Alguien, cercano a la familia, ya ha señalado esta rara sincronía: tanto Cleto Reyes como su hijo Alberto, continuador de la empresa de guantes de boxeo iniciada por su padre, fallecieron en un mes de enero y en un año que termina en 9: uno el 3 de enero de 1999 y el otro el 2 enero de este 2019, dos décadas después.

El arranque simbólico de la empresa suele ser fechado el 18 de abril de 1945, que es cuando se usan por vez primera los guantes de Cleto Reyes en una pelea de campeonato mundial: ese día en el Toreo de Cuatro Caminos, ante 30 mil asistentes, el mexicano Juan Zurita expone y pierde su título ligero frente al poderoso peleador negro Ike Williams, quien lo noquea en el segundo asalto.

Recuerda así ese momento Vicente Leñero, quien escuchó el combate de niño por la radio en la casa paterna: “Creció la expectación y la gritería cuando el primer round se fue inédito, pero al sonar la campana para el segundo,Toño Andere narró que el negro Ike Williams había salido de su esquina como un bólido hacia Zurita, y en el centro del ring, antes de que nuestro campeón lograra mover la cabeza o levantar la guardia, antes de que el público distraído se desentendiera de la bolsa de pepitas, el maldito negro, el alevoso retador, el aguafiestas del espectáculo alcanzó con un izquierdazo como de piedra la mandíbula del ídolo de todo México. ¡Y cataplum!”.

Ilustración: Ricardo Figueroa

Y: “Nocaut fulminante a los veinte segundos del segundo round. Juan Zurita noqueado. Juan Zurita, el ídolo de mi infancia, asesinado en la lona: hundido en el agujero profundo de la derrota”.

Todo fue tan sorpresivo que se pensó que hubo arreglo; e incluso ante otras acciones similares en el cuadrilátero se habló, a partir de entonces y por un buen tiempo, del zuritazo como una caída pactada. Esto ensombreció a Zurita, quien pelearía sólo una vez más, tres años después.

Volvamos a los guantes. Hay hechos anteriores en la historia de Cleto Reyes Castro: por necesidad, a los 12 años empieza a trabajar en un taller de talabartería en el que se fabricaban artículos de beisbol. A los 18, en 1938, participa, con una única pelea a tres rounds, en un torneo de aficionados. Debut y despedida. La rudeza lo alejó de ese deporte como atleta pero le interesaron los guantes, que decidió arreglar y a los que dedicará su vida. En 1945 su labor se internacionaliza, como ya se dijo. Y se vuelve parte del paisaje pugilístico. Cambian las épocas y los guantes, que también tuvieron su evolución y sus mejoras, sobre todo para proteger a los peleadores. No es lo mismo un guante de los años cuarenta que uno actual.

Lo que hace Alberto Reyes, al incorporarse a la empresa hacia 1970, es poner las cosas en regla. Hubo incluso un momento en el que por un asunto de registros se invirtió el apellido, y debe haber por ahí algunos guantes Seyer; recuerdo habérselos visto puestos a José Mantequilla Nápoles. El hijo aterriza la marca. Y aprende de don Cleto el oficio detallado de la fabricación manual. Tuvo la tentación de expandirse. Recibió la oferta de asociarse y montar una fábrica a gran escala en Tijuana, mas se dio cuenta de que la ambición podría perjudicar al producto y desistió.

El nombre paterno se prestaba a bromas. Quizá recordaba en parte aquello que cantaba Chava Flores, de cuando “cerró sus ojitos Cleto”:

Cleto el fufuy sus ojitos cerró,
todo el equipo al morir entregó;
cayendo el muerto, soltando el llanto…
—¡voy!, ni que fuera para tanto
—dijo a la viuda el doitor.

Al convertirse en marca y respaldar una manufactura de excelencia adquirió prestigio. Basta revisar un libro de fotografías de boxeo, de esa época, los años setenta, para acá, y se encontrará a los grandes peleadores enfundados en sus guantes Cleto Reyes. Pacquiao los pidió cuando le tocó enfrentar a Mayweather Jr., hace un año o dos. El mismo Alberto hizo el viaje para entregar, como si fuera un gran tesoro, cuatro pares a la empresa Top Rank, que fueron depositados en una caja fuerte.

Por eso no le molestaba a Alberto Reyes que a veces le dijeran Cleto, como heredero del oficio y el nombre de su padre.

Escribe Óscar Benassini: “Es posible hablar de la calidad y eficacia de la marca Cleto Reyes (con un taller en México y otro en Los Ángeles) como se habla de Adidas y Nike o de la neoyorquina Everlast (las tres con maquilas en Asia); sin embargo, todavía hoy, Reyes permanece como una referencia de culto sólo para los aficionados al boxeo. Grandes héroes del pugilismo han confiado sus nudillos a Reyes: Manos de Piedra Durán, Julio César Chávez, Mike Tyson, Juan Manuel Márquez, Óscar de la Hoya y el recién derrotado Manny Pacquiao (el padre de Mayweather también usaba Cleto Reyes), hasta Sal Sánchez, Edwin Valero y Johnny Tapia alguna vez eligieron los Cleto como arma o herramienta para obtener los aplausos desmedidos del público”.

Se sabe que Mohamed Alí pidió específicamente unos guantes Cleto Reyes en septiembre de 1978, cuando enfrentó por segunda vez a León Spinks y recuperó su cetro de campeón de los pesos pesados. Por reglamento le taparon la marca; mas el peleador tuvo la astucia de descubrirla en algún momento significativo del match e inmortalizarla así en las placas de los fotógrafos.

A Alberto Reyes le preguntaron cuál era su golpe preferido en el boxeo y dijo que el jab: porque mide la distancia entre el rival y el oponente, y prepara, claro, el escenario para el gran golpe. Veía ahí la clave de un buen triunfo. Quizá pueda decirse que como empresario supo jabear, pues su virtud, al asumir el legado, fue crear una base firme, desde la que los golpes salían casi en automático. Nunca pagó a un peleador para que usara sus productos; eran ellos quienes los pedían. Son ellos los que los siguen necesitando.

Esto puede parecer subjetivo o muy personal: hace un par de años, cuando tuve que comprar unos guantes de boxeo, no dudé en ir a la tienda vecina al gimnasio Nuevo Jordán, por los rumbos del Salto del Agua (en el centro de la Ciudad de México), y pedir mis guantes negros de entrenamiento Cleto Reyes de 14 onzas, que de entonces para acá, luego de muchas horas de gimnasio, parecen como nuevos. Su único mantenimiento es aplicarses una capa de vaselina cada tres meses. A otros ya se les habría agrietado la piel o roto el plástico. Por dentro siguen siendo cómodos. Y hace poco le compré unos similares, aunque de color rosa, a mi mujer, que está empezando a entrenar.

En su cuenta de Twitter escribió el 2 de enero el cronista Eduardo Lamazón: “La muerte de Alberto Reyes conmociona al mundo del boxeo. Pérdida irreparable de un buen amigo. En lo suyo imbatible: hasta hoy fabricó los mejores guantes del planeta. ¡Qué pena!”.

Murió en enero y en año nueve. Como su padre.

 

Alejandro Toledo
Coautor del volumen Literatura de la historia ilustrada de México que coordina Enrique Florescano; y autor de Universo Francisco Tario.

 

Un comentario en “El round final de Alberto Reyes

  1. En el futuro, la Historia dirá de un pueblo que se hacía llamar mexicano, que para lo único bueno que era, era para el box.
    así de poco, asi de mucho…

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