Entre el primer gobernador cardenista de Michoacán y el último median cincuenta años y un partido revolucionario institucional. En el lapso que va de 1928 a 1932 Lázaro Cárdenas llevó a Michoacán un proyecto social y político francamente alternativo al desarrollado por el estado callista. Toda proporción guardada, entre 1980 y 1986 el gobernador Cuauhtémoc Cárdenas impulsó un programa social reformista y un tibio proyecto político de renovación democrática. Al término de su administración ambos políticos fueron satanizados y sus seguidores sometidos a una cacería de brujas. Antes de cumplirse un año, ambos figuraron como precandidatos a la presidencia de la república. En el primer caso, la experiencia michoacana prefiguró el proyecto de país que Lázaro Cárdenas desarrollaría más tarde como presidente. Probablemente aquí terminen las similitudes, aparte el apellido. Gracias a sus detractores, el experimento del ingeniero Cárdenas está en camino de convertirse en mera historia regional. Y no obstante, por sus aciertos y sus desaciertos, es una experiencia importante en el debate sobre las alternativas de país que nos depara el futuro.
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