La escritora norteamericana Lydia Davis es un faro en el mar del microrrelato. En su obra fulguran el humor, la sencillez y el asombro de lo cotidiano. Este es uno de los Ciento cincuenta cuentos cortos (traducción de Mauricio Montiel Figueiras) que la editorial Almadía acaba de publicar.


El sonido de una podadora que alguien conduce a unas casas de distancia es un ronroneo insoportable. Pero al menos ahoga el sonido de la pista de carreras al otro lado de la colina: un rugido furioso que asciende y desciende una y otra vez como una desilusión constante. Pero lo peor es cuando la podadora y la pista de carreras quedan en silencio. Entonces escuchamos los disparos rápidos y regulares que hacen eco en el bosque: alguien que practica el tiro al banco con un rifle. O la serie de graznidos y cloqueos roncos de un cuervo que nos sobrevuela. O la voz chillona de la vecina que grita del jardín de entrada al jardín trasero. O el zumbido de un abejorro que se detiene en una flor para luego seguir su camino: siempre es la misma nota, quizá un si bemol. O el trino de una golondrina que acaba en un cascabeleo absurdo. O el gorjeo monótono de un gorrión. O el eterno canto balbuceante de un petirrojo. O el quejido de un mosquito en nuestro oído. O el carraspeo y el voltear seco de las páginas de una persona que lee cerca de nosotros.

 

Lydia Davis
Narradora y traductora estadunidense.