Desde luego, la vida no es sino el proceso de irse quebrando, pero sus grandes sacudidas inesperadas -las que vienen o parecen venir del exterior y se graban en la memoria, las que inducen a buscar culpables o se confiesan a los amigos en momentos de debilidad-, no muestran de inmediato todos sus efectos. Hay otra clase de sacudidas que vienen de dentro y sólo se sienten cuando ya no hay remedio, cuando es claro que nada volverá a ser igual.
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