DE KENNEDY A REAGAN

Dibujos de Bogotá

Durante el gobierno de Kennedy, los agentes estadounidenses en El Salvador establecieron dos organizaciones de seguridad oficiales que asesinaron a miles de campesinos y supuestos comunistas en el transcurso de quince años. Estas organizaciones se convirtieron en el aparato paramilitar conocido como los Escuadrones de la Muerte salvadoreños. Aún cuando el gobierno de Reagan ha condenado públicamente a los Escuadrones la CIA proporciona entrenamiento, apoyo económico y servicio de inteligencia a las fuerzas de seguridad involucradas directamente en sus actividades.

Las pruebas de la intervención de Estados Unidos cubren un amplio espectro de actividades. Durante veinte años, los funcionarios del Departamento de Estado, la Agencia Central de Inteligencia y las fuerzas armadas norteamericanas han alcanzado los siguientes “logros” en El Salvador:

· Diseño y organización de ORDEN, la red paramilitar de inteligencia que Amnistía Internacional describió como un aparato “para utilizar el terror clandestino contra los opositores del gobierno”. De ORDEN surgió Mano Blanca, que marca el nacimiento de los Escuadrones de la Muerte.

· Diseño y organización de ANSESAL, el servicio de inteligencia de la élite presidencial que reunió los archivos sobre la disidencia salvadoreña y que fue el arma más eficaz para reunir información secreta y abastecer a los Escuadrones de la Muerte.

· Incorporación a la nómina de la CIA del general José Alberto Chele Medrano, fundador de ORDEN y ANSESAL.

· Entrenamiento de los agentes de ORDEN en técnicas de vigilancia y uso de armas automáticas para incluir después a algunos de ellos en la CIA.

· Proporcionaron consejeros técnicos de inteligencia norteamericana que trabajaron directamente en ANSESAL.

· Abastecimiento de ANSESAL, las fuerzas de seguridad y el personal general con datos electrónicos, fotográficos y personales de disidentes que posteriormente fueron asesinados por los Escuadrones de la Muerte.

· Entrega de los archivos de inteligencia que utilizó D’Aubuisson en 1980 para la serie de transmisiones televisivas en las que denunció a decenas de académicos, sindicalistas, dirigentes campesinos, demócratas cristianos y miembros del clero, como colaboradores de la guerrilla y comunistas. Mucha gente que D’Aubuisson nombró en los programas fueron asesinadas más tarde. Las transmisiones marcaron además el inicio de la carrera política de D’Aubuisson y el nacimiento del frente paramilitar que después se convirtió en Arena.

· Instrucción de los agentes salvadoreños de inteligencia en el uso de técnicas de investigación, armas de combate explosivos y “métodos” para interrogar.

· En los últimos diez años, violación del Acta de Asistencia Extranjera de 1974, que prohibe gastar fondos norteamericanos “para dar entrenamiento o asesoramiento, otorgar cualquier clase de apoyo financiero a la policía, cárceles o fuerzas de cualquier gobierno extranjero”.

A principios de los sesenta las fuerzas de seguridad salvadoreñas eran todavía cuarteles al servicio de terratenientes y caudillos políticos. El cambio radical de esta organización consigna la aparición de la “Alianza para el Progreso” que promueve el gobierno de Kennedy y se funda sobre el supuesto de que los sistemas de seguridad nacional y el desarrollo del capitalismo evitarían una revolución comunista en América Latina. Desde entonces, el Departamento de Estado norteamericano, la CIA, los Boinas Verdes y la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID), unieron sus esfuerzos para suprimir la disidencia en El Salvador. Byron Engle, director del programa de seguridad pública del AID, escribió sobre los treinta y tres países donde se puso en marcha el programa de seguridad pública: “Estados Unidos desarrolla en las fuerzas civiles de seguridad una capacidad de investigación para detectar criminales y/o personas subversivas. Esto requiere un cuidadoso esfuerzo integrado entre los elementos de investigación, la policía regular y la fuerza militar o paramilitar.”

La formación del aparato de seguridad nacional en El Salvador y el resto de Centroamérica se inicia con la Declaración de San José de seis presidentes centroamericanos. En esa ocasión Kennedy declaró: “El comunismo es el principal obstáculo para el desarrollo económico de la región centroamericana”. El siguiente paso fue una serie de reuniones de ministros centroamericanos del interior, de quienes depende la jurisdicción policiaca y la seguridad interna. Las reuniones, que organizó y condujo el Departamento de Estado norteamericano con asistencia de la CIA, la AID y el Departamento de Justicia, se diseñaron para desarrollar diversos métodos para acabar con las subversión.

En El Salvador, Washington asignó un papel central al general Medrano, una leyenda política salvadoreña. Los soldados de la Guardia Nacional lo recuerdan todavía como uno de sus grandes jefes y lo reconocen como el héroe indiscutible de la guerra contra Honduras en 1965. Para sus defensores, es “el fundador del nacionalismo salvadoreño”; pero para el demócrata cristiano José Napoleón Duarte es algo más, “es el padre de los Escuadrones de la Muerte, el jefe asesino de todos ellos”. Desde su retiro, Medrano se enorgullece de recorrer El Salvador sin guardaespaldas, armado solamente con una pistola calibre 45 y la guantera del coche llena de granadas de mano. En una entrevista reciente habló largamente sobre los orígenes y el crecimiento del sistema de seguridad:

ORDEN y ANSESAL -la agencia de seguridad nacional salvadoreña- se originaron en el Departamento de Estado, la CIA y los Boinas Verdes durante la época de Kennedy. Creamos estas agencias especializadas para luchar contra los planes y las acciones del comunismo internacional. Organizamos ORDEN, ANSESAL y los sistemas de contrainsurgencia y compramos armas especiales para detener el movimiento comunista. Preparamos al grupo para acabar con el comunismo.

Las reuniones de los ministros del interior tuvieron como consecuencia la formación de ANSESAL y otras agencias de seguridad paralelas en Guatemala, Nicaragua, Panamá, Honduras y Costa Rica. Sus fuerzas se reunirían cada tres meses bajo la supervisión del Departamento de Estado e intercambirían información y métodos operativos. Cuenta Medrano:

Contábamos con télex directos de oficina a oficina. La instalación (conocida como la Red de Comunicaciones Centroamericanas) formaba parte de un plan más amplio para reorganizar el esfuerzo del servicio de inteligencia y conseguir que los centroamericanos trabajaran juntos contra la subversión. El Departamento de Estado y las oficinas de seguridad pública de la AID en El Salvador tenían a su cargo la responsabilidad administrativa del establecimiento para la red de ANSESAL, pero el trabajo diario de inteligencia lo coordinaba la CIA, que ya participaba en conexión con nosotros.

El Departamento de Estado invirtió en Medrano sus mejores esfuerzos. El gobierno lo envió a una gira de tres meses por Vietnam, en donde trabajó con las unidades del ejército los Boinas Verdes y los agentes de la CIA. Medrano recuerda haber estudiado ahí “todos los aspectos de la guerra, desde las luchas primitivas en la selva hasta la acción psicológica y el bombardeo estratégico”. En 1968 recibió la medalla presidencial Lyndon Johnson en “reconocimiento a un servicio excepcionalmente meritorio”. Volaba frecuentemente a Washington para hacer consultas en las oficinas de la CIA; al entregarle la medalla, el presidente Johnson le dijo: “Lo sé todo sobre usted Medrano. Realiza un buen trabajo, conozco su pedigree”. Medrano retribuyó ampliamente la inversión: organizó en El Salvador una intrincada red paramilitar y de inteligencia que se extendía desde los pueblos más remotos hasta el palacio presidencial. El componente rural de esta red fue ORDEN, un aparato para “adoctrinar a los campesinos respecto a las ventajas del sistema democrático y las desventajas del comunista”. Según Medrano, el coronel Arthur Simons de los Boinas Verdes fue muy útil para el desarrollo de ORDEN. En 1963 Simons era comandante del octavo grupo de fuerzas especiales de Panamá y envió a El Salvador un equipo de asesores especializados en contrainsurgencia. Su récord de servicio explica que Simons terminaba en esos años su trabajo como comandante del Equipo de Entrenamiento Móvil Estrella Blanca, una unidad de los Boinas Verdes enviada a Laos para trabajar con los indígenas. Tiempo atrás había trabajado como jefe del personal en el Centro de Guerra Especial del ejército en Fort Bragg, Carolina del Norte, que originalmente se llamaba Centro Psicológico de Guerra y que posteriormente fue el Centro Kennedy de Asistencia Militar.

El coronel Simons me envió a diez hombres para que empezaran a entrenarnos -recuerda Medrano-. Después de hablar con él, se nos ocurrió la idea de adoctrinar a la gente: el que se gana a la población triunfa en la guerra. El ejército puede eliminar fácilmente a los guerrilleros de la zona urbana, pero los campesinos son resistentes, son buenos en las montañas, pueden caminar de noche, ver en la oscuridad, entre los árboles. No podemos permitir que los guerrilleros los engañen. En esta guerra revolucionaria los enemigos provienen de nuestra gente. No tienen los derechos de Ginebra. Son traidores al país. ¿Qué hacen los soldados? Cuando los encuentran; los matan.

Medrano cuenta la forma en que los Boinas Verdes le ayudaron a planear la estructura y la ideología de ORDEN. Cuando terminaron su trabajo, se quedaron en El Salvador a entrenar a un grupo de soldados salvadoreños, entre ellos estaba el coronel Carranza, ahora jefe de la Policía de la Tesorería. Algunas veces, el autor de los asesinatos fue ORDEN, otras veces el ejército, la Guardia Nacional o el Escuadrón de la Muerte Mano Blanca. La acción requería un largo entrenamiento: Edgar Artiga, líder civil de ORDEN, cuenta que él y otros ochenta oficiales participaron en un curso bimestral de la CIA en 1969. El curso se impartió en los cuarteles de la Guardia Nacional Salvadoreña, los instructores fueron el coronel Medrano y otros miembros de la CIA. El curso -dice Artiga- incluía los siguientes temas: “anticomunismo, democracia, averiguación e identificación. Los soldados aprendían el uso de revólveres de 9 mm y rifles M 16. Todos los estudiantes recibían diariamente un pago en efectivo. Algunos compañeros permanecieron en la nómina de la CIA después del curso”. Pero la contribución de Estados Unidos va mucho más allá del entrenamiento. Los servicios estadounidenses de inteligencia han proporcionado nombres, fotografías y ubicación de supuestos sospechosos. Según Medrano, la CIA mantenía a ANSESAL al corriente de todos los salvadoreños que estudiaban o trabajaban en el extranjero. En casos importantes, la CIA proporcionaba fotografías y cintas grabadas de conversaciones.

La junta reformista que llegó al poder en El Salvador en 1979, abolió y condenó las organizaciones de ORDEN y ANSESAL por atentar contra los derechos humanos. Pero los militares salvadoreños mantienen sus actividades “de vigilancia y sus reuniones de documentación”. El personal estadunidense permanece en el centro del sistema como en los años sesenta, cuando los agentes norteamericanos inventaron y aceitaron la máquina de inteligencia. Estados Unidos recibe rutinariamente copias de los principales informes de vigilancia reunidos por los oficiales salvadoreños. A su vez, los funcionarios norteamericanos proporcionan información a las fuerzas de seguridad. El coronel Carranza confirmó estas relaciones:

Los americanos reciben directamente toda la información, incluso antes de que actuemos y decidamos sobre los casos. Los oficiales de la inteligencia de Estados Unidos han colaborado con nosotros técnicamente. Ellos reciben la información de todas partes del mundo y cuentan con un equipo sofisticado que les ayuda a mejorar la información. Nosotros la procesamos en una pequeña computadora para elaborar un índice y un inventario funcionales.

Según el manual de política confidencial de las Fuerzas Armadas, “Guía de Procedimientos Operativos Normales”, cada avanzada del ejército y las fuerzas de seguridad debe mantener un “Archivo Especial de Inteligencia S2”. El archivo cubre “la disposición de los delincuentes subversivos (su localización, métodos de acción y movimientos)”. La máquina enlista a los “militantes y simpatizantes” y lleva un “registro de personalidades del enemigo”. Los nombres se incluyen en el archivo mediante los informes de vigilancia de los oficiales y los reportes de los “informantes”.

Para figurar en los expedientes, una persona puede cometer ofensas tan diversas como las siguientes: portar o repartir propaganda subversiva de cualquier tipo, insultar a las autoridades, llevar cuadernos, papeles o símbolos relacionados con las organizaciones subversivas. Los informes de vigilancia que reúnen las unidades locales de inteligencia se archivan y luego se envía una copia a la central del servicio. El “interrogatorio” de los sospechosos se realiza primero en el puesto local; si el caso lo requiere, se hace en la sección de inteligencia de las fuerzas de seguridad. Este sistema de inteligencia es el centro nervioso de las operaciones de los Escuadrones de la Muerte. Un exoficial de la Guardia Nacional declaró: “Nos dieron nombres y direcciones y nos dijeron que fuéramos por ellos, que obtuviéramos información y después los matáramos. En casos importantes, soldados especiales o agentes de la fuerza de seguridad traen las listas desde El Salvador”.

El uso del término Escuadrón de la Muerte ha producido muchos malentendidos acerca del aparato de terror oficial en El Salvador. De inmediato la imagen convoca bandas discretas de gangsters en busca de alguna oportunidad para matar. Con más precisión, el término debe aplicarse a un sistema capaz de ordenar a un soldado el asesinato de una víctima en cualquier momento. Otro de los malentendidos surge del hecho de que en Estados Unidos los Escuadrones de la Muerte se hicieron noticia con la aparición espectacular de Roberto D’Aubuisson. Los oficiales estadunidenses que pretenden exculpar al gobierno salvadoreño sobre su participación directa en los Escuadrones -así como algunos liberales que quieren arruinar el futuro político de D’Aubuisson-, promueven la falsa idea de que los Escuadrones de la Muerte -una institución con veinte años de historia y miles de víctimas- es el instrumento personal de un hombre diabólico. El excoronel Roberto Eulalio Santivañez difundió un detallado recuento de las actividades de los Escuadrones. Con base “en una fuente confidencial de alto nivel”, Santivañez declaró a The New York Times que D’Aubuisson era el hombre que había organizado y dirigía aún a los Escuadrones de la Muerte que el exministro de Defensa, el general José Guillermo García y el coronel Carranza, director de la Policía de la Tesorería, lo ayudaron a organizar y poner en marcha la red de los Escuadrones de la Muerte. En una entrevista de la CBS News con Walter Cronkite, Santivañez dijo que Carranza estaba en la nómina de la CIA. The New York Times confirmó la conexión citando fuentes de la inteligencia norteamericana; los datos informaron que Carranza había recibidos 90 mil dólares anuales durante los últimos cinco o seis años. Según esta versión, los Escuadrones no existían antes de que D’Aubuisson se convirtiera en una figura política importante después del golpe reformista de 1979. Santivañez fue director de ANSESAL y superior inmediato de D’Aubuisson de 1977 a 1979, período de creciente represión gubernamental que concluyó con la caída del gobierno de Carlos Humberto Romero y la abolición de ANSESAL por su participación en los asesinatos de los Escuadrones. Santivañez era el “hombre negro” de Romero. Guardaba los expedientes y se encargaba de la gente cuando había que realizar algún trabajo sucio, su relato sobre la participación de Carranza y otras autoridades es sustancialmente correcto, aunque es seguro que exageró el papel de D’Aubuisson.

La historia de las relaciones entre el gobierno norteamericano y la rama contemporánea de los Escuadrones de la Muerte de D’Aubuisson es compleja, contradictoria y está muy lejos de terminar. El general Medrano recuerda a D’Aubuisson como “un buen oficial a quiene la gente quería”, posteriormente adquirió importancia en la red ORDEN-ANSESAL coordinando las organizaciones locales de ORDEN. Su “desempeño” como oficial de la Guardia Nacional le valió un ascenso por el que llegó a ser la segunda autoridad de ANSESAL bajo el mando de Santivañez. Cuando D’Aubuisson abandonó oficialmente el ejército después del golpe de 1979, inició su carrera política con una serie de discursos por televisión donde atacó a la junta por abolir a ORDEN, “nacido en el seno de las fuerzas armadas”:

ORDEN ha dejado de funcionar con ese nombre, pero sus principios viven y nuevamente sirven a la madre patria con el Frente Democrático Nacionalista (la nueva organización política de D’Aubuisson). En ningún momento deben sentirse culpables por combatir a estos terroristas. Si nuestros comandantes han capturado a esta clase de gente, no cometen ninguna falta. Nada de lo que hagas por defender a tu país es contra la ley.

D’Aubuisson defendió abiertamente a las fuerzas de seguridad por su participación en la multitud de desapariciones y asesinatos a finales de 1979 y principios de 1980. Montó un detallado aparato para denunciar la conspiración comunista en El Salvador. Incluyó mapas, fotografías, videotapes, y gráficas de computación, nombre-por-nombre, cara-por-cara. Denunció a dirigentes sindicales, sacerdotes, académicos, estudiantes, profesionales, oficiales de gobierno y demócrata cristianos. Entre quienes denunció estaba el arzobispo Oscar Romero, a quien le dijo: “Todavía está a tiempo de cambiar su conducta”. También nombró a Mario Zamora, un demócrata cristiano funcionario del gobierno quien, como muchos de los identificados en las transmisiones, murió semanas después. “Desafortunadamente, cuando mencionamos un nombre, pum, lo matan”, afirmó Alberto Bondanza, amigo íntimo de D’Aubuisson y fundador de Arena. “Entonces empiezan a relacionarnos con los Escuadrones de la Muerte. Si por casualidad del ejército llega a matar a una de estas gente, luego la gente nos culpa a nosotros”. Las pruebas que presentó D’Aubuisson eran “irrefutables”: fotos y documentos que la CIA preparó con mucha anticipación. El material fue transmitido una y otra vez.

Los lazos clandestinos de Estados Unidos con el aparato de seguridad salvadoreño se mantienen firmes y parecen haberse reforzado desde 1980. Luis Alonso Bonilla, oficial de la Guardia Nacional, afirma que personal militar y civil estadunidense entrenó a miembros de las fuerzas de seguridad salvadoreña y los habilitó como guardaespaldas en 1980. Explica también que en 1975 tomó un curso que incluía instrucción sobre técnicas de combate y emboscada. Un detective de la Policía Nacional y miembro de la unidad especializada en explosivos afirma que cuatro de sus compañeros visitaron Estados Unidos para tomar un curso sobre explosivos en noviembre de 1983. En septiembre de 1983 Carranza declaró: “Me han visitado miembros de la embajada con los que siempre he mantenido relaciones muy cordiales. Me prometieron que nos van a ayudar a entrenar a nuestro personal”. Carranza explica que también necesitaban equipo de investigación de interrogación, y que no le alarmaba que las leyes norteamericanas prohibieran la ayuda: “Es posible conseguirlo con algunos miembros de la embajada, pero por otros medios, digamos por amistad”. Una vez que la Policía de la Tesorería recibiera equipo de detección de mentiras impresiones dactilares y balística, “tendríamos un método más eficaz para investigar y no sólo el de presionar a la víctima. Ahora, cuando uno tiene un prisionero hay que presionarlo interrogándolo una y otra vez, de día y de noche”.

Cuando Estados Unidos montó en los sesenta el sistema de seguridad salvadoreño -aparato que se basaba en la vigilancia y el asesinato-, la empresa obtuvo un apoyo absoluto en el gobierno estadunidense. Los oficiales del Departamento de Estado y los agentes de la CIA se sentaban con el coronel Medrano y sus contrapartes de la Nicaragua de Somoza y la Guatemala de Peralta Azurdia para saber “quienes eran los comunistas, de qué eran capaces y qué se debía hacer con ellos”. Con el tiempo, la coyuntura política abrió una especie de grieta entre los profesionales del Departamento de Estado y sus colegas del Pentágono y la CIA. Durante el gobierno de Carter, sus desacuerdos fueron con frecuencia muy pronunciados. Con Reagan, el Departamento de Estado ha vuelto a alinearse, pero las críticas públicas y las presiones del Congreso han obligado al gobierno a manifestarse abiertamente contra los Escuadrones de la Muerte aunque secretamente se mantenga la ayuda a las fuerzas militares de seguridad que los dirigen.

La complicidad de Estados Unidos en el trabajo oscuro y brutal de los Escuadrones de la Muerte de El Salvador no es nada extraordinario. Representa más bien un compromiso institucional básico, bipartidista, que han desarrollado seis gobiernos estadunidenses.

Traducción: Delia Juárez G.