Toda las mañanas, Rodrigo Sánchez acostumbraba ir a su trabajo en Santa Fe usando la Línea 7 del Metro hasta la estación Tacubaya, donde tomaba un camión colectivo. La multitud en el transporte no le gustaba pero era la opción más rápida y, sobre todo, económica.

Repitió la rutina una y otra vez, hasta que un día de regreso a su casa lo asaltaron en el andén mientras esperaba el tren. “Sentí cómo me rodearon, eran varios, hombres y mujeres. Me dijeron que no dijera ni hiciera nada. Sentí como me iban sacando todo. Como había mucha gente en la estación, parecía que estaban esperando el Metro como los demás. Cuando se abrió la puerta del tren, me aventaron dentro y se fueron”, recuerda. En unos segundos perdió su iPhone, su Kindle y su cartera. No denunció, pero fue la última vez que subió en transporte público a Santa Fe. Ahora gasta más en un sistema de transporte privado, pero se siente más seguro. “Es horrible cómo de la nada te quitan las cosas que tanto te han costado. No se vale”, dice.

Ilustración: Patricio Betteo

Durante 2019, el robo con violencia en el transporte público de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México ha tenido un repunte. La agresividad con la que se ejercen los asaltos a pasajeros y choferes también se ha ido agravando. Casi diario, en redes sociales o en las noticias, se puede leer de asaltos que terminan con disparos, personas heridas o asesinadas. Incluso se reportó que una granada de fragmentación fue lanzada contra un camión que se dirigía del Municipio de Zumpango, en el Estado de México, hacia la capital del país. El vehículo no llevaba pasajeros y el explosivo no logró detonarse.

“Cada vez está más cabrón. A cada rato nos andan pegando y están más agresivos. Antes nada más le bajaban sus cosas a los pasajeros. Pero ahora ya los golpean o sí les ponen el arma en la cabeza. A mí no me han tocado disparos, pero ya me la espero”, cuenta Carlos N., chofer de una combi que va de Indios Verdes a Tecámac, en el Estado de México.

Un estudio de opinión levantado por Buendía & Laredo a inicios de 2019, titulado “Encuesta sobre victimización en el transporte público en la Ciudad de México y Zona Metropolitana”, da cuenta que los camiones, microbuses y combis son percibidos por los usuarios como los medios de transporte más inseguros. El 93% de las dos mil personas encuestadas, dijo que estos vehículos les parecían inseguros. Y, sin embargo, son las más usados para moverse en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México.

La relación de seguridad parece estar relacionada de manera inversa al costo del transporte. Mientras más barato, más inseguro. Por el contrario, los usuarios manifestaron sentirse más seguros en taxis o en vehículos relacionados con apps como Uber o Cabify, pero éstos son los más caros y no todas las personas puede costearlos.

“A mí ya me han bajado dos veces el celular en el Metrobús. Me di cuenta cuando ya me había bajado. Según yo lo guardé bien en mi pantalón y lo iba ‘sintiendo’ pero son mañosos y ni te das cuenta. Pero no es lo mismo pagar 12 pesos de ida y vuelta en un día de trabajo, que tener que pagar 250 pesos nada más de ida de mi casa al trabajo. Así no sale. Entonces, terminas corriendo el riesgo porque no hay opción”, dice Juan Carlos García, vecino de Álvaro Obregón.

Para Andrés Lajous, titular de la Secretaría de Movilidad (SEMOVI) de la Ciudad de México, la incidencia de los robos y su grado de violencia son diferentes dependiendo el tipo de transporte público. “Por un lado están los servicios que opera el gobierno capitalino, como son el Metro, el Metrobús, los RTP, el trolebús y el Tren Ligero. En ésos los robos son de carteras y, sobre todo, de celulares. Son delitos que tienen que ver más con aglomeraciones, con las multitudes. Por otro lado, es más violento en el transporte concesionado, es decir, los camiones, combis y microbuses, donde sí hay casos en los que se suben con armas de fuego o armas blancas a robar las pertenencias del pasaje. Y donde por desgracia hemos tenido la pérdida de vidas humanas”, explica el funcionario a Nexos.

Del 5 de diciembre de 2018, cuando ingresó el nuevo gobierno capitalino que encabeza Claudia Sheinbaum, hasta el pasado 31 de marzo, la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México ha registrado 3,242 carpetas de investigación por robo en transporte público. La maestra Margarita Vázquez Sánchez, subprocuradora de Averiguaciones Previas Desconcentradas, da una cifra: al día, en promedio, se reportan 24 denuncias. Es decir, un delito cada hora.

Sin embargo aún existe una cifra negra de delitos que no están siendo reportados. “La gente cada vez denuncia más, pero hay mucha gente que no. No quieren perder su tiempo y necesitamos que todos denuncien si son robados en el Metro o en cualquier medio de transporte”, explica.

Pero hay otro problema: cuando los delincuentes son detenidos, muchas de las víctimas deciden retirar la denuncia o darle el perdón cuando recuperan sus pertenencias. Esto ha generado una puerta giratoria para un grupo ya identificado de unos 10 delincuentes que han quedado libres sin antecedentes penales y siguen delinquiendo.

“Como no es un delito grave el robo de cartera o celular, entonces no genera antecedentes penales dentro del Tribunal de Justicia de la Ciudad de México. Y cuando la persona vuelve a ser detenida, resulta que no tiene ningún antecedente. Ya tenemos detectado un grupo de personas reincidentes. Pero como las víctimas les dan el perdón, ellos vuelven a delinquir y cuando son atrapados otra vez, es como si fuera la primera vez. Yo hago un llamado para que las personas nos apoyen y no retiren su denuncia, pues necesitamos que mínimo el delincuente llegue a juez de control para que se genere antecedente y así, la siguiente vez que lo agarren, no pueda salir libre”, explica la subprocuradora.

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La noche del pasado 16 de abril, varios usuarios de Twitter denunciaron un robo “masivo” al interior de un tren en la estación Mixcoac de la Línea 7. En respuesta, la cuenta del Sistema de Transporte Colectivo (SCT) Metro dijo que no había reporte y todo operaba con regularidad. No es la primera vez que se denuncia un asalto dentro de un convoy, una zona que hasta hace tiempo generaba la sensación de seguridad. Basta poner en Google “asalto vagón Metro” para que salgan noticias desde 2017 sobre reportes de pasajeros asaltados mientras el tren estaba en movimiento.

Las historias de robo de celulares o cartera en el Metro son ya cotidianas. Roberto C., de 32 años, solía ir en Uber de su casa en Coyoacán a su trabajo en Paseo de la Reforma. Diario gastaba 200 pesos hasta que comenzó a resentir el gasto en su cartera. Casi cuatro mil pesos al mes o más si usaba la app de regreso a casa. Sus papás le recomendaron que dejara de gastar, optara por el Metro y mejor ahorrara ese dinero. La estación Miguel Ángel de Quevedo le quedaba cerca y un día decidió tomar el Metro. Cuando salió de la estación Hidalgo, se dio cuenta que ya no traía celular. “Fue la primera vez que hice caso, según yo para ahorrarme dinero, y me quitaron mi celular. Acabe gastando más comprando otro”, dice con risa.

De acuerdo con el estudio de Buendía & Laredo, el uso de apps como Uber o Cabify está más normalizado entre población que estudió preparatoria, licenciatura o posgrados, tiene entre 18 y 29 años, tiene cuenta de banco, gasta desde 1,500 pesos al mes en transporte, usa redes sociales, vive en la Ciudad de México y tiene trabajo fijo. Es decir, aunque es un medio de transporte seguro, se ha convertido en un medio para un nicho socialmente favorecido. Al ser cuestionados cuál es la razón para que usen Uber, por ejemplo, la mayoría dijo que es por seguridad o en caso de emergencias.

Por el contrario, quienes menos usan este tipo de apps son personas que sólo estudiaron hasta secundaria, no tiene cuenta de banco, tampoco usan redes sociales o son amas de casa. Sin embargo, las aplicaciones son utilizadas cada vez por sectores más amplios de la población. De acuerdo con Hugo Martínez, Director de Políticas Públicas de Uber México, el uso de efectivo ha sido clave para permitir que sectores más amplios de la población accedan al servicio. Sobre todo usuarios que hacen viajes esporádicos cuando se ven obligados a desplazarse en horario nocturno, en trayectos normalmente inseguros o en situaciones de emergencia.

La situación del transporte público entre la Ciudad y el Estado de México también parece tener sus contrastes. Sobre la capital del país, los entrevistados consideraron que su situación es buena en un 44%, mala en 32% y muy mala en 7%; mientras que en el caso de la entidad mexiquense sólo 28% dijo que es buena, 33% la calificó como mala y 15% como muy mala. No sólo se trata de inseguridad sino también de miedo a que las unidades sufran accidentes, el trato del chofer, el mal estado de las unidades o la incomodidad.

El mismo estudio muestra que entre 60% y 65% de la población en la Ciudad de México y su zona conurbada usan principalmente el transporte público para moverse durante un día habitual entre semana, ya sea para ir a la escuela o al trabajo. Quienes usan más el transporte público representan todos los matices socioeconómicos: sólo estudiaron primaria o tienen posgrado, están entre todas las edades, son de ambos sexos, tienen bajos o altos ingresos. Por el contrario, el transporte privado sólo es usado entre el 10% y 13% de los entrevistados.

El tiempo que se invierte en el transporte para llegar a su principal destino varía: 58% por ciento de los encuestados dijeron invertir desde 31 minutos hasta 2 horas, sólo 11% dijo que utilizaba 15 minutos, 21% hasta media hora y, en el extremo, un 9% dijo que más de dos horas.

Los medios más utilizados por usuarios de la Ciudad de México son el Metro, seguidos de microbús, pesero o combi. Mientras que para usuarios de la zona conurbada el principal medio de transporte son el microbús, pesero o combi.

Lizbeth Sánchez vivió hasta sus 25 años en Tultitlán, Estado de México, y estudió la secundaria, preparatoria y universidad en la capital del país. De ese modo se acostumbró a invertir dos horas o más para llegar a la escuela. Cuando entró a la licenciatura y tenía clase a las siete de la mañana en Ciudad Universitaria, debía levantarse a las cuatro de la mañana para salir a más tardar a las cinco y llegar a tiempo. En sus viajes al metro el Rosario, le tocó que se subieran a asaltar: perdió carteras, mochilas, y una vez una laptop. “Nunca me asaltaron en la Ciudad, menos en el Metro, pero sí en el camión que me llevaba al Rosario. No lo esperas pero tampoco te sorprende. Es algo normal. Mi familia sigue viviendo allá y les ha seguido pasando”, explica. Cuando se mudó a la ciudad, su economía le permitió comprar auto. Ahora ya le da miedo subirse al metro o al Metrobús por las historias de robo que escucha entre colegas de trabajo y amigos. “Prefiero gastar en gasolina y la mensualidad del auto, pero estar segura con mis hijos”, agrega.

El pasado 16 de abril, un grupo de transportistas del Estado de México ofreció una conferencia de prensa para denunciar el alarmante clima de inseguridad que viven los choferes y pasajeros de transporte público. A nombre de la Dirección General del Consorcio de Emprendedores del Transporte 20 de Octubre A.C., los empresarios de transporte señalaron que un 40% de los choferes ha dejado sus empleos debido a la delincuencia que enfrentan. Acusaron que mientras a los transportistas se les castiga cuando se involucran en un accidente, las autoridades están siendo omisas para atender las múltiples denuncias de asaltos a mano armada, mismos que ya han dejado personas lesionadas o fallecidas.

De acuerdo con los reportes del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de seguridad Pública, es visible el incremento de delitos en el transporte público del Estado de México: en 2018, hubo 3,389 casos de robos con violencia a transportistas, mientras que sólo en enero y febrero de este año ya van 788 casos; y en el caso de transporte público se registraron 9,001 casos asaltos con violencia, pero en enero y febrero de este año ya van más de 1,500.

En las últimas semanas, en Twitter se han viralizado videos de cámaras seguridad instaladas dentro de combis que viajan del Estado de México a la Ciudad o viceversa. Los ciudadanos han podido ver cómo operan: grupos de dos o tres personas se suben como pasajeros normales y en un instante sacan armas de fuego y despojan a los pasajeros de bolsas, mochilas, celulares y carteras. Incluso golpean a los pasajeros que no entregan rápido sus pertenencias.

Para Andrés Lajous, secretario de Movilidad en la CDMX, parte del problema son los llamados “chalanes” que acompañan al chofer. También se les conoce como “chifla muertos” o “cacharpos”. Estos personajes, que habitualmente van colgados de la puerta de los camiones o microbuses, han comenzado a ser señalados por estar impuestos por las bandas delictivas. Es decir, sirven como informantes sobre los puntos donde se sube más pasaje o puntos clave para que los delincuentes puedan actuar. “Muchos concesionarios nos han pedido que los retiremos porque están siendo impuestos. Entonces, en las próximas revisiones no se va a tolerar que estén abordo de las unidades”, explica el funcionario.

El problema está siendo atendido de manera conjunta por las Fiscalías de la Ciudad de México, Estado de México e Hidalgo, y de manera semanal funcionarios de las tres entidades se reúnen para evaluar los avances. Por las mañanas, ya resulta habitual en las entradas a la capital del país filtros o retenes de seguridad que inspeccionan los camiones y combis.

De acuerdo con la Procuraduría capitalina, estas son las principales rutas, corredores o zonas donde ocurren los asaltos al transporte público:

• Álvaro Obregón: Ruta 5 (Avenida real a Toluca, col. Cristo Rey; calle 19 de marzo, col. Arturo Martínez ).

• Azcapotzalco: San Pablo dirección a Metro Politécnico y Ruta 23; Ruta 3, dirección y cercanía al metro Rosario; Tlatelolco en dirección a la Raza.

• Benito Juárez: Estación del Metrobus Zapata, Avenida Universidad, Avenida Insurgentes y Eje 5 Sur, MetroBus Felix Cuevas, Metrobús Américas.

• Coyoacán: Avenida Aztecas y Calz. El Imán.

• Cuajimalpa: Cuajimalpa Centro, San Pablo Chimalpa, Zentlapatl y La Rosita.

• Cuauhtémoc: Metrobús Lindavista, Insurgentes sur y Viaducto.

• Gustavo A. Madero: Ruta 18 que sale de la Basílica o del Metro 18 de Marzo; Ruta 8 (IPN); Ruta 88 (Metro Potrero); Ruta 66 (Indios Verdes); Ruta 58 (San Felipe de Jesús y San Juan de Aragón), y Ruta 3.

• Iztacalco: Rutas 31, 26, 121, 101, 12, y el corredor que conecta Santa Martha Acatitla con el Metro Aeropuerto.

• Magdalena Contreras: Rutas 104, 66 y 41.

• Milpa Alta: Ruta 81 (Xochimilco- Oaxtepec), Ruta 76 (Bartolomé  Xicomulco); Ruta 21 (Milpa Alta-Metro Tláhuac), y Ruta 95 (UAM Xochimilco-CU).

• Venustiano Carranza: Las rutas de microbuses que cruzan por las colonias Morelos, Aviación Civil, Jardín Balbuena, Merced Centro, Pensador Mexicano y 20 de Noviembre.

Tan sólo entre el 5 de diciembre de 2018 y el 15 de abril de este año, en la Cuauhtémoc se han acumulado 332 denuncias, mientras que en GAM ya van 331.

En el caso de detenidos, la Cuauhtémoc lidera con 74 personas puestas a disposición de las autoridades y GAM con 48. En toda la Ciudad, con excepción de Coyoacán, Magdalena Contreras y Milpa Alta, van alrededor de 250 detenciones.

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Ante el incremento de asaltos en transporte público concesionado al oriente de la Ciudad de México, la alcaldesa de Iztapalapa, Clara Brugada, anunció un programa para instalar cámaras abordo de camiones y microbuses, además de que un policía fue asignado por unidad para vigilar el trayecto. El programa, de acuerdo con las autoridades, pronto dio resultados y los delitos bajaron. Pero entonces comenzaron a registrarse asaltos en otros puntos de la ciudad.

“Tenemos preocupación porque comenzamos a registrar asaltos en RTP y trolebuses que van al Norte de la Ciudad. Normalmente son transportes seguros, donde no ocurren asaltos, pero consideramos que las personas que se dedican a esta actividad (asaltos) migraron porque en el Oriente se pusieron operativos”, dice.

Es el llamado “efecto cucaracha”, como se le conoce coloquialmente, aunque Lajous rechaza usar el término: “No me gusta decirle así, con todo y todo no son cucarachas”, agrega. Para las autoridades capitalinas, las principales zonas de robo en transporte concesionado son Iztapalapa y Tláhuac, al Oriente de la Ciudad, y en Azcapotzalco y Gustavo A. Madero, al Norte. Las cuatro alcaldías coinciden en tener frontera con el Estado de México y albergar paraderos de transporte público que conectan a ambas entidades.

Lajous explica que han comenzado a remodelar los paraderos, habitualmente sitios oscuros y sórdidos para los pasajeros. “Hemos hecho cambios, cosas simples como poner iluminación pero que cambian radicalmente la experiencia del pasajero. No es lo mismo salir del Metro y caminar por una zona iluminada, que andar a oscuras entre camiones y pasillos solitarios”, cuenta.

La subprocuradora Margarita Vázquez Sánchez explica que el robo de celulares y carteras en el metro de la Ciudad de México se concentra en estaciones en la zona Centro, particularmente aquellas donde confluyen dos o más líneas como son Hidalgo, Balderas, Pino Suárez, Chabacano o Salto del Agua.

Durante la actual administración, de las 3,242 carpetas que se han abierto hasta el 31 de marzo, un total de 816 delitos ocurrieron en Cuauhtémoc, 545 en Iztapalapa y 351 en Gustavo A. Madero. Mientras que las alcaldías con menor incidencia de robo a transporte son Milpa Alta, Magdalena Contreras y Cuajimalpa.

Parte del problema para atender el robo en transporte público es que ni siquiera las autoridades conocen de manera exacta cuántas unidades concesionadas hay operando en la capital del país. En el Estado de México se estiman unas 168,000. Pero en la capital la cifra oscila entre 24,000 y 30,000, y se hace un estudio y limpieza de archivos para tener una cifra exacta. “Cuando llegamos nos dimos cuenta que el transporte estaba desatendido”, dice Lajous. La corrupción en el sector es evidente.

Por ahora, la SEMOVI comenzó un programa piloto para colocar GPS a 200 unidades de transporte concesionado que hace base en el paradero del Metro Zapata. Los sistemas de geolocalización serán pagados por los concesionarios. La idea es conocer exactamente cómo son los trayectos de las unidades.

“Sabemos cuáles son las rutas, pero no sabemos si se cumplen, si las unidades agarran atajos o donde hacen paradas. Este es un programa piloto y el plan es colocar GPS en todas las unidades. Mucha gente me ha dicho ‘¡goooey, no mames, van a poner GPS a microbuses viejos!’. Pero en realidad es una tecnología muy sencilla que nos ayudará a ver la verdadera red de transporte”, explica el secretario.

Lajous confiesa que hace unos años él mismo fue víctima de robo de carteristas en el transporte público de la ciudad. En el metro conviven cada día alrededor de 6.5 millones de personas de la ciudad y el Estado de México. Son casi dos terceras partes de la población que vive en la capital del país. Con tal concentración de gente, dice el funcionario, es casi un milagro que no hayan ocurrido tragedias más grandes en las instalaciones del STC.

“Actualmente, el director del Metrobús (Roberto Capuano) y la directora del metro (Florencia Serranía) traen una política de dar seguimiento a las carpetas de investigación. Se busca que la gente continúe la denuncia hasta llegar al juez. Pero depende de la gente, porque mucha no quiere denunciar porque pierde su tiempo o le es suficiente con recuperar sus pertenencias”, explica.

La violencia, no obstante, ha ido dejando su huella en la CDMX. A inicios de marzo pasado, dos pasajeros de RTP fueron asesinados durante un asalto en Iztapalapa. Uno era un civil, el otro un funcionario del gobierno capitalino. Ambos se resistieron a entregar sus pertenencias a los asaltantes y, en represalia, recibieron disparos. Este hecho generó que la alcaldía y el gobierno local pusieran más vigilancia en la zona oriente de la capital.

Los asaltos a camiones y microbuses ocurren generalmente después de la hora pico. “Uno pensaría que pasan cuando va más gente, pero no. Hemos notado que es cuando ya baja el número de pasajeros y tiene su lógica: es para que los delincuentes se puedan mover más fácilmente, tomen las cosas y se bajan”, agrega el secretario.

El hartazgo de la población comienza a sentirse. Apenas el pasado 12 de abril, un grupo de pasajeros linchó a un supuesto asaltante en el municipio de Atizapán de Zaragoza, de acuerdo con medios del Estado de México. El hombre fue rescatado por la policía, pero murió más tarde en el hospital.

 

Rafael Cabrera

 

Un comentario en “Peligro a bordo: el alza del robo al transporte público en la Zona Metropolitana del Valle de México

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