A Herbert Marcuse le sucedió lo que a ningún otro de los grandes intelectuales de este siglo: convertirse en el símbolo, punto de referencia, código de grandes masas juveniles en revuelta. Por grande que sea la importancia de lo que ha escrito, nada se compara a la de haber sido en 1968 una de las tres emes de la "imaginación al poder" -Marx, Marcuse, Maro Tse-Tung. Si bien quien lo sostenía posiblemente no había leído mucho a Marx, poco a Mao y posiblemente aún menos al filósofo de Berkeley. Pero todos aquéllos que durante los sesentas rechazaron la última gran tentativa de integración ideológica del capital y esperaron una revolución desnuda de coacción y autoritarismo, fueron marcusianos. En 1968 y después.
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