Estoy preocupado por México. Por lo pronto no vivo aquí —soy rector de la Universidad de Miami—, pero vengo con mucha frecuencia y cada vez que regreso y hablo con mi familia, con mis amigos, con mis colegas, noto un sentimiento creciente de inquietud y desasosiego, un preocupante pesimismo hacia el futuro.

Contrasto este sentimiento con el que teníamos aquellos de nosotros que comenzamos nuestra trayectoria profesional cuando nexos se fundó, hace 40 años. Vivíamos en un país lleno de problemas, con una enorme desigualdad social y todavía lejos de alcanzar la democracia, pero había una sensación —o al menos yo la tenía— de que el avance era factible. Y la verdad es que ese optimismo en el futuro nos permitió acompañar un largo periodo de adelantos en todos los frentes de la vida nacional, en algunos casos incluso espectaculares.


Ilustración: Sergio Bordón

Es cierto que este progreso no ocurrió de manera lineal, pero, aunque hubo desaceleraciones, retrocesos y callejones sin salida, también es cierto que hubo mejoras reales, tangibles. Un ejemplo, entre otros muchos pero particularmente significativo: apenas en 1970 casi la mitad de las muertes en el país ocurrían en niños menores de cinco años; hoy, esa proporción está por debajo de 5%. Si eso no es avance, no sé qué pudiera serlo. ¿No es un gran avance que, después de una larga transición a la democracia, su prueba de fuego, que es la alternancia en la presidencia, se haya dado por fin en el año 2000?

Hoy me preocupa lo que subyace a esta atmósfera social cargada de incertidumbre y desasosiego: la corrupción, la impunidad, la falta de confianza en las instituciones, la erosión del tejido social. Listo el país para dar el gran salto que el siglo XXI le exigió desde el primer minuto, el Estado mexicano empezó a fallar en su obligación más fundamental, que es la de proteger a los ciudadanos.

En una formulación parsimoniosa, se pueden atribuir tres funciones esenciales al Estado: proteger, promover y producir. En un régimen que respeta las libertades individuales, una amplia base de protección sostiene a una vigorosa promoción de la acción ciudadana y deja un espacio estratégico para la producción de ciertos bienes y servicios considerados indispensables a fin de garantizar el ejercicio de aquellas libertades y la igualdad de oportunidades.

La protección que el Estado está obligado a proporcionar a los ciudadanos ocurre en ámbitos interrelacionados que se pueden visualizar como círculos concéntricos. En el círculo central está la protección del hogar y la familia, que a su vez implica varios elementos fundamentales: la protección de la integridad física y la libertad de las personas, así como la protección civil en casos de desastres; la protección de la salud, que permite el desarrollo de las capacidades presentes, y la protección de la educación, que habilita las oportunidades futuras; la protección jurídica y la protección del patrimonio individual, incluyendo los programas de transferencia de recursos a los grupos vulnerables y los sistemas de pensiones.

En un segundo círculo está la protección de la comunidad —el municipio, el estado, el país—, que implica la protección del ambiente local para prevenir la contaminación y preservar la biodiversidad; la protección del patrimonio colectivo, que construimos todos a partir del trabajo y el pago de impuestos, y la doble protección que esto mismo exige: contra la corrupción y contra la impunidad.

No por extenso menos cercano e importante, está el círculo final de la globalidad y el lugar que México ocupa en el mundo: la protección de la soberanía nacional y de la paz mundial, la protección solidaria de los derechos humanos universales y la protección del medio ambiente planetario, sobre todo ante la amenaza común del cambio climático.

Si las personas están protegidas, entonces el Estado puede cumplir a plenitud su función de promoción utilizando los instrumentos de política pública para generar inversiones en investigación, innovación, cultura e infraestructura, y para establecer un marco equilibrado de regulación, estímulos e incentivos.

Lo que requerimos es retomar la idea de un Estado —al que entiendo como la organización política de los ciudadanos— que decide ya no seguir fallando en su función esencial de proteger a la gente. No hay que confundir la protección legítima con sus distorsiones: el proteccionismo comercial y la fabricación de riesgos irreales y enemigos inexistentes, es decir la protección a partir del miedo.

Habiendo sido responsable, en la Secretaría de Salud, de uno de los componentes esenciales de la protección social, lo que puedo afirmar es que sí es posible lograr avances en nuestro país. El Seguro Popular no es perfecto, pero permitió, después de un número de años, cubrir a más de 50 millones de personas que antes tenían formas muy limitadas de protección. Haber logrado no solo diseñar sino también poner en marcha un programa concreto me hace ver que sí se puede legislar, que sí se puede contar con políticas de Estado, que sí se pueden obtener resultados positivos y, lo más importante, que podemos identificar nuevas oportunidades para alcanzar un acuerdo nacional en otras dimensiones de la protección.

Estoy preocupado por México, como digo, pero tampoco me abandona aquella sensación de que el avance sí es factible, de que el desarrollo del país sí es posible, siempre y cuando el Estado retome la protección como su función esencial y esto le permita seguir adelante con sus otra gran función, que es la promoción de la igualdad de oportunidades para que cada persona desarrolle plenamente sus capacidades y México sea lo que puede ser: un país productivo que genere prosperidad y justicia para todos. Un México donde el Estado siga fallando en esa función esencial de proteger a los ciudadanos es un México inimaginable. Un México protegido, ese es el México, no que viene sino que tiene que venir.

 

Julio Frenk
Médico. Preside la Universidad de Miami desde 2015.

 

2 comentarios en “México protegido

  1. Muy claro el comentario del Dr. Frenk.
    Qué lástima que no tenemos muchos como él.

  2. ESTOY TOTALMENTE DE ACUERDO,TENDREMOS QUE VER POR LA DESIGUALDAD SOCIAL Y LA CREACION DE NUEVOS EMPLEOS