Yo soy un hombre nacido realmente a destiempo. En mi juventud no se respetaba más que a los viejos y lo que puedo decir de los viejos de entonces es que no toleraban que los jóvenes hablasen de sí mismos. Los hacían callar hasta cuando estaban hablando de cosas que, a pesar de todo, habrían sido de su incumbencia; por ejemplo, de amor. Yo me acuerdo de un día en que estaban hablando con mi padre dos coetáneos suyos de una gran pasión que le había entrado a un señor muy rico de Trieste y por culpa de la cual se estaba arruinando. Era una reunión de personas de cincuenta años para arriba, que, por consideración a mi padre, me admitían entre ellos designándome con el amoroso calificativo de pollito.

Yo, como es natural, guardaba a los viejos el respeto que la época imponía y esperaba ansioso aprender de ellos incluso el amor. Pero necesitaba un esclarecimiento, y para tenerlo metí en la conversación las siguientes palabras:

—Yo, en un caso semejante…

Mi padre no me dejó continuar.

—Mira por dónde… ahora hasta los gatos quieren zapatos.

Ahora que soy viejo no se respeta más que a los jóvenes, así que yo he pasado por la vida sin ser respetado nunca. De lo cual debe haberme nacido cierta antipatía por los jóvenes que son respetados ahora y por los viejos a quienes entonces se respetaba. Estoy solo en este mundo, en vista de que hasta la edad ha sido siempre una inferioridad para mí.

Fuente: Italo Svevo, Corto viaje sentimental. Traducción de Carmen Martín Gaite. Alianza Editorial, Madrid, 1970.