Dibujos de El Fisgón y Marcos Limenes

La política exterior de México, como toda política digna de ese nombre, revela una permanente tensión entre los principios y la realidad. Es bien sabido que las grande líneas de nuestra actividad internacional, tienen un sólido fundamento en la historia y el desarrollo del país. Sin embargo, los cambios acelerados de la situación internacional obligan a la política exterior de México a prever las condiciones de su aplicación y a enfrentar nuevos desafíos.

La dinámica de la situación internacional afecta la posición de México e inclusive pudiera representar un obstáculo significativo a nuestra viabilidad como nación independiente y soberana. Esta circunstancia obliga entonces a la reflexión sobre algunos rasgos esenciales de la política internacional, así como sobre las acciones que México deberá llevar a cabo. En todo caso, dicha reflexión debe estar orientada por la firme defensa y promoción de los intereses nacionales, y de manera relevante por el propósito de garantizar la independencia del país.

En nuestra opinión, la respuesta pertinente a los actuales desafíos internacionales debe formularse en un horizonte de compromisos y responsabilidades de la nación entera. Tal vez la más importante lección de nuestra historia es que cuando ha estado en juego la integridad del país, la respuesta ha sido nacional. Así, los desafíos actuales a nuestra política exterior no conciernen exclusivamente al gobierno y al sector responsable, sino que deben ser motivo de preocupación para el conjunto de la sociedad.

En esta breve intervención pretendo formular preguntas mas que ofrecer respuestas. Dentro de esta problemática se ha situado la acción internacional de México durante los dos años y medio últimos.

Primer Desafío: La tendencia hacia nuevas hegemonías en el ámbito internacional.

Desde la II Guerra Mundial las relaciones internacionales habían oscilado, resumiendo mucho, entre el bipolarismo y la posibilidad de un esquema multipolar. Ahora podemos advertir, en cambio, una creciente concentración del poder político, económico y militar en los dos polos principales, que se traduce en iniciativas de carácter global y que confina a los demás centros de poder a posiciones defensivas.

Algunos rasgos de esta tendencia serían los siguientes:

. La bipolaridad. que ha incluido en el pasado elementos de un equilibrio político y económico, parece reducirse hoy a una dimensión eminentemente militar. En los últimos lustros, las iniciativas en la arena internacional parecen provenir sobre todo de los grandes centros de poder, sin que otras instancias tengan verdadero peso especifico en el desarrollo de las relaciones entre los Estados.

. La noción tradicional de un norte industrializado, integrado por un conjunto de países relativamente homogéneos, se orienta hacia la primacía de una economía dominante. El mundo avanzaría entonces hacia nuevos sistemas de dependencia, en los que la dinámica del poder económico y político concentrado prevalece sobre los intereses de aliados tradicionales.

. El predominio en los dos campos de concepciones de carácter estratégico militar sobre las ideas tradicionales del compromiso político y diplomático.

. Se derivaría entonces un debilitamiento de las normas del derecho internacional, y su reemplazo por una concepción de la seguridad nacional que no siempre considera los derechos de otros Estados.

. La tendencia correlativa hacia una marcada “integración ideológica” dentro de la cual prevalece el criterio, “amigo-enemigo” y el señalamiento de que las disidencias constituyen actos inamistosos o inclusive hostiles.

. El cuestionamiento de los foros multilaterales como ámbito internacional de equilibrio y expresión democrática, y la afirmación del trato bilateral en detrimento de los organismos internacionales. Su corolario inmediato sería el debilitamiento del sistema de las Naciones Unidas en su conjunto.

. La menor presencia relativa de diversas fuerzas de equilibrio tradicional, especialmente las representadas por Europa, el Movimiento de los No Alineados y, en general, por los países del Tercer Mundo. Las acciones solidarias de países y regiones se verían obstaculizadas por múltiples tendencias desorganizadas.

Segundo Desafío: Dificultades crecientes a la viabilidad económica y política de los países en desarrollo.

La estructura de la economía internacional incrementa las desigualdades entre los países del norte y el sur, y profundiza entre ellos una relación de dependencia estructural. Las características de los actuales flujos internacionales de bienes y servicios impiden la consolidación de las economías nacionales y frenan el desarrollo de las instituciones democráticas.

A ello se suma una tendencia a la concentración de la información y el conocimiento científico y tecnológico. así como la difusión de valores estandard que erosionan la identidad cultural e histórica de los pueblos. Tal tendencia implicaría también una enorme “fuga” de cerebros hacia los países centrales.

Tercer Desafío: El agravamiento del conflicto Este-Oeste.

Este conflicto limita las opciones políticas de los países en desarrollo y los sujeta, directa o indirectamente, a una distribución en “zonas de influencia” que vulnera el ejercicio de las soberanías y frustra las posibilidades de los esfuerzos hacia una auténtica independencia. En este clima de tensiones, se reducen los espacios para la acción democrática interna de los países.

Cuarto Desafío: México enfrenta complejos problemas de sus fronteras Norte y Sur.

Las dificultades económicas por las que atraviesa el país, han afectado de manera directa la región fronteriza entre México y Estados Unidos. De ahí que se requieran enérgicas medidas para asegurar la plena integración social y cultural de la zona fronteriza al territorio nacional.

Por otra parte, en la frontera sur México enfrenta un problema nuevo representado por el importante flujo de refugiados centroamericanos. Sin duda, esta migración conlleva dificultades de orden económico y social para lograr el doble propósito de brindar asilo a tales refugiados y de estimular el desarrollo de las comunidades mexicanas en la zona.

Quinto Desafío: El conflicto centroamericano.

La inestabilidad política en esa región no es coyuntural sino estructural, por un tiempo difícil de prever. En la problemática centroamericana están involucrados factores políticos, económicos y sociales. Existe atraso y marginación, debilidad de las instituciones políticas, tradiciones autoritarias y, por todo ello, una indudable necesidad de cambio social y de ruptura con las estructuras tradicionales. Sin embargo, en el área se encuentran también involucradas consideraciones de las “zonas de influencia” y de una estrategia global más amplia.

La generalización de los conflictos en la región o la posibilidad de intervenciones en esa zona afectaría ciertamente el interés nacional de México. Por tales razones, nuestro país pugna por la normalización de las relaciones entre los Estados del área, y por las posibilidades de un desarrollo económico, político y social que logre estabilización, independencia y avance democrático.

Sexto Desafío: La crisis económica de América Latina y el problema de la deuda.

La región atraviesa por la más grave crisis económica de los últimos cincuenta años. No obstante los programas de ajuste, las economías latinoamericanas no han logrado aún abatir la inflación y recuperar el crecimiento. El servicio de la deuda externa constituye actualmente una severa limitante para el desarrollo de nuestros países. Además, el proteccionismo imperante impide captar las divisas necesarias para la modernización del aparato productivo. Todo ello se traduce en un flujo neto de recursos hacia afuera de la región latinoamericana, que propicia una situación de estancamiento y hasta de retroceso.

Frente a estos grandes desafíos de la situación internacional ¿con qué recursos específicos cuenta México para asegurar la defensa del interés nacional? ¿Cuáles son las líneas de acción que podría asumir nuestro gobierno para mantener los principios de su política exterior y afirmar la independencia de México? Brevemente apuntaría los siguientes elementos:

1. México ha de insistir en el respeto al orden jurídico internacional y en la viabilidad de la diplomacia y la negociación. Aun cuando la inclinación al uso de la fuerza es creciente, como contraparte existe una clara expresión de la opinión pública y política de la comunidad de Estados que procura evitar el agravamiento de los conflictos e insiste en el respeto a tales normas. Así, es preciso fortalecer a las corrientes políticas que promueven un orden internacional basado en el equilibrio y el derecho. México ha participado activamente en tal esfuerzo, de ahí el reconocimiento a su calidad de interlocutor válido en la arena internacional.

2. México debería emprender, con mayor amplitud y definición que en el pasado, una política de diversificación de sus relaciones internacionales, para equilibrar y hasta cierto punto reducir el peso de las influencias unilaterales. Tal diversificación implicaría la multiplicación de los contactos con regiones, países y foros multilaterales. Para hacerla efectiva, es necesario establecer prioridades, contar con los recursos e instrumentos necesarios y promover la concertación, en torno a objetivos determinados, entre nuestro país y otros Estados.

En tal política de diversificación, las visitas del Presidente de la República a diversas naciones de América Latina y Europa han contribuido a definir áreas de especial prioridad para el país.

. Las naciones de América Latina han logrado en los últimos tiempos una vinculación sin precedentes, de un alto valor político y económico. No obstante, a fin de alcanzar una mayor presencia mexicana en el área, es preciso articular, con rigurosa continuidad, acciones y proyectos de índole política, económica y cultural. Es también necesario revisar nuestras prioridades latinoamericanas, atendiendo al interés nacional y a las necesidades para su desarrollo.

. Otro tanto ocurre con Europa. La posibilidad de diversificar nuestros intercambios económicos y comerciales con los países de la comunidad disminuye los riesgos de 1a dependencia de un solo mercado. Por lo demás, Europa es factor potencial de equilibrio en la controversia Este-Oeste y un interlocutor mas sensible a nuestros argumentos, en el dialogo Norte-Sur.

. Debemos reconocer que, no obstante las bases para articular posiciones con los países de Africa, Asia, Medio Oriente y el mundo socialista, todavía es necesario avanzar hacia un desarrollo más sistemático de las relaciones de México con esas regiones. Una política definida de diversificación así lo exige de manera inaplazable.

3. El no alineamiento efectivo resulta condición indispensable de nuestra independencia y para el mantenimiento de los principios de la política exterior de México. De acuerdo con la política de diversificación descrita, se trata de concertar políticas comunes y de fomentar solidaridades principalmente con los países en vías de desarrollo.

4. México debe perseverar en su esfuerzo, al lado de otros países latinoamericanos, para evitar una conflagración generalizada en América Central y lograr la aceptación de acuerdos que permitan la solución pacifica de las controversias y la cooperación para el progreso económico y social de los países de la zona. Es necesario reiterar que la defensa del interés nacional exige una política activa del gobierno de México en el área frente a las tendencias belicistas que ahí se manifiestan.

No podemos desconocer los obstáculos a la gestión pacificadora que se ha emprendido. Sin embargo, precisamente por tal razón es necesario ampliar la solidaridad latinoamericana y estimular la militancia internacional a favor de las acciones del Grupo de Contadora. Hasta el momento, tal presión política objetiva ha constituido, sin duda, una barrera de contención frente a las presiones belicistas que persisten e inclusive tienden a agravarse en el área.

5. La solución de las graves dificultades económicas es indispensable para la estabilidad de América Latina. Reducir el peso del servicio de la deuda, eliminar el proteccionismo de los países industrializados, disponer de mayores recursos financieros para impulsar el desarrollo y modernizar el aparato productivo, son premisas básicas de la viabilidad económica y política de nuestras naciones. También aquí la concertación de México con otros países latinoamericanos, por ejemplo a través del Grupo de Cartagena, puede ser un instrumento eficaz para ampliar espacios de negociación y sumar densidad política en favor de los intereses de México y, en general, de América Latina. No obstante incomprensiones, debe insistirse en un diálogo que incluya también a los gobiernos de los países acreedores a fin de encontrar soluciones duraderas en que se determinen los corresponsables y en que se distribuyan equitativamente los costos del ajuste, para atender las necesidades apremiantes de los pueblos latinoamericanos.

6. La situación en las fronteras, particularmente en el norte, requiere de una política más activa para propiciar la integración social en sentido amplio de esas zonas de colindancia. Aquí, la política exterior está necesaria y estrechamente vinculada con decisiones internas de carácter económico y cultural que reduzcan la vulnerabilidad de dichas zonas a las presiones comerciales y de los medios de difusión del exterior.

Como corolario del conjunto de líneas de acción a que nos hemos referido, debemos concluir que la política exterior de México, en la conflictiva situación internacional del momento, precisa de un sólido sustento en el desarrollo de la sociedad mexicana y en su capacidad para comprometerse con el proyecto de una nación independiente.

La viabilidad de los principios tradicionales de la política exterior de México depende cada vez más de un proyecto nacional que abarca también los procesos internos en sus más diversas manifestaciones económicas, sociales y culturales: desarrollo del mercado interno y consolidación del aparato productivo, de distribución y consumo para mejorar el nivel de vida de los mexicanos: mayor democracia sustantiva, que no se agota en los procesos electorales sino que supone una amplia participación en la toma de decisiones y exige, por parte de los responsables de la función pública, el respeto cabal de la ley. Tales medidas contribuirán, sin duda, a fortalecer la legitimidad de nuestro régimen político. A ello debe sumarse una política social que favorezca a las clases populares y ofrezca más amplios y mejores servicios de salud, vivienda, alimentos, educación y cultura para el bienestar de la población.

La consistencia de la política exterior de México está vinculada a la firmeza del proyecto nacional y a la decisión de su puesta en práctica. La política exterior hace posible la independencia de la nación. La fuerza de la nación hace posible una política exterior independiente. Debemos reconocer entonces que, en rigor, la política internacional de México no es sino la versión externa del proceso histórico del país en su conjunto.

24 de julio de 1985

Víctor Flores Olea ha sido director de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Subsecretario de Cultura de la SEP y embajador de México en la URSS Actualmente es Subsecretario de Asuntos Multilaterales de la Secretaría de Relaciones Exteriores.