El secreto del cambio está en focalizar toda tu energía, no en luchar contra lo viejo, sino en construir lo nuevo.
—Sócrates

Ya tuve oportunidad de reflexionar en esta misma revista1 sobre la disrupción e impacto tecnológicos que se derivan de la cuarta revolución industrial que estamos viviendo, caracterizada por la interacción de los mundos físico y virtual, y el aprovechamiento de la tecnología para crear e interactuar en los diversos ámbitos económico, social o político. Sin embargo, quisiera enfocarme ahora en las nuevas habilidades que tenemos que desarrollar en el modelo de educación pública en México, y probablemente en muchos otros países, para que los niños y jóvenes aprovechen al máximo las oportunidades y sorteen con éxito los desafíos que se nos presentan.

Según el reporte Future of Jobs del Foro Económico Mundial,2 entre las 10 habilidades clave que serán requeridas hacia el año 2020 para los trabajos, se encuentran: 1) la solución de problemas complejos; 2) el pensamiento crítico; 3) la creatividad; 4) el manejo de grupos de trabajo; 5) la coordinación con otros; 6) la inteligencia emocional; 7) el buen juicio y la toma de decisiones; 8) la orientación hacia el servicio; 9) la negociación; 10) la flexibilidad de aprendizaje.

Ciertamente, hay un conjunto de habilidades para el trabajo que son atemporales y que han sido y serán deseables permanentemente para un mejor desempeño de los individuos en el ámbito laboral. Lo que cambia es el contexto en el que dichas habilidades son requeridas: en la economía digital en la que estamos inmersos los principales activos están basados en la innovación y el conocimiento, y operan prácticamente bajo cualquier circunstancia a través de algún medio tecnológico. En consecuencia, la solución de problemas complejos, la creatividad, la coordinación con otros o cualquiera otra aptitud de las que he mencionado, debe ejercerse dentro de este contexto y, muy probablemente, mediante el uso de tecnología.


Ilustración: Víctor Solís

No es un reto fácil el que enfrentan los sistemas educativos en el mundo. No sólo deben formar a los estudiantes en el conocimiento básico y tradicional sobre lectura, aritmética y escritura sino, asimismo, en habilidades básicas o soft skills —a veces lo más difícil, por cierto— y, por cierto, educar en las diversas materias que componen al contexto de innovación y conocimiento basado en tecnologías de información y comunicaciones (TIC).

En referencia específica a las habilidades digitales, un reporte de la OCDE titulado New Skills for the Digital Economy agrupa a estas nuevas habilidades principalmente en tres áreas: 1) individuos con capacidades generales para usar las TIC con fines profesionales; 2) especialistas para programar, desarrollar aplicaciones y administrar redes; 3) individuos con habilidades específicas o complementarias para desempeñar objetivos basados en TIC (por ejemplo, de comercio electrónico; de comunicación o mercadeo a través de redes sociales; de análisis de big data, etcétera).

El reporte de la OCDE es particularmente interesante, pues denota con claridad la relación intrínseca entre las habilidades para el trabajo y el conocimiento relacionado con TIC, es decir, educar en las materias base de las TIC.

Un gran número de estudiantes está hoy en las aulas preparándose para resolver problemas que aún no existen ni imaginamos; para usar tecnologías que aún no se inventan, o para desempeñar empleos y actividades que hoy aún ni siquiera existen; incluso, podemos decir que posiblemente existirán sólo en la medida en que esos propios estudiantes tengan la capacidad de crearlos y desarrollarlos a partir de su creatividad y generación de conocimiento.

Por mencionar un par de ejemplos puntuales pensemos en actividades como los desarrolladores de software, de soluciones de inteligencia artificial o de Internet de las Cosas, o analistas de datos. En fin, son empleos y actividades que están y estarán disponibles sólo para aquellos que tengan la capacidad de comprensión, inventiva y conocimientos de lenguaje de computación, desarrollo de códigos y el conjunto de habilidades técnicas y “suaves” que las rodean.

Es decir, nuestras escuelas tienen ahora que preparar a los estudiantes para enfrentar transformaciones que sin duda ocurrirán, y más pronto de lo que pensamos, en sus entornos sociales, económicos o políticos.

Dicho en palabras simples, el mundo y nuestra economía actual no recompensa a las personas por lo que saben, sino por lo que pueden hacer con lo que saben.

A estos últimos retos responden los sistemas educativos basados en el acrónimo STEM, por sus siglas en inglés (Science, Technology, Engineering & Mathematics). En esencia, los sistemas educativos que adoptan este enfoque proveen una educación sistémica basada en la enseñanza de cuatro disciplinas: ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, desde las etapas primarias de la educación, y de forma práctica y cohesiva —es decir, procurando la aplicación del conocimiento en casos prácticos y manteniendo a las cuatro materias como el eje integral del currículo educativo.

En mayor o menor medida la mayoría de los países desarrollados han incorporado el método STEM a sus planes de estudio. Por ejemplo, Estados Unidos aplica a su sistema escolar el programa Educate to Innovate basado en STEM,3 con el propósito de mantener su liderazgo en la atracción de talentos científicos y tecnológicos (algo que podría cambiar, considerando las políticas actuales del presidente Trump), y Gran Bretaña puso en marcha un conjunto de políticas públicas (Public Understanding of Science and Engineering) para reforzar la competitividad de la educación pública con miras hacia el futuro.4

En el caso de Gran Bretaña es interesante notar que uno de los principales propósitos de la política pública es incrementar el interés de los educandos en las materias y carreras afines a las disciplinas STEM, para lo cual ha creado un sistema voluntario de “Embajadores STEM” (STEM Ambassadors), que a través de programas sociales y comunitarios transmiten principalmente a los jóvenes el interés y la importancia de desarrollar capacidades digitales creativas —por ejemplo, para desarrollar código de software (coding)— como una herramienta clave para la movilidad social y el bienestar económico y social, no sólo individual sino de las comunidades en que participan.5

Los principales organismos internacionales también señalan el beneficio de un sistema educativo basado en STEM, como un instrumento clave para la inclusión social, bajo el entendido de que los grupos sociales —particularmente grupos vulnerables— que actualmente no accedan a esta forma de educación tendrán una desventaja competitiva en relación con otros para acceder a los empleos del futuro.

Por ejemplo, uno de los proyectos globales más importantes de la UNESCO, es el STEM and Gender Advancement, dedicado a promover instrumentos de política pública en los países miembros de Naciones Unidas, para implementar mecanismos de educación STEM con una perspectiva de género, que contribuya a la inclusión de mujeres en sus diferentes facetas —madres solteras, jóvenes y adultas mayores, propietarias de pequeñas empresas, etcétera.6

La educación basada en el principio de STEM es primordial para la competitividad de los países o regiones en el futuro. La tecnología contribuye de manera importante en el mercado económico, globalizado y competitivo, brinda las capacidades para la innovación, agilidad y democratización de las oportunidades que son las impulsadoras principales del crecimiento económico y la prosperidad.

Reflexionemos por un momento, ¿cuál ha sido el motor de la movilidad social en México? ¿Ha sido o es la educación? Si es así, ¿qué pasa entonces con quienes viven en el umbral de pobreza? ¿Son pobres porque no recibieron educación, o son pobres a pesar de haberla recibido?7

Una serie de habilidades digitales, interpersonales y empresariales que va en aumento está siendo requerida para puestos a todo nivel. Con mayor frecuencia los empleadores requieren habilidades de preparación para el futuro, incluyendo creatividad, pensamiento crítico, colaboración, comunicación y pensamiento computacional.

Estas capacidades son y serán indispensables para que el país y sus habitantes sean competitivos en un entorno global, en particular en cadenas de valor globales (Global Value Chains, GVCs), que permita al país irse especializando progresivamente en industrias cada vez más avanzadas.

Esto requiere una amplia combinación de capacidades cognitivas, técnicas y socioemocionales,  capacidad y aptitud de aprendizaje.

Hay mucho trabajo por hacer en este sector, pues según datos recientes de la OCDE (OECD Skill Outlook 2017),8 los estudiantes que han concluido 15 y 19 años de educación en México se desempeñan por debajo de los índices promedio de la OCDE.

Ello no significa no respetar las tradiciones, los intereses, motivaciones y vocaciones de las comunidades, docentes y estudiantes. Sin embargo, esas habilidades digitales básicas que se adquieren mediante el aprendizaje, al menos elemental, de las disciplinas STEM, coadyuvarán a nuestros poetas, músicos y artistas a insertarse en este nuevo mundo signado por una profunda transformación digital. Sólo como ejemplo hoy en día la distribución de música se hace por streaming, lo mismo sucede con la creación y/o difusión digital de otros contenidos artísticos.

En México el sistema educativo vive en la actualidad uno de sus más grandes desafíos, que es lograr su transformación efectiva a partir de la reforma estructural constitucional en materia de educación pública de 2013.  

Al presentar la reforma educativa el gobierno de México tuvo en cuenta los resultados de la última medición internacional PISA previa a la reforma (2012), que halló que 55% y 41% de los alumnos mexicanos evaluados no alcanzaban los niveles básicos de habilidades matemáticas y comprensión de lectura, respectivamente. Las carencias detectadas también incluyeron al área de las ciencias, así como falta de espacios y tiempo destinado a actividades deportivas, artísticas, aprendizaje de idiomas y de TIC.

En 2016 la Secretaría de Educación Pública presentó el nuevo modelo educativo del país, que constituye el planteamiento pedagógico de la reforma educativa. El modelo replantea de fondo los métodos de enseñanza y aprendizaje bajo la máxima de que la función de la escuela no debe ser enseñar a los niños y jóvenes lo que no saben, sino aquello que necesitan para “aprender a aprender”.9

En este sentido, el nuevo modelo educativo busca reforzar las habilidades básicas tales como comprensión de lectura, expresión escrita y verbal, razonamiento analítico y crítico, creatividad, desarrollo de habilidades socioemocionales, y la inclusión del deporte, arte y cultura, así como la educación en otra lengua extranjera y el uso efectivo de TIC.10

Si bien el modelo no recoge explícitamente la fórmula de STEM, reconoce al aprendizaje del español, a la filosofía, las matemáticas y las ciencias como las disciplinas “que conforman el núcleo de conocimientos básicos que se requieren para la comunicación efectiva, el pensamiento lógico y la comprensión del entorno en que vivimos”. Sin embargo, la autonomía curricular ahí establecida ofrece una oportunidad única para desarrollar e implementar contenido relacionado con el aprendizaje de habilidades digitales.

De manera paralela, la misma Secretaría de Educación Pública ejecuta el programa de estrategia digital @prende 2.0, cuyo propósito es proveer al sistema de educación pública recursos educativos apoyados en TIC; y el programa Aprender a Aprender con TIC, en colaboración con el gobierno de Ciudad de México.

Otros programas complementarios, en particular aquellos con alguna forma de participación o financiamiento de organizaciones internacionales, toman el modelo STEM como base —y, más específicamente, bajo el enfoque de perspectiva de género para la inclusión de niñas y mujeres—, tales como Código X, Mujeres en STEM-Futuras Líderes, NIÑASTEM PUEDEN: Red de Mentoras OCDE-México, por ejemplo.

De forma destacable, la reforma educativa en México reconoce que la formación de nuestros educandos no puede ser responsabilidad de una sola parte, sino que los diversos sectores de la sociedad —las empresas, por ejemplo— tienen también su cuota de responsabilidad.

Un artículo muy interesante en The Guardian, titulado “What is the future of technology in education?”, nos permite reflexionar sobre este importante tema.11 Según este artículo, el futuro de la tecnología en educación es la nube. 

Y yo coincido: el futuro se trata de acceso, en cualquier lugar, aprendizaje y colaboración, tanto a nivel local como global. Enseñar y aprender va a ser social. Las escuelas del futuro podrán tener un grupo local de estudiantes, sin duda, pero que podrán compartir el mismo curso con estudiantes en línea que viven en todo el país o incluso en el mundo. O piensen, por ejemplo, en los cursos masivos abiertos en línea (MOOC).

La realización de este futuro depende de una conexión a internet rápida, ubicua, accesible y robusta. Y se trata sin duda también de un tema de acceso digital universal y de igualdad de oportunidades. Piensen ustedes en una escuela con un buen acceso a internet de banda ancha, contra una que no lo tenga. ¿Cuáles de esos estudiantes tendrán mejores probabilidades de destacar, o de adquirir los conocimientos disponibles en línea, o desarrollar las capacidades que necesitan para ser competitivos en este mundo hiperconectado?

Los jóvenes merecen gozar de experiencias educativas adaptadas a sus necesidades y que, al mismo tiempo, les permitan sacar el máximo partido del tiempo que les dedican sus maestros. 95% de los adolescentes de entre 12 y 17 años se conectan a internet de forma regular. Utilizan las redes sociales, crean sus propias páginas web y hacen contribuciones en sitios web existentes. Nuestra prioridad en este ámbito es aprovechar al máximo la tecnología y las herramientas que han transformado todos los aspectos de nuestras vidas para impulsar el aprendizaje de los jóvenes. No se trata únicamente de mejorar los sistemas actuales sino de hacer las cosas de forma distinta.

Combinar la docencia presencial con el uso de herramientas digitales permite a los alumnos aprender de forma autónoma y a su propio ritmo, a la vez que los docentes pueden invertir más horas en atenderlos de manera individualizada y dedicarse a fondo a tareas más complejas. Al permitir a los alumnos que accedan a nuevos niveles de conocimiento cada vez que demuestren tener dominado un tema, en vez de hacerlos avanzar según el número de horas que pasan en clase, se puede personalizar su trayectoria y, así, apoyar a cada alumno a superar con éxito cada fase de aprendizaje. 

En fin, es un hecho que las aulas escolares van a cambiar, y deben cambiar. Gracias a la nube y los dispositivos móviles la tecnología se integrará en cada parte de la escuela. Con la nube, el mundo puede ser en sí mismo un gran salón de clases, pues los estudiantes pueden aprender y los profesores pueden enseñar desde cualquier lugar, e igualmente puede apoyar la autocapacitación y autoenseñanza.

Sin embargo, México presenta un importante rezago en la conectividad de sus escuelas y por lo tanto esta nueva realidad digital de la educación pública, a pesar de las mejoras alcanzadas, es impensable en el corto plazo.

Del universo total de primarias y secundarias públicas de México sólo 33% y 48%, respectivamente, tienen al menos un equipo con conectividad a internet.12

La responsabilidad no es sólo del gobierno, sino además de los padres, sociedad civil y de las empresas de tecnología. Algunas empresas tecnológicas como Microsoft en México tienen un decidido compromiso con la educación en el país, a través de la ejecución de diversos programas globales o locales para incrementar las habilidades digitales de los docentes y educandos, impulsar su vocación hacia proyectos o carreras de base tecnológica, como el desarrollo de habilidades de programación,13 o promover el aprovechamiento de TIC para el desarrollo del bienestar social y económico. Este esfuerzo incluye programas como Imagine Cup, Partners in Learning, DigiGirlz o YouthSpark (bajo la iniciativa local “Tú puedes México”), por mencionar algunos.14

En fin, es un momento emocionante el que enfrenta la educación en el mundo, y en México. Exige una reflexión profunda sobre el compromiso que tenemos todos para transformar la educación en nuestro país, promoviendo el desarrollo de pensamiento crítico y las habilidades digitales que requiere el entorno actual, repensando la escuela y su aula, los nuevos modelos de enseñar y aprender, y convertir a la educación pública en la herramienta que nos ponga al timón de la cuarta revolución industrial, capturando las oportunidades que ella ofrece, ampliar las oportunidades de inclusión, y reducir la brecha de desigualdad.

La coyuntura económica de la renegociación del NAFTA, y la crisis del modelo de maquila y salarios bajos y con poco valor agregado para México que lo subyace, así como una nueva administración en el año venidero nos presentan una oportunidad histórica, y ojalá fértil para discutir y obtener consensos sobre la educación pública que queremos en México.

Ayer soñé que Sócrates en una comunicación por videoconferencia, nos llamaba con urgencia a focalizar toda nuestra energía a crear lo nuevo, un México incluyente, justo, innovador, donde su principal fuente de ingresos no fueran las remesas sino las regalías por propiedad intelectual desarrollada en el país. Otra vez pensé: ¿ciencia ficción o realidad?

 

Jorge J. Vega-Iracelay
Director Senior de Asuntos Jurídicos, de Gobierno y de Filantropía de Microsoft en México. Experto, investigador y profesor universitario en tecnología y sociedad.
Sus opiniones son exclusivamente del autor y no necesariamente reflejan las de Microsoft Corporation.


1 https://www.nexos.com.mx/?p=31902

2 Cfr. The Future of Jobs: Employment, Skills and Workforce for the Fourth Industrial Revolution, World Economic Forum, Global Challenge Insight Report, enero de 2016, disponible en: http://bit.ly/2Bnc8lO

3 http://bit.ly/2zCQhqb

4 http://bit.ly/2j4Yb5s

5 http://bit.ly/2BAxnBt

6 http://bit.ly/2j3LCqP

7 Ver artículo publicado por nexos sobre educación y movilidad social https://www.nexos.com.mx/?p=27250.

8 http://bit.ly/2AgZeIW

9 Cfr. El Modelo Educativo 2016: El Planteamiento Educativo de la Reforma Educativa, Secretaría de Educación Pública, Gobierno Federal de México, 2016, p. 41. Disponible en: http://bit.ly/2q8tFNx

10 http://bit.ly/1TkmRmc

11 http://bit.ly/2AINHTs

12 http://bit.ly/2jyUXc7

13 http://bit.ly/2BvSCo2; http://bit.ly/2nfSp5t

14 http://bit.ly/2nfSp5t