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LA FRAGIL PAZ HONDUREÑA

En septiembre pasado se cumplió un año desde que fue cercada y aniquilada por tropas hondureñas y estadunidenses la columna Juan Argueta, de las Fuerzas Armadas Populares (FAP), que operaba en el departamento de Olancho, cerca de la Frontera de Honduras con Nicaragua, dice Virgilio Carías, dirigente socialista hondureño y ex vicerrector, hoy exiliado, de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. La guerrilla de las FAP fue organizada por el Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanistas de Honduras (PRTC-H), que forma parte de un movimiento centroamericano en el cual figura el partido del mismo nombre de El Salvador y que ha tenido influencia también en Guatemala y Costa Rica. Sobre este movimiento guerrillero y sobre las consecuencias de la utilización del territorio hondureño como plataforma estratégica del ejército de Estados Unidos, conversamos en México con Virgilio Carías.

Dibujo de Eduardo Gutiérrez Franco

nexos: ¿Cuándo iniciaron sus operaciones las FAP?

Virgilio Carías: En marzo de 1983, con la convicción de que la única vía que nos queda para liberar a Honduras de la ocupación combinada de las tropas de Estados Unidos, los ex guardias somocistas y los aparatos de seguridad de la oligarquía hondureña, era la lucha armada. Las banderas que levantó la guerrilla eran: recuperación de la soberanía nacional, lucha contra la ocupación extranjera y por reinvindicaciones populares, como reforma agraria, trabajo y salario. En Honduras el índice de desocupación, que en 1972 era del 8 por ciento de la PEA, hoy llega al 25 por ciento según las cifras oficiales. Si se toma en cuenta los semiocupados, subocupados y estacionales, se calcula que supera al 60 por ciento.

nexos: ¿Y cómo se produjo el cerco?

Virgilio Carías: La columna de las FAP, integrada por unos cien guerrilleros, fue detectada por la deserción de tres traidores que dieron su ubicación al ejército. En ese momento tenían lugar unas de las constantes maniobras conjuntas de las tropas hondureñas y estadunidenses cerca de la frontera con Nicaragua. Pudieron así concentrar cinco mil hombres de tropas especiales hondureñas con mando mixto estadunidense y hondureño y los más modernos recursos tecnológicos, como helicópteros y rayos infrarrojos. Además de rodear a la guerrilla, pusieron cerco a todos los poblados, ciudades, aldeas y caseríos para cortar cualquier posible abastecimiento. Contra la guerrilla utilizaron métodos de exterminio, no los de una guerra convencional. No hicieron prisioneros. Allí cayeron el comandante en jefe de las FAP, doctor José María Reyes Mata, y el padre Guadalupe, sacerdote de origen estadunidense nacionalizado hondureño que había trabajado largo tiempo entre los campesinos de la costa norte y era el cura más popular de toda Honduras. Como a otros, los capturaron vivos, heridos, y los torturaron hasta la muerte. Hasta la fecha no han entregado los cadáveres a sus familiares. Los campesinos de la región dicen que el ejército utilizó gases tóxicos que obligaban a los guerrilleros a salir desesperados buscando agua, donde los esperaba la tropa para matarlos. Dicen también que a la orilla de la quebrada aparecieron animales muertos y que siguieron encontrando los cuerpos de jaguares, venados y otros animales salvajes envenenados.

nexos: ¿Crees que con esto exterminaron a la guerrilla en

Honduras?

Virgilio Carías: La cosa no es tan simple. Creo que esto muestra los métodos que los gringos usan y van a usar en Centroamérica, pero pienso también que, a pesar de esta derrota, la iniciativa de las FAP ha mostrado que existen condiciones para la lucha armada, tanto por la crisis del sistema como, en especial, por la ocupación de nuestro territorio por el ejército de Estados Unidos. Por ejemplo, en el año transcurrido desde entonces se incrementó enormemente el movimiento civil por la soberanía nacional, los derechos humanos y las demandas populares. En Tegucigalpa apareció la revista Defensa Nacional, publicada por un nutrido grupo de intelectuales hondureños, que lleva el mismo nombre de la revista que editó Froylán Turcios cuando los estadunidenses ocuparon Tegucigalpa en 1924. Turcios, como sabes, era el intelectual hondureño colaborador directo de Sandino y propagandista de su lucha. En el Congreso se han alzado nuevas voces contra la presencia yanqui y en todo el pueblo crece la reacción contra la ocupación. En ese ambiente, si la guerrilla hubiera podido subsistir habría tenido un impacto enorme. Por eso la concentración de fuerzas y de violencia para aniquilarla. Pero por eso también es inevitable que, de un modo u otro, vuelva a hacerse presente y resurgir: cuando tropas extranjeras ocupan un país, no queda otro camino que tomar las armas para combatirlas.

nexos: ¿Cómo se materializa esa ocupación?

Virgilio Carías: Por un lado con la presencia de tropas, por el otro con la supeditación total de la política exterior de Honduras no a las necesidades nacionales sino a las exigencias de la política de Estados Unidos en Centroamérica. Los soldados estadunidenses estacionados en forma permanente hoy no parecen tantos: unos 3 a 4 mil hombres. Pero el número no es lo importante, sino su articulación y la de las instalaciones militares de Estados Unidos en Honduras con la estrategia de despliegue rápido desarrollada por el gobierno de Reagan. En Honduras existen ahora cinco aeropuertos militares de Estados Unidos, entre ellos los de Catacamas, San Lorenzo y Palmerolas, además de las pistas ampliadas para grandes transportes militares en los aeropuertos de La Ceiba y San Pedro Sula, bases diseñadas con perspectivas estratégicas y que miran hacia Cuba. De este modo, a partir de los pocos miles de soldados estacionados en forma permanente, Estados Unidos puede poner en territorio hondureño, en menos de 24 horas, varias decenas de miles de hombres de sus tropas especiales, lo cual convierte a nuestro país en el pivote de un dispositivo estratégico para intervenir en toda la región centroamericana y caribeña. A esto hay que agregar las maniobras permanentes del ejército hondureño con la participación de oficialidad yanqui.

nexos: ¿Y en el plano de la política exterior?

Virgilio Carías: Después de la guerra de 1969 con El Salvador, la política exterior del Estado hondureño y las preocupaciones del ejército tenían como principal reto la solución del problema fronterizo con dicho país. Ese conflicto fue uno de los orígenes de la carrera armamentista en Centroamérica Hasta 1979 eran habituales los tiroteos más o menos espontáneos entre las tropas de uno y otro país en la zona fronteriza. Con la caída de Somoza y bajo la presión directa de Estados Unidos se produjo un cambio radical. Se firmó un tratado de paz entre Honduras y El Salvador que deja pendientes todos los problemas fronterizos; se permite que el ejército salvadoreño pase por territorio hondureño para atacar por la espalda a las fuerzas del FMLN en El Salvador; se permite la entrada de los aparatos de seguridad salvadoreños para controlar, en colaboración con los hondureños, los campos de refugiados, llevarse gente de regreso a El Salvador, torturarlos y matarlos. Tanto la oligarquía salvadoreña como el general Gustavo Alvarez y el presidente Roberto Suazo Córdova dijeron que ahora lo esencial no era fijar la frontera entre los dos países sino la “seguridad centroamericana”. La diplomacia hondureña abandonó el problema fronterizo, mientras el Congreso salvadoreño, lejos de ello, declaró irreductible el territorio salvadoreño (es decir, que no negociarán nada en la frontera) y negó derechos a Honduras en él golfo de Fonseca. Es preciso destacar aquí que el gobierno sandinista de Managua, por el contrario, ha declarado expresamente que los tres países costeños: Nicaragua, El Salvador y Honduras, tienen derechos sobre el golfo de Fonseca. Pero la imposición de Estados Unidos orientó toda la política exterior hondureña contra Nicaragua, y es así como se permitió y facilitó el establecimiento de los campos de exguardias somocistas en la frontera, protegidos por el ejército hondureño incluso de las reacciones de los campesinos de la región, contra quienes cometen toda clase de tropelías: asesinatos, violaciones, robos. El Partido Liberal de Suazo Córdova, que tiene mayoría en el Congreso, no ha levantado una sola protesta contra este vergonzoso viraje de la política exterior, contrario a los intereses nacionales de Honduras y favorable a las necesidades estratégicas del Pentágono.

nexos: ¿Aparte de las protestas populares que mencionaste, ha habido otras reacciones contra semejante subordinación?

Virgilio Carías: Sí, por supuesto. Hubo una cierta crisis en el ejército que fue determinante en el golpe militar que provocó a fines de marzo pasado la destitución del general Gustavo Alvarez, principal promotor de esa política. Debemos tener en cuenta que se había llegado a situaciones difícilmente tolerables incluso para muchos militares reaccionarios: en Honduras se estableció el Centro Regional de Entrenamiento Militar (CREM), donde los oficiales estadunidenses preparaban sobre todo a los militares salvadoreños; el ejército salvadoreño ha llegado a los 50 mil hombres, mientras el hondureño tiene 25 mil; desde hace dos años, la ayuda militar que recibe El Salvador es el triple de la que le dan a Honduras. Esto determinó una serie de demandas del grupo militar que desplazó al general Alvarez, en el sentido de que en el CREM se entrene al menos un número igual de oficiales hondureños que de oficiales salvadoreños y se aumente la ayuda militar al ejército hondureño. Es claro que todo esto está muy lejos de las necesidades del pueblo de Honduras, pero es comprensible que provoque una crisis entre los militares. Estos ven que mañana el ejército salvadoreño, si se resolviera el conflicto interno, tendría la fuerza para dictar sus condiciones a Honduras en la frontera. Y a nadie le gusta que se entrene el ejército rival en su territorio. En el desplazamiento de Alvarez hubo una especie de coincidencia entre los altos mandos actuales, que quieren negociar condiciones mejores para continuar siendo una base militar de la política de Estados Unidos y un sector de la oficialidad joven que considera que lo fundamental para Honduras no es la llamada cuestión de la “seguridad centroamericana” con todas las implicaciones que hemos visto, sino el problema no resuelto de la frontera con El Salvador.

Foto: Susan Meiselas. Magnum

Trampas de combate norteamericanas para los ejercicios militares conjuntos. Las maniobras durarán hasta 1988, o más. 

nexos: ¿Tienen eco estos conflictos en la población hondureña?

Virgilio Carías: Sería ingenuo pensar que la propaganda chovinista contra salvadoreños y nicaragüenses no hace mella, pero su efecto es mucho menor que la resistencia que despierta la presencia de Estados Unidos en Honduras y en Centroamérica. Entre Honduras y El Salvador ha habido siempre un flujo migratorio permanente; de El Salvador, con sus 20 mil kilómetros cuadrados y 5 millones de habitantes han llegado constantemente trabajadores hacia Honduras, con 112 mil kilómetros cuadrados y casi 4 millones de habitantes. Sobre todo en la zona fronteriza, las familias están emparentadas y tienen amigos a ambos lados de la línea divisoria (que ni siquiera está bien determinada). Cuando la matanza del río Sumpul, en que el ejército salvadoreño echó a miles y miles de refugiados a territorio hondureño, y fueron perseguidos a su vez por las tropas de Honduras los caseríos de la región estában llenos de campesinos salvadoreños refugiados; en cada casa se encontraban varios, y los campesinos hondureños se quitaban su escasísima comida de la boca para compartirla con ellos o arriesgaban sus vidas -muchos murieron- para protegerlos de la persecución y la represión.

nexos: Tú sabes que existen indicios de que sectores del ejército guatemalteco, por represores que sean en su propio país, no quieren una intervención directa de tropas estadunidenses en Centroamérica. ¿Algo de eso se ve en Honduras?

Virgilio Carías: En el ejército, no sé: los conflictos visibles son los que mencioné antes. En cuanto a los empresarios, el giro impuesto a la política hondureña causa perjuicios a algunos de ellos. Por ejemplo, hasta la guerra de 1969 Honduras era uno de los mercados principales para la industria de El Salvador. Esa situación cambió después, a favor de la industria de Guatemala que aumentó sus exportaciones a mi país en detrimento de las salvadoreñas. Hasta 1978, Honduras tenía un saldo comercial desfavorable con toda Centroamérica. A partir de 1979, con el gobierno sandinista, comenzó a tener un saldo favorable con Nicaragua: empresas hondurañas vendían por ejemplo detergentes y componentes químicos para jabones, y cooperativas del norte de Honduras exportaban plátanos a Nicaragua. Ahora, bajo la presión de Estados Unidos y de los somocistas en la frontera, esa corriente ha disminuido drásticamente.

Esos sectores, aunque puedan no tener simpatías políticas hacia el sandinismo, tampoco se muestran entusiasmados con la perspectiva de una guerra con Nicaragua ni con una política que perjudica sus intereses comerciales ya castigados por la crisis.

nexos: ¿Cuál es la situación de los movimientos populares?

Virgilio Carías: Desde fines de 1983 ha habido un resurgimiento impresionante del movimiento obrero y popular, por sus propias demandas de salarios, trabajo, tierra, y planteando cuestiones políticas como los derechos humanos, la oposición a una guerra con Nicaragua y a la intervención de Estados Unidos en Honduras y en Centroamérica. El último primero de mayo se reunieron 150 mil personas en una de las manifestaciones más grandes vistas en Tegucigalpa, convocada por todas las centrales de trabajadores del país. Ha habido otras manifestaciones anteriores y posteriores, de 30 ó 40 mil personas, iniciadas por las organizaciones de trabajadores por sus demandas y contra la presencia yanqui en Honduras.

nexos: Mencionaste al padre Guadalupe entre los jefes de la guerrilla de las FAP y como el sacerdote más popular de Honduras. ¿Se desarrolla el movimiento cristiano popular? Y por último ¿cómo ves el futuro?

Virgilio Carías: Pienso que si, y es muy significativo. Las ideas de la Teología de la Liberación han tenido éxito entre los sectores cristianos, pese a la oposición de la alta jerarquía eclesiástica. Existe un movimiento de católicos laicos llamados Celebradores de la Palabra de Dios, que da un sentido popular a las palabras de la Biblia. Un día, por ejemplo, pude oir en una aldea de la montaña a un campesino a quien el sacerdote había dado la palabra durante el sermón para que comentara el pasaje bíblico de la matanza de los santos inocentes. Hacía poco que había ocurrido la matanza del río Sumpul y el campesino, después de referir la historia de Herodes, decía que hoy también los “nuevos Herodes” continuaban matando inocentes, como los niños sacrificados en el río Sumpul. “¿Con quién estamos nosotros?”, preguntaba a los fieles que asistían a la misa. Y respondían: “Nosotros estamos con los inocentes”. Muchísimas historias como esta pueden recogerse en toda Honduras. Por eso la figura del padre Guadalupe está tan unida a la imaginación popular.

El movimiento civil, pese a la represión, ha crecido en Honduras y se hará sentir todavía más. Pero frente a la virtual ocupación por el ejército de Estados Unidos, no basta. Hay que unir todas esas fuerzas y protestas en un movimiento capaz de combatir eficazmente esa ocupación, y para ello sigue siendo necesario recurrir a la lucha armada, que levante la bandera de la causa nacional abandonada por el gobierno y los militares. Nuevos grupos aparecerán, mientras esa ocupación dure. Y si se produce la intervención de Estados Unidos en Nicaragua y el ejército de Honduras participa, entonces es seguro que, por el propio impulso del pueblo hondureño, la lucha armada en Honduras se extenderá y se confundirá con la inevitable regionalización de la guerra centroamericana que esa intervención provocaría. Pese al gobierno liberal y a los militares que colaboran con Estados Unidos, Honduras nunca será una base definitivamente asegurada para el ejército imperial.