10 de Junio: La sombra del silencio

Las 16 horas y todo en calma. Los manifestantes esperan, tendidos, indolentes sobre el césped de Carpio, la llegada de más de continentes para dar inicio a la marcha que, paradójicamente, debía iniciarse a las cuatro pe-eme de este 10 de junio de 1981. En la Escuela Superior de Medicina, los futuros matasanos del país juegan fútbol de salón al aire libre. Todo en calma, a diferencia de diez años atrás, cuando se convocó a una manifestación para el Jueves de Corpus (Día de las Mulas que se trastocaron en Halcones), cuyos objetivos eran: 1) Derogación de Nueva Ley Orgánica de la Universidad de Nuevo León y promulgación del proyecto original elaborado por maestros y estudiantes; 2) Democratización de la enseñanza; 3) Desaparición de todas las Juntas de Gobierno de las Universidades del país y de todas las actuales leyes orgánicas; 4) Derogación del reglamento del IPN; 5) Representación paritaria de maestros y alumnos en los consejos técnicos de la UNAM; 6) Desaparición de las fatídicas porras y del llamado grupo «Francisco Villa» de la UNAM; 7) Libertad a todos los presos políticos; 8) Destino del 12% del Producto Nacional Bruto a la educación, y 9) Poner bajo el control de los estudiantes y maestros los presupuestos destinados a las Universidades.

TEN YEARS AFTER

En 1971, a pesar del temor a la represión, el ambiente era festivo. «No que no, sí que sí, ya volvimos a salir», «Genaro, seguro, al gobierno dale duro», «Esa V sí se ve», «Libertad presos políticos», «Unete pueblo, unete pueblo». Ahora no. Los contingentes de las escuelas, sindicatos, partidos y organizaciones de campesinos y colonos dan la impresión de estar abatidos, de llegar a la marcha sólo por compromiso, mientras los estudiantes de Medicina del IPN continúan su partido, asediados por sus fans. Llegan los estudiantes de la Prepa Popular Tacuba (que junto con la Federación Nacional de Organizaciones Bolcheviques, (FENOB) se obstinarían en no seguir más allá del local de la Secretaría de Gobernación pese a los llamados para que no jugaran el papel de provocadores, que dejaran pasar a los demás contingentes), de los Ceceaches, de Economía, del SITUAM, STUNAM, SUNTU, UPOME, PRT, POS, Frente Popular Tierra y Libertad, Unión de Colonias Populares, Liga Obrera Marxista, COCEI, FAHR, Comité Nacional Pro Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados políticos.

El viento arrecia y la lluvia parece inminente. Por fin, con más de una hora de retraso, la marcha se inicia… Los estudiantes de Economía llevan una corona mortuoria y al frente va la señora Ibarra de Piedra franqueada por militantes del PCM y del PRT (quienes por cierto la postularon para la Presidencia de la República). La marcha transcurrirá feliz. Las organizaciones que convocaron a la manifestación finalizaban su desplegado de prensa advirtiendo que «cualquier acto de provocación o sabotaje a este acto, será responsabilidad exclusiva del gobierno».

Todo sereno. La marcha parte a las 17:15. Reporteros de diversos medios informativos al frente y el «Unete pueblo» sin respuesta por parte de los mirones apostados en las aceras de la Avenida de los Maestros. Diez anos antes, casi a la misma hora, los estudiantes extendían sus pancartas y como quien no quiere la cosa (el 68 estaba fresco aún en la memoria) soltaban el «Genaro, seguro…» o el «Unete pueblo». La gente asomaba a sus balcones, los comerciantes optaban por el cierre a temprana hora ante el «Tlatelolco no se olvida». Los vecinos de la Avenida de los Maestros trepaban a su azoteas para dar «apoyo solidario» sin incorporarse a la hilera de manifestantes. Se les erizaba la piel con el grito de «Democracia sindical», «Libertad presos políticos», pero no más.

A la hora de las metralletas, de los golpes con varas de kendo y las piedras sobre el cráneo, un grupo de albañiles arrojaba palos y piedras al paso de los estudiantes para que repelieran el ataque de los Halcones. Cuando los Halcones, a la altura de Sor Juana, partieron la columna y se entonó el Himno Nacional, el pueblo seguía ausente, atemorizado.

Igual que hoy. La columna marcha tranquila, da vuelta en la Calzada México-Tacuba. Los activistas usan sus brochas, sus cubetas de engrudo, sus botes de pintura en aerosol sobre paredes, escaparates, casetas telefónicas, postes, autobuses. Abordan a la gente ofreciéndole publicaciones de diversas tendencias políticas. Y todo sereno. Para los que cohabitan en los hoteles del rumbo, la marcha les brinda la oportunidad para asomarse a la calle sin nada encima, pechos velludos al desnudo, senos pálidos í Presentes !

Frente al famoso restaurante Boca del Río, la Marimba Orquesta Lupita no se arredra ante los miles de manifestantes y continúa dándole duro y tupido a un sabroso danzón mientras a las consignas se elevan: La-gente-se-pregunta,-¿los presos,-dónde-están?- A-los presos-los-torturan-en-el-campo- militar».

EL GRAN EVENTO

Antes de llegar a Insurgentes y Puente de Alvarado la lluvia arrecia. Por los altavoces se pide a los camaradas que por favor, al pasar frente a los botes colocados casi frente a Metales Návalos, depositen unas monedas para sufragar los gastos de «este gran evento». Los manifestantes corren salpicándose unos a otros, con el pelo mojado por el agua. La cabeza de la columna está más allá del Hotel Estoril. Los gabachos, pocos, se detienen a ver qué pasa. Los automovilistas, frenéticos, aprovechan cualquier claro para seguir su camino azuzados por los agentes de tránsito. En Reforma los burócratas asoman temerosos y los empleados mascan entre dientes maldiciones; al pasar frente a Excélsior se entona la consabida consigna de «Prensa vendida, prensa vendida».

Antes, en Insurgentes, estudiantes de la Prepa Popular abandonaron la columna y corrieron por el carril exclusivo del pulpo camionero para alcanzar a la cabeza de la columna. Ahí mismo, los militantes de la FENOB mantenían casi perfecta la formación de ocho en fondo, la mayoría vistiendo mezclilla y sacando del bolsillo, cuando sus «comisarios» así lo indicaban, la lista de consignas y a darle: «Ahora la dos: «El pueblo espera, la dictadura obrera.» Consignas numeradas, formación de ocho en fondo, indiferencia del pueblo que presencia este «gran evento».

24 HORAS DE FUEGO

Sin pena ni gloria, los manifestantes se aposentan frente a Gobernación, algunos se encaraman en el Reloj Chino para ver a los oradores: representantes de partidos políticos, de obreros, campesinos, estudiantes y colonos. Los bolcheviques y los de la Prepa Popular Tacuba tachan de oportunistas al PCM y al PRT. Se les hace ver que la marcha fue unitaria y los silbidos no se hacen esperar. Una comisión entra a Gobernación a dialogar y los oradores piden al respetable aguantar hasta que ésta salga, pero al respetable le valió: quizá decidió regresar al cine Cosmos a ver a Bruce Lee en Juego de muerte o Contacto en Londres y Bambi en el Bucareli. Porque si acaso un centenar (un si acaso optimista) aguardó la salida de la comisión.

Paradójico: hace diez años (consta en las carteleras cinematográficas) el cine Cosmos exhibía 24 horas de fuego, pero la realidad empequeñeció la ficción de la cinta. Los Halcones apedreando a la columna de manifestantes para trozarla a la altura de Díaz Mirón, aguardándolos en la México-Tacuba para soltarle ráfagas de metralla; emboscados en el cine Cosmos, descargando su ira sobre el cuerpo de los más cercanos, inclusive periodistas, secuestrando a los hospitalizados en el Rubén Leñero con la policía de testigo. Alfonso Martínez Domínguez declararía: «Señores: habrá orden en la ciudad de México; no se permitirá, por la autoridad, ningún acto que vulnere la seguridad de la población ni que viole las leyes». Ahora él y Rogelio Flores Curiel, son gobernadores: de Nuevo León y Nayarit, respectivamente. Ambos son acusados de constantes violaciones a los derechos humanos y hasta de asesinato.

Nadie espera la salida de la comisión negociadora; las cantinas están a reventar y frente al edificio de Gobernación, sobre el asfalto, quedan leyendas como «10 de junio no se olvida»; «Por los compañeros caídos, no un minuto de silencio sino toda una vida de lucha.» Los minutos de silencio, en este décimo aniversario, fueron varios, y la vida de lucha, en una de sus manifestaciones, concluyó pasaditas las 21 horas. Después, todo sereno.

CODA

Agustín Alanís Fuentes resumió, para un vespertino, la posición oficial acerca de los acontecimientos del 10 de junio de 1971: «Este asunto (la matanza del jueves de Corpus) se ha manejado en otro ámbito que no ha sido la administración de su servidor, se ha tratado con características de tipo federal. Nosotros no tenemos antecedentes en estos asuntos pues se han manejado en otras áreas. Y sobre el particular ya hemos dado explicaciones muy amplias.»

Nadie sabe, nadie supo. A pesar de que el procurador general de la República dijo que todo el expediente del caso está en la Procuraduría del Distrito, Alanís Fuentes declara: «Es la primera noticia que yo tengo ahorita, inclusive nosotros tenemos funcionarios dentro de la institución que en aquél entonces trabajaban en la General de la República y ellos no han dado ninguna información sobre el particular» Sic transit.

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Publicado en: 1981 Agosto