Norman Mailer: Ancient Evenings. Little Brown, Nueva York, 1983, 704 pp.

“Los pensamientos ásperos y las fuerzas feroces son mi estado”. Con esta frase calculada Norman Mailer empieza su Libro de los Muertos Nuestra más conspicua energía literaria acaba de generar su texto más extraño un libro que desafía los patrones estéticos habituales, incluso al ubicarse más allá de cualquier idea convencional del bien y del mal. Al igual que James Merrill, con quien aparte de esto no tiene nada en común, Mailer encuentra en el Yeats visionario a uno de sus ocultos puntos de origen pero, a diferencia de Merrill, Mailer efectivamente comparte la obsesión de Yeats por el mundo de los muertos. Los espíritus de Merrill en The Changing Light at Sandover son representaciones de nuestras vidas, aquí y ahora; pero Mailer se ha remontado a las tardes antiguas de los egipcios para encontrar el significado religioso de la muerte, el sexo y la reencarnación, echando mano no de una metáfora, sino de una literatura extrema. Lo que los abonados al Círculo de Lectores encontrarán aquí es más que penetraciones anales y sexo oral para desquitar el dinero que pagaron por el libro.

Pero también hay un poder espiritual en la fantasía de Mailer (no se trata de una novela histórica donde esta fantasía se enmascara para ser) y hay una pertinencia para la realidad en curso en Estados Unidos que efectivamente sobrepasa a la que había en el logro anterior más extenso de Mailer, La canción del verdugo. Más que antes, las fantasías de Mailer, ahora brutales y desagradables, capturan los acentos precisos de las realidades psíquicas dentro de y entre nosotros. Ancient Evenings rivaliza con el Gravity’s Rainbow de Pynchon como un ejercicio en lo que debe llamarse sado-anarquismo monumental, y un aspecto de la fantasmagoría de Mailer puede ser su necesidad de desafiar a Pynchon precisamente donde Pynchon es más fuerte. La paranoia, en estas dos amalgamas norteamericanas de Prometeo y Narciso, se vuelve un clima.

Ancient Evenings sigue su curso en setecientas páginas larguísimas, y sin embargo da todas las señas de ser algo trunco, como si la forma en que quedó fuera meramente la desesperación de no encontrar su forma apropiada. El libro podría ser el doble de extenso, pero ningún lector lo desearía. Thomas Mann dijo orgullosamente de su novela egipcia, José y sus hermanos, que “como hijo de un comerciante, tengo una fe fundamental en la calidad. La canción de José es una obra buena y sólida” Mann le dedico al libro dieciséis años de su vida, y su calidad es perdurable. Mailer le dedicó una década a Ancient Evenings y el resultado es una obra salvaje y especulativa, pero de cualquier modo trabajaba mucho en ella. Su calidad no es perdurable, y tal vez no es su intención que lo sea. Con desesperación, Mailer está tratando de salvar nuestras almas, como D.H. Lawrence lo intentó hacer en La serpiente emplumada o incluso como Melville lo hizo en Pierre. Un lector atento debe entrar con una cautela respetuosa a tales narraciones, porque no se pueden aceptar ni rechazarse, así exijan del lector más de lo que dan Mailer desea volver a sus lectores serios vitalistas religiosos, incluso como Lawrence buscó renovar nuestra relación original con el sol y con un origen visionario más allá del mismo sol natural. Las últimas obras de Mailer se agitan así en los límites del arte.

Es posible que los lectores de Mailer aprendan aquí más mitología egipcia antigua de la que probablemente quieren o necesitan, pero esta mitología es el libro y para Mailer parece más que mitología. Como sus antiguos nobles egipcios, Mailer caza, mata, asa y devora a sus dioses, para aumentar su propio valor, potencia sexual, inmortalidad. Supongo que una lectura de El libro de los muertos (Los papiros de Ani) fue lo primero que llamo la atención de Mailer sobre las analogías egipcias con sus propias obsesiones en curso, pero sea cierto esto o no, es interesante ver la traducción del texto antiguo de E.A. Wallis Budge (The Egyptian Book of the Dead: The Papyrus of Ani in the British Museum, Dover, 1976)(*) a partir del libro.

*En español hay una traducción de J. Rodríguez Lafuente hecha a partir de Wallis Budge: El Libro de los Muertos. en Ediciones Ateneo, México, 1a. edición 1974 (T.y R.)

Hay muchas versiones de El Libro de los Muertos, algunas de ellas pueden remontarse a miles de años antes de los 190 años que cubren el libro de Mailer (1290-1100 A.C.). Pero todas tienden a contar la mismas historias sobre los dioses y la vida en el más allá, historias que se centran en la muerte, la mutilación y la resurrección del dios Osiris. Así como Osiris triunfó sobre la muerte, así lo egipcios desearon emularlo y acceder de hecho a una identidad virtual con ese rey de la eternidad, que en su resurrección tomó aspectos de Ra, el dios del sol. Y del mismo modo en que Osiris volvió a erguirse en su cuerpo restaurado, así los antiguos egipcios tenían la concepcion de que vivirían otra vez en algo más que el espíritu. Como dioses resurrectos, festinarían y amarían para siempre.

Por desgracia, los grandes peligros que surgían al atravesar las etapas variadas que se encuentran entre la tumba y cielo, hicieron que la posibilidad cumplir esta idea de la resurrección fuera algo difícil incluso para los puñados monarcas y grandes nobles que podían, pagarse del mejor modo tumbas monumentales y bien apuntaladas. La duad o Tierra de los Muertos estaba llena monstruos amenazantes, y sólo con una combinación apropiada de preparación en suertes mágicas, valor, y simple buena suerte, era probable que uno saliera adelante. Este es esencialmente el material dado que Mailer se apropió.

Lo que Mailer añade con sus propios énfasis en la escatología, la penetración anal y la guerra entre las mujeres y los hombres, pero el material básica de frontera móvil entre lo humano y lo divino, y las visiones sobre el mundo de los muertos, ya estaban en la mitología egipcia para que Mailer lo desarrollara fuerza. La fuerza de este libro se encuentra en su sinceridad perturbadora y singular. Es probable que aturdan al lector las repeticiones de las casas-osarios del horror y que incluso los más ávidos entusiastas la penetración anal, ya sean heterosexuales u homosexuales, respinguen al ver el atiborramiento de violaciones sodomísticas en la exuberancia narrativa Mailer; pero la seriedad religiosa de todas estas representaciones más bien hace un lado el humor y las deja incuestionadas e incuestionables.

“Los pensamientos ásperos y las fuerzas feroces son mi estado” porque narrador de Mailer es el Ka o doble sobreviviente de un muerto, un joven noble que se llamó Menenhetet Segundo. Este Ka desafortunado nos lleva a un paseo espantoso por la necrópolis, donde encuentra al Ka del bisabuelo del hombre joven, Menenhetet Primero (de aquí en adelante, al igual que Mailer, me referiré a ambos personajes por su nombre más corto, Meni.) El bisabuelo Meni es el personaje central de Mailer, y justamente acaba de morir o dejar su cuarta vida, a los sesenta años de edad que en él son todavía de un vigor fenomenal. Nos encontramos alrededor del año 1100 AC, en un Egipto que se parece demasiado a los Estados Unidos en los años setenta, pero ahora no estamos oyendo la canción del verdugo, sino del mago.

El bisabuelo Meni, un devorador de estiércol de murciélago, ha dominado todos los misterios, incluyendo uno que más bien es producto de la invención del propio Mailer (y que de un modo curioso se atribuye al esoterismo desprendido de Moisés.) En esta ejecución de lo oculto, uno se vuelve el padre de uno mismo, engendrando la encarnación de uno mismo en una mujer que así, de algún modo, ya es la madre de uno mismo. Meni Primero selecciona a su propia nieta, Hathfertiti, para tal honor, que en otro sentido debe verse como algo muy cercano a la propia muerte de uno. Pero no intento dar un resumen elaborado de la trama, en la medida en que si usted lee Ancient Evenings por la historia que cuenta, acabará colgándose seguramente. Hay menos historia o relación narrativa de lo que indicaría cualquier resumen, porque este es un libro en el que puede ocurrir cualquier ultraje concebible, y no obstante nada sucede porque al final todo queda exactamente igual.

Sólo hay dos personajes que importan en el libro, y de un modo no muy inexacto podría decirse que son versiones de Hemingway (me refiero al novelista, no a uno de sus personajes) y del mismo Mailer, el precursor heroico y su vitalista seguidor e hijo. Uno es el gran faraón Ramsés Segundo, vencedor de los hititas en la batalla de Kadesh, y el otro es el tres veces reencarnado mago Meni Primero, que peleó en Kadesh como el primer cuadrillero del faraón.

Ramsés Segundo es un hermoso y potente dios macho, al que por lo general llaman Montayeguas, mientras que el apenas menos potente Meni está condenado a ser el perpetuo adorador de su faraón, una condena establecida por medio de una penetración anal ferozmente divina de Meni Primero por Ramsés, lo cual en términos efectivamente mailerescos instala el dilema que todavía magia de Meni nunca podrá resolver Haber sido penetrado analmente por el precursor de uno mismo es una nueva y exaltada variante sobre las congojas de la influencia literaria, pero evidentemente esto no inhibe o incapacita a los hijos fuertes de padres fuertes para que penetren analmente a la Musa, una venganza deliciosa que el mago Meni lleva a cabo en la diosa y reina Nefertiti, la esposa principal de Ramsés Segundo.

La mayor parte de la historia del mago está contada por él al faraón reinante, un descendiente del gran Ramsés, en el curso de una interminable noche de banquete que, junto con las vidas de Meni Primero que se van insertando en el libro, se llevan unas quinientas de las setecientas páginas de Mailer. Aquí hay un problema no resuelto de forma, pero no es nada comparado con los defectos del tejido, con las inevitables inconsistencias en el tono y en la imaginería mal mezclada. Mann encontró un estilo para José en Egipto, pero la fuerza de Mann era la ironía y la fuerza de Mailer nunca es irónica. Hay unas partes larguísimas aunque bien puestas y ejecutadas, sobre todo la batalla de Kadesh, pero también hay estiramientos interminables por los cuales el pobre lector tiene que arrastrarse con una paciencia no recompensada, incluyendo todo el “Libro de las Reinas”, que se lleva 135 páginas de intrigas de harem. Nada que Mailer haya publicado es tan desatendible como el “Libro de las Reinas”, que podría haberse titulado “El prisionero del sexo revisitado, o La venganza de las feministas radicales”. En justicia a Mailer, ofrezco un representativo pasaje suelto, escogido honestamente al absoluto azar:

Entonces la deslealtad se despertó en Menenhetet, y su respiración se volvió tan callada como el agua. Estaba enfermo de deseo por todas las pequeñas reinas. Era tan vivido como la vergüenza estar solo entre tantas mujeres que ni siquiera tenían cerca a un niño mayor de diez años, porque a esa edad los niños que nacían aquí eran encargados a los sacerdotes para que ellos los educaran. Todo lo que oía eran las voces de las mujeres que no tenían esposo ni compañero ni amante alguno excepto el Dios y el Gran Dios Montayeguas. Peor aún. A su alrededor estaban todos los eunucos rechonchos con sus músculos negros enriquecidos por el aire de su vida fácil. Así que el conjunto era un llamado -entre las cien mujeres y Menenhetet- a todas las poderosas atracciones de sus sentidos. Los lomos le dolían tenía un nudo en la garganta, y su boca estaba tan hambrienta que decidió no mirar por las ventanas a la taberna que estas pequeñas reinas estaban construyendo. En la oscuridad, como el caballo que oye a una bestia criminal en el mero susurro de una hoja él se erguía con cada brisa que le llegaba. A esta hora había eunucos por todas partes en el jardín, acariciándose con sus dedos y sus bocas, soltando risitas como niños, y la carne de Menehetet se enardeció.

Pero la pobre carne de Meni se la pasa enardecida, con mucho, en todas estas setecientas páginas, y a fin de cuentas enardecimiento es el deseo lujurioso ser el Montayeguas-Ramsés, faraón dios, y así no morir nunca excepto a modo de un rápido tránsito entre una encarnación y la otra. Resulta mas bien oscuro proceso mágico y físico real por el que Meni engendra una encarnación fresca. Debe ser capaz “durante un embarazo, de jinetear su corazón hasta pasar el último obstáculo y exhalar su último pensamiento mientras entraba en el útero de mujer; de ahí empezaría una nueva vida, una continuación verdadera de si mismo; su cuerpo murió, pero no la memoria de su vida”. Sea lo que sea ese galope que vencerá al último obstáculo, Meni Primero llega a un término muy malo. A diferencia de Sherezada a Meni finalmente se le acaban las historias, y benévolamente se le permite que se corte la garganta con el propio cuchillo del faraón. ¿dónde nos ha traído la fantasía maileriana de su mago? Bajo el principio estético de Wallace Stevens de que “Eso debe cambiar”, Meni, alguna vez genera puede encontrar su epitafio en el mismo; Stevens:

Nada ha ocurrido porque nada ha cambiado.

No obstante el general resultó ser un desperdicio al final.

EN LA ESCALA DE EMERSON

¿Por que estamos en Egipto? ¿Dónde más podríamos estar? La dialéctica maileriana del sexo y la muerte ha encontrado su contexto inevitable, aunque el mundo de Montayeguas y Meni puede no ser totalmente distinto del mundo de Gary Gilmore. Tanto Pynchon como este Mailer reciente son lo que Vico llamó “mágicos primitivos”, bardos gigantes que intentan deificarse a sí mismos por la práctica ancestral de la divinización, pero Pyncho se fragmenta o dispersa él solo, incluso, del mismo modo en que al último despedaza literalmente a su héroe Slothrop e Gravity’s Rainbow, al hacerle cargar el peso de una parodia del destino de Osiris, del mismo modo en que Yaveh dispersó los constructores de la Torre de Babel. Igual que sus ancestros norteamericanos de Poe hasta Hemingway, Mailer resiste la dispersión o el desmembramiento de su yo y su nombre. Así Ancient Evenings viene a cumplir la profecía crítica de Richard Poirier en su libro sobre Mailer (1972), que encontró en el énfasis en la penetración anal una dialéctica por la cual el significado se destruye y es restituído al mismo tiempo. Poirier argumentaba que en la cábala de Norman Mailer, es casi como si la Penetración anal constituyera el tropo o la figura de quebrar los vasos, una imagen gnóstica fundamental referida a la creación negativa.

Como un teólogo de narrativa Mailer de un tiempo a la fecha ha ido desarrollando una versión privada de la gnosis norteamericana, en el sentido de que el gnosticismo es una doctrina que insiste en la existencia de una chispa divina en cada adepto, un brillo que no puede morir porque de cualquier modo nunca fue una parte de la creación. Esta doctrina cede la historia y la naturaleza elemental a los demonios o a los malos ángeles, e identifica lo que es inmortal en el yo con el abismo original, del cual el Yaveh del Génesis hizo un robo para formar su creación deficiente Libertina y hereje, ya que identifica la ley de la Torah con una creación catastrófica, una fe así es la antítesis tanto del judaísmo normativo como del cristianismo ortodoxo. En el gnosticismo judío o cábala, la catástrofe que arruina a la creación es visualizada como la quiebra de los vasos, la corteza del cosmos y el cuerpo dañados por la luz divina.

Como un metafísico de las entrañas (según se dice él mismo), Mailer se inclinó desde el principio a ver la penetración anal como un acto herético o de antinomia; la transgresión de todas las reglas de un orden profundamente falso que revelaría una verdad superior (véase la penetración anal de Ruta, la muchacha alemana, en An American Dream y “The Time of Her Time”). En Ancient Evenings el propio Mailer se ha emancipado, y parece estar delineando una nueva metafísica, en donde la penetración anal heterosexual puede ser la norma verdadera (como pudo haberle parecido al Lawrence de El Amante de Lady Chatterley), y el contacto sexual más convencional tal vez se reservaría a la operación oculta de reencarnar uno mismo en el útero de la amada. Aquí puede recordarse el análisis sobre el Marqués de Sade que hicieron Horkheimer y Adorno en su capítulo sobre Juliette de La dialéctica de la Ilustración, en donde observaron que las arengas de los héroes sadianos señalaban una perfección final en la racionalidad de la Ilustración. No obstante esto parece más apropiado para el sado-anarquismo de los racionalistas paranoides de Pynchon que para los misterios egipcios de Mailer-Meni, que ha luchado con tanta fuerza por apartarse en sentido inverso de la realidad de la post-Ilustración.

Mailer es un caso formidable de auténtica exigencia literaria como para descartarlo, y el rechazo no es ciertamente mi intención. Ancient Evenings sigue el camino del exceso, y lo que Karl Kraus dijo de las teorías de Freud puede aplicarse también a las especulaciones de Mailer: puede ser que sólo las partes más locas sean ciertas. Probablemente Mailer es consciente de que sus obsesiones egipcias se insertan en la principal tradición de la literatura norteamericana, y que continúan mucho de la imaginería de los más grandes escritores del renacimiento norteamericano.

Aquí el estudio definitivo es el de, John Irwin: American Hieroglyphics: The Symbol of the Egyptian Hieroglyphics in the American Renaissance (Yale University Press, 1980). Irwin se centra en Poe y particularmente en La Narración de Arthur Gordon Pym, pero mucho de lo que Irwin dice sobre el Pierre de Melville es tan pertinente para Ancient Evenings como lo es el brillante comentario de Irwin sobre Pym. Irwin argumenta que tanto Emerson como los escritores que estimuló -Thoreau y Whitman, de un modo positivo; Poe, Hawthorne y Melville, de un modo negativo- encontraron en el antiguo Egipto una imagen de la resurrección a través de la reencarnación o la reaparición que podían oponer a la visión hebrea de la resurrección del cuerpo. En efecto, no podían ser más antitéticas de lo que fueron las actitudes hacia la muerte de los fariseos y del Egipto mitológico, y tal vez los escritores norteamericanos han preferido inevitablemente la suposición egipcia de la sobrevivencia personal, al igual que Yeats. Al ir comentando Pym y Pierre, Irwin ve en la resurrección egipcia una especie de desplazamiento freudiano del cuerpo del escritor en el libro del escritor, de la sangre en tinta. Como la gran versión occidental del Más Allá, la literatura norteamericana de los siglos XIX y XX tal vez asume una magnificación casi egipcia, una exaltación de la demora en pasar, de la permanencia cultural como la segunda oportunidad de una vida literal después de la muerte Con todo, Ancient Evenings de Mailer puede parecer una obra ubicable en la condición apesadumbrada de Pierre, si no tanto como Pym: una visión norteamericana de crepúsculo final.

Me refiero a la visión literaria norteamericana de la muerte como “demorada” o “de permanencia” en contraste con las ideas de la muerte, primero, en el judaísmo normativo, y luego en el cristianismo original. El judaísmo postbíblico asociaba la salvación de cada judío con la de toda la judería, y el sabio Rab del siglo tercero AC dijo del mundo que vendría que en él “no hay comida ni bebida, no se engendran niños, no hay negocios, no hay celos ni odio, y no hay luchas”. Esto guarda relación con la mas bien farisaica réplica de Jesús a los saduceos de que “cuando se levantan de la muerte ellos tampoco se casan ni están casados, sino que son como ángeles en el cielo”. En su American Hieroglyphics, Irwin contrasta las versiones judía y cristiana de inmortalidad personal con la noción egipcia de sobrevivencia personal:

Igual que la tumba vacía y el cuerpo desvanecido evocan el concepto judeocristiano de un yo inmortal que es lo bastante independiente del cuerpo para incluso permitirse tomar una imagen corporal, así la pirámide monumental y el cadáver momificado expresan el sentido egipcio de que la inmortalidad del yo personal está ligada constitutivamente a la preservación de una imagen así…

Irwin lee el Pym de Poe y, en menor medida, el Pierre y Mardi de Melville, como una especie de revocación egipcia del entendimiento judío y cristiano de la muerte como las venganza de Dios por nuestro pecado original contra el Padre Al igual que Poe y Melville, Pynchon y el Mailer de Ancient Evenings participan en esta revocación que, como dice Irwin, “no se refiere a la muerte como venganza, sino a una venganza contra la muerte, la venganza que el hombre intenta llevar a cabo, a través del arte, contra el tiempo, el cambio y la mortalidad, contra las cosas que amenazan borrar todas las huellas de su existencia individual” Así, Melville dijo de su Pierre, su maileresco intento de escribir un libro de “vehemencias impenetrables”, que: “El está aprendiendo cómo vivir, mediante el ensayo del papel de la muerte”.

Mailer también desea que aprendamos cómo vivir, en unos Estados Unidos donde él ve que nuestros cuerpos y espíritus se están volviendo cada vez más artificiales, incluso” de plástico” como lo ha señalado con frecuencia. Si nuestras realidades en curso, corporales y psíquicas, manifiestan sólo conexiones perdidas, entonces las populosas tardes antiguas y egipcias de Mailer, recorridas-por-el-sexo-y-la-muerte intentan ser el espejo de nuestra desesperación, al tiempo que buscan contrastar nuestras evasiones con el ensayo egipcio del papel de la muerte. Personalmente, no voto ni a favor del papel del sabio Rab ni del mago vitalista Mailer, pero reconozco el poder de sus fuerzas ásperas y sus pensamientos feroces.

Mailer termina su libro con una rapsodia enigmática, en la que el Ka o doble de Meni Primero expira, y el poder del corazón moribundo entra en el Ka de Meni Segundo Ese Ka combinado emprende el viaje hacia el renacimiento, mientras que Mailer-Meni declara sombríamente: “No sé si trabajaré para siempre del lado de los insaciables, entre los demoniacos, o si colaboraré con algún propósito noble que no puedo nombrar” Eso puede ser un toque de grandilocuencia, pero es profundamente norteamericano, y también es perfectamente gnóstico en su aspiración de unirse a un Dios extraño. Hasta ahora a Mailer al parecer le ha faltado capacidad de invención para, después de todo, asemejarse a Dreiser más que a Hemingway: un juicio que La Canción del verdugo, un logro indudable, apoyaría Ancient Evenings es un logro de una índole más mezclada, pero es también una invención extravagante, otro aviso de que Mailer se encuentra en su casa en la escala de Emerson, que sigue deparando sorpresas.