¿Qué es la vida sino lo que nos imaginamos que la vida es? Para el hombre de campo cuyas tierras lo son todo, aquella parcelita equivale a un imperio. César tuvo un imperio y le parecía poco, del mismo valor que una parcelita. Qué verdad que sólo disponemos de nuestras sensaciones. En lo que pensamos y experimentamos de nuestras sensaciones, y no en lo que éstas nos suministran, fundamentamos la realidad de nuestra vida.

He sido tantos Césares. Y nunca he sido de verdad un César. He dominado imperios sólo mientras soñaba, y ése es el motivo por el que nunca he llegado a nada. Todos mis ejércitos han sido derrotados, pero la derrota fue dulce y no hay víctimas humanas. Ni siquiera perdí banderas. Cuántos Césares no habré sido sin salir de la calle de los Doradores. Y todos los Césares que he sido siguen viviendo en mi imaginación, pero hacia el exterior todos están muertos y nadie en la calle de los Doradores los conoce.

Qué poco soporte del mundo real necesitan los pensamientos. Surgen de un retraso del almuerzo, de que se acaban los cerillos, de una mala digestión, de la promesa intangible de un feo atardecer de domingo. Toda la metafísica que necesitamos: no ser nadie en el mundo. Pero cuántos Césares he sido.

 

Fuente: Fernando Pessoa, Diarios completos (selección, traducción y prólogo de Gonzalo Torné), Hermida Editores, Madrid, 2017.

 

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