Emiliano Zapata es el símbolo del agrarismo y de la lucha de los pueblos campesinos por la tierra, la justicia y la libertad. La importancia histórica de Zapata y del movimiento que encabezó de campesinos, peones de haciendas, jornaleros agrícolas, arrendatarios, medieros, arrieros, indígenas, pequeños agricultores, obreros y comerciantes de Morelos, Guerrero, Puebla, Tlaxcala, Estado de México y sur del Distrito Federal e Hidalgo, se basa en el hecho de que, sin el zapatismo, la Revolución mexicana hubiera sido solamente una transformación política, un cambio de gobierno, que se hubiera limitado a la instauración de un régimen democrático como el que encabezó Francisco I. Madero, pero que no habría significado una transformación en las estructuras económicas, sociales y culturales del país.

El zapatismo fue el único movimiento de la Revolución mexicana que realizó una profunda reforma agraria, en la que los pueblos campesinos recuperaron la tierra y el uso de sus recursos naturales y los defendieron con las armas en la mano, tal y como lo establecía el artículo 6 del Plan de Ayala.1 Tutelados y protegidos por Zapata y el Cuartel General los pueblos llevaron a cabo una de las más importantes experiencias de autogobierno y autoorganización, definida por el historiador Adolfo Gilly como la Comuna de Morelos.

Ilustración: Ricardo Figueroa

El zapatismo ha sido uno de los temas más debatidos por los estudiosos de la Revolución. Dos libros clásicos, el de Jesús Sotelo Inclán, Raíz y razón de Zapata, y el de John Womack Jr., Zapata y la Revolución mexicana, junto con La revolución interrumpida, de Adolfo Gilly,2 han sido los más influyentes para explicar la naturaleza y el papel del zapatismo en la Revolución mexicana. El interés por el zapatismo y su caudillo se ha mantenido como uno de los temas más socorridos de los investigadores, tanto en México como en Estados Unidos, produciendo una voluminosa historiografía que, en conjunto, ha permitido construir una imagen más compleja y completa de ese movimiento. La imagen tradicional construida hasta 1970 se ha modificado y matizado. Gracias a esa nueva historiografía, en la que destacan los trabajos de Samuel Brunk, Francisco Pineda, Salvador Rueda y Horacio Crespo,3 entre otros, podemos comprender mejor lo que fue el zapatismo, corrigiendo los siguientes juicios y percepciones que prevalecían sobre él:

1. El zapatismo fue un movimiento de campesinos despojados de sus tierras y de peones de las haciendas contra éstas. La irrupción del zapatismo no fue por un conflicto agrario tradicional, sino uno de nuevo tipo. Los pueblos de Morelos habían perdido la mayor parte de sus tierras, ricas y fértiles, desde la etapa colonial y sólo mantenían una porción marginal de sus tierras originarias, que cultivaban apoyados en una relación simbiótica con las haciendas azucareras a las que arrendaban tierras o trabajaban para ellas estacionalmente, como jornaleros. La modernización de la industria azucarera durante el Porfiriato y la creación de un mercado nacional y de exportación de azúcar hizo que muchas haciendas ampliaran e intensificaran la superficie sembrada de caña, con maquinaria y tecnología modernas, cancelando el arrendamiento de tierras a los pueblos. Esa cancelación fue vivida por éstos como la ruptura del pacto moral que tenían con las haciendas. La privación de ese derecho, y la imposibilidad de sembrar las tierras con las que complementaban sus ingresos, orilló a esos arrendatarios a incorporarse a las filas del zapatismo, que secundó el llamado hecho por Madero para derrocar al gobierno de Díaz. De ese modo, el zapatismo, inicialmente, fue un movimiento de arrendatarios privados del acceso a cultivar tierras de las haciendas, al que se unieron campesinos libres, peones sin tierras y otros sectores rurales pobres del campo morelense.

2. El zapatismo fue un movimiento campesino nostálgico, vuelto hacia el pasado. El famoso aforismo de Womack “esta es la historia de unos campesinos que no querían cambiar y que por ello hicieron una revolución” ha servido como la definición más aceptada y repetida para caracterizar al zapatismo. Sin embargo, Womack, en el largo prólogo a la edición más reciente de su libro, ha señalado como errónea esa interpretación, atribuyéndola a una mala traducción de to move, que se tradujo como “cambiar”, cuando el sentido original era que no querían “moverse, dejar el sitio al que pertenecían”. Además de esa aclaración, muy tardía y, a mi juicio, insuficiente de Womack, otros investigadores han mostrado cómo no existía tal visión romántica, nostálgica o reaccionaria dentro del movimiento suriano, sino que éste era una amalgama más compleja, donde coexistían elementos tradicionales (como los vínculos de parentesco y amistad, el papel central de las autoridades de los pueblos, la acendrada religiosidad y el respeto a sus costumbres y cultura ancestrales —por lo demás muy alejados del estereotipo de las comunidades campesinas holísticas), con elementos políticos e ideológicos modernos, desarrollados por Zapata y los intelectuales orgánicos del zapatismo. Este fue el movimiento con la propuesta programática más sólida y radical durante el periodo más álgido de la Revolución, entre 1914 y 1915, como se constata en la Soberana Convención Revolucionaria, donde los intelectuales zapatistas plantearon temas que se inscribían en un pensamiento político moderno como el establecimiento de un gobierno democrático parlamentario, la subordinación del poder político a la sociedad civil y la participación de ésta en la supervisión y vigilancia de los poderes públicos, la revocación de mandato del presidente, el derecho de huelga y de boicot de los trabajadores, una rígida moralidad y un perfil popular de los funcionarios públicos, la disolución del ejército en tiempos de paz, la igualdad jurídica de los hijos naturales con los legítimos y la emancipación de la mujer. Estas propuestas estuvieron entre las más radicales y avanzadas del periodo revolucionario, aunque hay que señalar también que no se pudieron aplicar, en virtud de que el zapatismo perdió la guerra, dejó de ser una alternativa nacional viable, y tuvo que atrincherarse en su territorio luego de la derrota de Villa ante Obregón en las batallas del Bajío.

3. El zapatismo fue incapaz de plantearse la construcción de un Estado nacional. Esta opinión prevaleciente en la historiografía influida por el marxismo, partía de una doble vertiente.4 Por un lado, desde Marx, se sostenía que los campesinos no eran capaces, como clase, de resolver la cuestión nacional y sólo podían hacerlo como aliados subordinados de fracciones burguesas o, en la alianza revolucionaria por antonomasia, subordinados a la clase obrera. Ese dogma se alimentó de otra estigmatización: el zapatismo, al igual que el villismo, no tuvieron una visión nacional del poder, como sí la tuvo el constitucionalismo. Ese estereotipo no puede sostenerse. El zapatismo no solamente elaboró un proyecto de nación, sino que instauró un gobierno y una administración propios en la región morelense y en una franja del centro-sur del país, en donde tuvo el gobierno, el control militar, político, económico, administrativo y ejerció la justicia, en donde Zapata y el Cuartel General aplicaron una peculiar forma de gobierno, caracterizado por la recuperación de la autoridad tradicional de los pueblos y una considerable autonomía municipal. Adicionalmente, el zapatismo se propuso derrocar al gobierno nacional, tomar el poder central, ocupar la capital del país e instaurar un gobierno que cumpliera un programa de reformas cuya mejor expresión fueron sus propuestas en la Soberana Convención. En su cenit —a fines de 1914 y mediados de 1915— el zapatismo controló, junto con el villismo, la capital del país y una parte considerable del territorio nacional. Su derrota no se debió a su incapacidad histórica y de clase, sino a factores de estrategia política y de táctica militar. Las diferencias con el villismo, la traición del sector convencionista aglutinado en torno a Eulalio Gutiérrez, la rivalidad entre los delegados villistas y zapatistas en la Convención, el agotamiento de la base de operaciones de la División del Norte y una correlación económica y militar de fuerzas en la que el constitucionalismo mantenía el control de zonas clave como el noreste, el occidente, el sureste y las ricas zonas mineras y petroleras del noreste, así como los principales puertos, fueron factores a los que no se les ha dado la atención que merecen y que influyeron en las batallas decisivas de la Revolución entre el villismo y el ejército obregonista. El triunfo de Obregón sobre Villa no estaba definido de antemano. Fueron circunstancias específicas y errores que se conjugaron en la derrota de Villa y de la Convención. La derrota del villismo selló también la derrota del zapatismo. No obstante, hasta antes de las batallas del Bajío de 1915, tanto el zapatismo como el villismo representaron estados regionales emergentes que lucharon por imponer su hegemonía en el proceso revolucionario nacional.

4. El zapatismo fue un movimiento campesino homogéneo y en armonía con las comunidades. El aura romántica con la que se ha descrito al zapatismo, como un movimiento unánime de pueblos y campesinos desposeídos contra las haciendas y los gobiernos aliados a éstas, no puede sostenerse. Si bien es cierto que en él no participaron hacendados ni miembros de las elites, y que fue un movimiento de sectores rurales bajos y líderes radicales, no pueden ocultarse las rivalidades y disputas por el poder entre muchos de sus jefes. Esas tensiones fueron una constante que no pudieron resolver Zapata ni el Cuartel General. Las rivalidades entre importantes jefes campesinos, su independencia y autonomía, le restaron capacidad militar y unidad de mando. Esas disputas —además de su carencia crónica de dinero, armas y parque—, estuvieron en la base de su debilidad militar y en su incapacidad para tomar, por sus propios medios, la Ciudad de México, de extenderse más allá del Bajío, y de resistir con mayor fuerza el cerco final. Así, una de sus características positivas, la autonomía, descentralización e independencia de sus liderazgos, favorables para una relación directa con las comunidades, se convirtió en un obstáculo insalvable para definir una estrategia militar unificada y produjo una feudalización de los territorios controlados por los jefes campesinos, quienes defendieron con celo su influencia y privilegios, rechazando la intromisión de los agentes enviados por el Cuartel General para poner orden y establecer una jerarquía de mando efectiva. Más que un ejército unificado, el zapatismo fue una confederación de bandas armadas aglutinadas alrededor de líderes locales, cuyos intereses, muchas veces, se antepusieron a la estrategia militar unificada que intentaba coordinar Zapata.

Por otro lado, es indudable que la persistencia y arraigo del zapatismo, que mantuvo una guerra constante contra sus enemigos entre 1911 y 1919, se explican por el apoyo y simbiosis que estableció con las comunidades. Éstas le proporcionaban sustento y cooperaban en diversas tareas, a cambio de protección y de la recuperación de sus tierras. Esos vínculos se fortalecían por el origen de los guerrilleros, pues las bandas armadas estaban compuestas por los jóvenes y hombres maduros de las propias localidades. Sin embargo, entre 1911 y 1915, cuando el movimiento fue en ascenso, predominó la simbiosis y división del trabajo entre un ejército popular y sus bases sociales, aunque hubo tensiones frecuentes por los abusos cometidos por algunos jefes campesinos y por el mal trato y ofensa contra algunas comunidades e individuos. No obstante, estas tensiones fueron marginales y acotadas. Pero después de 1915, cuando el zapatismo perdió la guerra y la economía de la región se colapsó, la escasez extrema y el cerco militar al que fue sometido provocaron mayores tensiones derivadas de la aguda competencia por la sobrevivencia. Esa situación produjo un incremento en los abusos y depredaciones de los jefes militares contra la población civil y las protestas de ésta aumentaron, como consta en los archivos zapatistas. Asimismo, debe señalarse que no todas las comunidades de Morelos y de las zonas aledañas fueron zapatistas, que varias de ellas permanecieron neutrales, que otras protestaron y ofrecieron resistencia ante lo que consideraban abusos y ultrajes de algunos jefes surianos, que otras más buscaron llevar la fiesta en paz con los enemigos del zapatismo y que, en el extremo, algunas comunidades se armaron para defenderse de las depredaciones y abusos cometidos por jefes del Ejército Libertador del Sur. Así pues, el espectro de actitudes y comportamientos de la población civil ante el zapatismo fue muy amplio, y se expresó desde el apoyo convencido hasta la hostilidad y el rechazo.5

5. El zapatismo fue ajeno al bandolerismo y la delincuencia. A diferencia de lo que ha sostenido la historiografía tradicional, el bandidaje en las filas zapatistas no fue un fenómeno insignificante ni marginal y tuvo importantes repercusiones en el curso de la revolución suriana. El bandolerismo en la región tenía antecedentes remotos. En la Revolución volvió a manifestarse, por lo que es necesario diferenciar los préstamos forzosos, robos y violencia cometida contra las elites, que podría considerarse una suerte de bandolerismo social, de los actos cometidos en perjuicio de la población rural pobre, que no pueden calificarse de otra manera más que como delincuencia. En los archivos zapatistas hay múltiples testimonios de pueblos que protestaron reiteradamente contra los abusos, préstamos forzosos, robos, violencia, violaciones y asesinatos cometidos por las partidas zapatistas. Es decir, fue un tipo de bandolerismo contra las comunidades que, si bien es cierto que se acentuó en los años finales, marcados por la descomposición del movimiento, estuvo presente también desde la primera etapa. Aunque Zapata hizo esfuerzos por controlarlo y castigarlo, tuvo poco éxito y fue incapaz de inhibir esas conductas delictivas, bien fuera por pragmatismo o por privilegiar los aspectos políticos y militares y sólo castigó los casos más extremos. No obstante, al final, cuando el bandolerismo se había incrementado y el zapatismo y las comunidades vivían sus momentos más precarios, Zapata tomó medidas más drásticas, permitiendo que las comunidades se armaran para defenderse, efectuándose múltiples aprehensiones, juicios y ejecuciones contra los transgresores del trato justo hacia los pueblos, incluidos varios de los principales líderes surianos. El bandolerismo y la delincuencia, endógenos en las sociedades rurales y urbanas, adoptaron diversas modalidades en las condiciones atípicas provocadas por la Revolución, que dio un nuevo poder a la gente común al armarse las comunidades y desaparecer el Estado, barrido por la Revolución, y establecerse un nuevo código de comportamiento y nuevos mecanismos de control y coerción. La Revolución, sin embargo, creó intersticios y nuevas relaciones de fuerzas en las que algunos individuos abusaron de su poder y sacaron provecho de él, en un contexto en el que jefes y soldados aprovecharon la guerra y la desaparición de las viejas estructuras represivas para cometer actos delictivos.6

6. El legado del zapatismo es ejemplo de la independencia y de la lucha contra el Estado mexicano. Esta frase se maneja como una afirmación incontrovertible. Sin embargo, tiene una significación histórica contemporánea, que se ha afianzado en el imaginario colectivo a partir de 1968. Antes no era una afirmación axiomática, porque la imagen de Zapata que se conocía era la que había construido el Estado surgido de la Revolución, una imagen domesticada de Zapata a la que se le habían limado las aristas más radicales y plebeyas. La ideología de la Revolución había construido un Zapata a modo, que formaba parte de la familia revolucionaria dentro de una gesta heroica unificada en la que todos habían convergido con el mismo objetivo: lograr una sociedad más justa, libre y democrática. Sus enfrentamientos con Madero y Carranza se borraron de la historia oficial. La dimensión nacional de Zapata como el prócer del agrarismo fue una construcción ideológica hecha por el Estado que lo derrotó, que utilizó su figura y refuncionalizó su significado para legitimar su política agraria con el objetivo de controlar y subordinar al movimiento campesino.

El significado de Zapata como símbolo de la lucha campesina y popular contra el Estado posrevolucionario y, particularmente, de lucha contra las políticas neoliberales es en términos historiográficos y políticos una construcción relativamente reciente.

 

Felipe Ávila
Sociólogo e historiador. Autor de Los orígenes del zapatismo y de Breve historia del zapatismo.


1 El artículo 6 decía: “Los terrenos, montes y aguas que hayan usurpado los hacendados, científicos o caciques a la sombra de la justicia venal, entrarán en posesión de esos bienes inmuebles desde luego, los pueblos o ciudadanos que tengan sus títulos correspondientes a esas propiedades, de las cuales han sido despojados por la mala fe de nuestros opresores, manteniendo a todo trance con las armas en la mano la mencionada posesión, y los usurpadores que se consideren con derecho a ellos, los deducirán ante los tribunales especiales que se establecerán al triunfo de la revolución.

2 Jesús Sotelo Inclán, Raíz y razón de Zapata, México, Editorial Etnos, 1943; John Womack Jr. Zapata y la Revolución mexicana, México, Siglo XXI, 1969; Adolfo Gilly, La revolución interrumpida, México, El Caballito, 1970.

3 Samuel Brunk, Zapata, Revolution and Betrayal in Mexico, Albuquerque, University of New Mexico Press, 1994, y The Posthumous Career of Emiliano Zapata. Myth, Memory, and Mexico´s Twentieth Century, Austin, University of Texas Press, 2008; Salvador Rueda, El paraíso de la caña, historia de una construcción imaginarias, México, INAH, 1998; Francisco Pineda, La insurrección zapatista, México, Era, 1997, y La revolución del sur, 1912-1914, México, Era, 2004; Horacio Crespo, Modernización y conflicto social. La hacienda azucarera del estado de Morelos, 1880-1913, México, INEHRM, 2009.

4 La formulación más descarnada sobre la incapacidad histórica del villismo y del zapatismo de tener una visión nacional, dentro de la ortodoxia marxista que parte desde El 18 de Brumario de Luis Bonaparte, de Marx, y El Estado y la Revolución, de Lenin, es la de Arnaldo Córdova, La ideología de la Revolución mexicana, México, Era, 1973, pp. 142-167.

5 Samuel Brunk, “The Sad Situation of Civilians and Soldiers: The Banditry of Zapatismo in the Mexican Revolution”, en The American Historical Review, vol. 101, núm. 2, abril 1996, pp. 331-353.

6 Samuel Brunk, “The Sad Situation…” op. cit. y Felipe Ávila, “La vida campesina durante la Revolución: el caso zapatista”, en Pilar Gonzalbo (coord.), Historia de la vida cotidiana en México, tomo V, Siglo XX. Campo y ciudad, México, FCE, vol. 1, pp. 79-88.

 

Un comentario en “El zapatismo: Símbolo y realidad

  1. Excelente . En sus apartado TRES comparto mucho su análisis y no esta descabellado mas bien es un análisis serio y responsable. Como historiador comparto sus ideas y análisis, sin embargo, le puedo decir que el análisis seria mas amplio si se tomara en cuenta el análisis de archivos particulares de la burocracia Porfirista.
    La pregunta se salta a la vista sera, por que el Villismo sobresalió y por que el Zapatismo se quedo como un movimiento regional, Porque el Zapatismo no trascendió a nivel nacional. Porque el Villismo si lo hizo. Acaso fue decisivo lo letrado de cada facción o movimiento armado revolucionario. Estaría muy bien que se analicen las cartas que le enviaba Limantour a Macedo en donde se ve con claridad como esta facción porfirista apoyo económicamente al Villismo, Si se analizara a lo que yo he llamado las “cartas proféticas” de Limantour a la política reinante de 1913 a 1915. Las élites económicas se movieron en cada una de las facciones revolucionarias, el prospecto mas acorde a los intereses económicos y políticos de estas élites fue el VILLISMO, que Villa no puede gobernar al país, PERO SE LE PUEDE NOMBRAR UN PROSPECTO para que lo haga bien…
    En fin, Zapata vive, pero en el recuerdo como un buen movimiento o facción armada. No se como ande las investigaciones pero para mi modo de ver falta por analizar el zapatismo en las áreas rurales productoras de pulque, ya se hizo en las zonas cañeras…
    Saludos y ahí esta mi correo para comentarios buenos y malos. SALUDOTES

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.