A quien nos lee,
si quieres apoyar nuestro trabajo te invitamos a suscribirte a la edición impresa.

SUSCRÍBETE

Nosotros, los maestros de la facultad de medicina en París, inspirados en nuestro deseo de lograr algo que sea de beneficio público, hemos decidido hacer un breve compendio de las causas distantes e inmediatas de la epidemia universal presente, hasta donde el intelecto humano pueda entenderlas. Decimos que la causa primera y distante de la pestilencia estuvo y está en la configuración de los cielos. En 1345, a la una de la tarde del 20 de marzo, hubo una conjunción mayor de tres planetas en Acuario. Esta conjunción, al causar una corrupción mortífera del aire que nos rodea, significa muerte y hambruna. Según Aristóteles, la mortalidad de las razas y el despoblarse de los reinos ocurre en la conjunción de Saturno y Júpiter, ya que entonces surgen grandes eventos, su naturaleza depende del trígono en el que ocurre la conjunción. Y Alberto Magno dice que la conjunción de Marte y Júpiter causa una gran pestilencia en el aire, sobre todo cuando se juntan en un signo caliente, húmedo, como fue el caso en 1345. Ya que Júpiter, al ser húmedo y caliente, levanta vapores malignos de la tierra, y Marte, al ser caliente y seco en exceso, entonces enciende los vapores, como resultado hubo relámpagos, centellas, vapores nocivos y fuegos por todo el aire.

Creemos que la epidemia o peste actual ha surgido del aire corrupto en su materia. Lo que ocurrió fue que durante el tiempo de la conjunción muchos vapores ya corrompidos se levantaron de la tierra y del agua y luego se mezclaron con el aire y se difundieron por todas partes por medio de frecuentes rachas de viento en los salvajes vendavales del sur. Estos vientos, que se han vuelto tan comunes por aquí, han traído entre nosotros (y quizá continúen haciéndolo en el futuro) vapores malos, podridos y venenosos de otras partes: pantanos, lagos y abismos, por ejemplo, y también (lo cual es aún más peligroso) de cadáveres insepultos o no cremados —que también pudieron ser una causa de la epidemia. Otra posible causa de corrupción es el escape de la podredumbre atrapada en el centro de la tierra como resultado de terremotos; algo que ha ocurrido de modo reciente.

El clima fuera de estación es una causa particular de enfermedades. Ya que los antiguos, Hipócrates en especial, convienen en que si las cuatro estaciones se desvían y no siguen su curso apropiado, en ese año se engendran las pestes y las pasiones mortales. La experiencia nos dice que por un tiempo las estaciones no se han sucedido del modo apropiado. El último invierno no fue tan frío como debió ser, con una gran cantidad de lluvia; la primavera estuvo llena de viento y húmeda al final. El verano llegó tarde, no tan caliente como debiera, y húmedo al extremo; el clima muy cambiante día a día y hora tras hora, y el aire turbulento, como si fuera a llover y luego nada. El otoño, también estuvo muy lluvioso y con neblina. El aire es pestilencial porque aquí todo el año —o su mayor parte— fue cálido y húmedo. Ya que es una señal de pestilencia que el aire esté cálido y húmedo en tiempos fuera de estación.

A juicio de los astrólogos (quienes en esto siguen a Ptolomeo) las pestes futuras son muy probables, aunque no inevitables, porque se han observado muchas exhalaciones y encendimientos, como un cometa y estrellas fugaces. También, el cielo se ha visto amarillo y el aire enrojecido por los vapores quemados. Ha habido también muchos relámpagos y destellos y frecuentes truenos, y vientos de tal violencia y fuerza que han traído tormentas de polvo desde el sur. Estas cosas, y en particular los poderosos terremotos, han hecho un daño universal y han dejado un rastro de corrupción. En las costas ha habido aglomeraciones de peces muertos, animales y otras cosas, y en muchos lugares los árboles están cubiertos de polvo, y algunas gentes dicen que han visto una multitud de sapos y reptiles generados por la materia corrupta; y al parecer todas estas cosas vienen de la gran corrupción del aire y la tierra. Todas estas cosas las han visto antes como señales de peste numerosos sabios a quienes aún se recuerda con respeto y quienes las experimentaron. No sorprenda, por tanto, nuestro temor a que estaremos metidos en una epidemia.

Fuente: Lapham’s Quarterly. “Climate”, otoño 2019. [Esto es parte de un informe de la facultad de medicina de la Universidad de París. La peste bubónica surgió en China en 1334, y viajó por las rutas comerciales de Constantinopla a Italia antes de llegar a París —donde entonces vivían unas 200 000 personas— en la primavera de 1348. Para el tiempo en que el rey Felipe VI comisionó este informe en octubre, los parisinos morían a una tasa de 800 diariamente. Al final murió una tercera parte de la población.]

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.