research Review, 51(4), 2016, pp. 62-85.Ponce, A. F. “Violence and Electoral Competition: Criminal Organizations and Municipal Candidates in Mexico”. Trends in Organized Crime, 22(2), 2019, pp. 231-254. Ponce, A. F.; Velázquez, R., y Sáinz Santamaría, J. “Do Local Elections Increase Violence? Electoral Cycles and Organized Crime in Mexico”, Trends in Organized Crime, 2019,DOI 10.1007/s12117-019-09373-8, 2019.

4 Ponce, ob. cit. 2016 y 2019.

5 Ibid.

6 Ibid.

7 Atuesta y Ponce, ob. cit., 2016 y 2017.

8 Ponce, ob. cit., 2016 y 2019.

9 Ponce, ob. cit., 2019.

10 Ibid.

11 Ponce, ob. cit., 2016.

12 Ibid.

13 Ponce, ob. cit., 2016 y 2019.

14 Ibid.

15 Los resultados de una regresión no paramétrica implementada para nuestra investigación indicaron que los niveles de violencia aumentan, en promedio, durante los cuatro meses previos al día de la elección.

16 Los resultados de una regresión no paramétrica implementada para nuestra investigación mostraron que los niveles de violencia caen, en promedio, durante los cinco meses posteriores al día de la elección, para luego estabilizarse en un nuevo equilibrio.

17 Ponce, ob. cit., 2016 y 2019.