En 2016, cuando el software de Google AlphaGo derrotó a Lee Sedol, uno de los mejor ranqueados jugadores de go en el mundo, algo crucial cambió en la historia de los seres humanos jugando contra máquinas. En su segundo juego, AlphaGo dejó estupefactos a Sedol y a los espectadores al poner una de las piedras del juego hasta el otro lado del tablero, como si abandonara la batalla en curso. Fan Hui, otro jugador profesional de go que veía el juego, se quedó perplejo desde el principio. Luego comentó: “No es una jugada humana. Nunca he visto a un ser humano hacer esta jugada”. Y añadió: “Algo tan hermoso”. Nadie en los 2,500 años de historia que tiene el juego había jugado nunca de esa manera. AlphaGo siguió hasta ganar el juego, y la serie.

Los ingenieros de AlphaGo desarrollaron el software alimentando a una red neuronal con millones de jugadas de jugadores expertos en go, y luego la pusieron a jugar millones de veces, rápidamente, aprendiendo nuevas estrategias que superaron a las de jugadores humanos. Tales estrategias, más aún, son incognoscibles: podemos ver las jugadas que hace AlphaGo, pero no cómo decide hacerlas.

El mismo proceso que Google Translate utiliza para conectar y transformar palabras que puedan aplicarse a cualquier cosa descrita matemáticamente, como las imágenes. Dado un grupo de fotografías de mujeres sonrientes, mujeres no sonrientes, y hombres no sonrientes, una red neuronal puede producir imágenes del todo nuevas de hombres sonrientes, como pudo verse en un estudio que publicaron en el 2015 investigadores de Facebook.

Un proceso similar ya está en marcha en tu smartphone. En 2014 Robert Elliott Smith, un investigador en inteligencia artificial del University College London, navegaba con un Google+ por fotos de la familia en vacaciones cuando reparó en una anomalía. En una imagen él y su esposa estaban sentados en una mesa en un restaurant, los dos sonriendo a la cámara. Pero esta fotografía nunca fue tomada. Ocurrió que el padre de Smith había apretado de más el botón de su iPhone, y el resultado fue una explosión de imágenes de la misma escena. En una de ellas, Smith estaba sonriendo, pero su esposa no; en otra, su esposa sonreía pero él no. A partir de estas dos imágenes, separadas por fracciones de segundo, los algoritmos ordenafotos de Google hicieron aparecer una tercera: una amalgama en la que ambos sujetos estaban sonriendo. El algoritmo era parte de un paquete luego rebautizado Assistant, que opera una gama de alteraciones en imágenes subidas: aplica filtros nostálgicos, hace animaciones cautivadoras, y así. En este caso, el resultado fue la fotografía de un momento que nunca tuvo lugar: un falso recuerdo, una reescritura de la historia. Aunque se basaba en algoritmos escritos por humanos, esta foto no fue imaginada por ellos. Era pura invención de la mente de una máquina.

 

Fuente: Harper’s, julio 2018.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.