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En nuestros imaginarios sociales, el sujeto con discapacidad suele ser un niño con discapacidad intelectual: “un ángel caído del cielo” para que su familia aprenda a dar amor. Sin embargo, en México, aunque nacen más niños que niñas con discapacidad, la prevalencia de ésta es considerablemente mayor entre las mujeres. En el país hay, al menos, medio millón más de mujeres que hombres viviendo con discapacidad.1 Las mujeres no sólo son más propensas a tener una discapacidad a lo largo de su vida, sino que los grados de la misma son mayores y aumentan con la edad.

Ilustración: Kathia Recio

Gracias a los datos del Inegi sabemos que el sexo, la edad y la localidad son elementos clave para entender el rostro de la población que vive con discapacidad en el país.2 El hecho de ser mujer, envejecer y habitar localidades urbanas son factores que aumentan las posibilidades de adquirir una discapacidad. Si a esto se suma la pobreza, que también afecta más a las mujeres, la discapacidad como problemática social tiene una dimensión de género desproporcionada en perjuicio de las mujeres.

En la combinación mencionada están involucradas tanto la mayor esperanza de vida de las mujeres como la mirada médica sobre su cuerpo. La segunda seguido lleva a diagnósticos inadecuados por sesgos de género (por ejemplo, cuando el malestar se descarta como un asunto de salud mental) y a que la enfermedad se atienda tardíamente. Sin embargo, hay ciertas condiciones que se producen en virtud de las exigencias y omisiones que existen para las mujeres en México: el tipo de trabajo al que se dedican, sobre todo de cuidados, la violencia que las asedia y las brechas en el acceso al empleo y a la riqueza. La ausencia de políticas públicas eficaces para contrarrestar esto, marcan, literalmente, el cuerpo de las mujeres.

En la última información desagregada, correspondiente al 2014, 4.6 millones de personas con discapacidad no contaron con el ingreso suficiente para adquirir la canasta básica.3 Aunque no conocemos cuántas de esas personas eran mujeres, sí sabemos que el 72.3 % de las mujeres con discapacidad no realizaban actividad económica remunerada (a diferencia de sus pares hombres, entre los cuales la cifra es de 47.1 %), lo que implicaría mayor riesgo para ellas.4 Pese a esto, el programa de Pensión para el Bienestar de las Personas con Discapacidad Permanente, impulsado por esta administración, al 13 de junio comunicó atender a un 56 % de hombres y a un 44 % de mujeres.5 Esto se suma a las inequidades de género en el acceso a la salud pública, que depende mucho de redes de parentesco.6

Si la relación de las mujeres y la discapacidad en México es complicada, la emergencia sanitaria sólo la ha empeorado. La enfermedad por SARS-CoV-2 se manifiesta sobre todo entre los hombres, sin embargo, en virtud de lo normalizado de la desigualdad de género en nuestras estructuras y sistemas, son las mujeres las que han tenido que lidiar con la mayoría de lo que ello implica.7

Ante la emergencia sanitaria se decidió que los casos graves de coronavirus serían atendidos por el sistema de salud, pero la mayoría de las personas enfermas, alrededor del 80 %, son cuidadas en casa, lo mismo que aquéllas que sobreviven a la hospitalización.8 Frente a la reducida capacidad del sistema de salud en nuestro país, el derecho a la salud es trasladado como carga a las familias, sobre todo a las mujeres, quienes están socialmente presionadas a cuidar.9 Si a esto sumamos las dobles y triples jornadas laborales a las que están acostumbradas —al encargarse del cuidado del resto de la familia, la atención a los niños, el mantenimiento del hogar y, cuando las hay, sus actividades remuneradas—, el desgaste de su cuerpo es inminente. Si además agregamos la incidencia de la violencia intrafamiliar, los efectos psicosociales y físicos de esta situación para las mujeres no se pueden menospreciar. Ponen el escenario para que la enfermedad y eventuales discapacidades entre las mujeres aumenten.

Para revertir las condiciones que generan la sobrerrepresentación de mujeres con discapacidad, tanto en prevalencia como en grado, es necesario considerar que la discapacidad no es la enfermedad en concreto, sino el efecto de las barreras sociales. Se necesita atención en distintos niveles. En lo estructural: identificar, visibilizar y modificar las desigualdades que vulneran a las mujeres tanto en la salud como en la enfermedad. En los sistemas: asumir que la idea de la “familia tradicional” aunada a la ausencia del Estado fomentan que las garantías de cuidado, educación y seguridad social recaigan en las mujeres en detrimento de su cuerpo y mente. Un sistema de cuidados robusto, con formas de apoyo y presupuesto para las mujeres, es indispensable para detener el ciclo de cuidados, pobreza y discapacidad entre las mujeres mexicanas.

 

Alejandra Donají Núñez
Politóloga. Ha publicado en Animal Político, con el Seminario de Sociología General y Jurídica de la Facultad de Derecho de la UNAM y con la Red Iberoamericana de Expertos en la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad.


1 Inegi. La discapacidad en México, datos al 2014, 2016, pág. 22.

2 Ídem.

3 Coneval. Informe de pobreza en México 2014, 2016, pág. 70.

4 Inegi, ob. cit., pág. 66.

5 Aunque se ha referido que el programa atiende a población indígena como prioridad, lo cierto es que, de acuerdo con datos del Inegi, en el país en 2014 había alrededor de 484 000 personas con discapacidad hablantes de lengua indígena; 248 000 de esas personas son mujeres, es decir, son más las mujeres y, además, la prevalencia de la discapacidad en esta población es superior que a nivel nacional (7.1 % contra 6 %).

6 Coneval. Pobreza y género en México: hacia un sistema de indicadores. Información 2008-2018.

7 Manrique de Lara, A., y Medina Arellano, M. J. “The COVID-19 Pandemic and Ethics in Mexico Through a Gender Lens, Bioethical Inquiry, 2020. ONU Mujeres. Manual para la acción parlamentaria. Respuestas sensibles al género ante la COVID-19, 2020.

8 Secretaría de Salud Guanajuato. Coronavirus, preguntas frecuentes, 2020.

9 Morales, A.; Miranda, P., y Villa y Caña, P. “Pide AMLO a mujeres y familias cuidar a los abuelitos ante coronavirus”, El Universal, 24 de marzo de 2020.

 

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