Reconocimientos

Agradezco el generoso apoyo del Dr. José María Rally I., Jefe de la División de Estudios para Postgrado (Sección Literatura), perteneciente a la conjunción de dos instituciones: Becarios Académicos Sobresalientes y el Instituto Nacional de Investigaciones Culturales y Artísticas (BAS/INICA), por haberme permitido faltar tantas veces como fueron necesarias a la División que él admirablemente dirige, mientras yo incurría en la perpetración de este trabajo; mi más profundo agradecimiento a la Dra. María Enriqueta Rioja de los Ríos, que intercedió por mí muchísimas veces ante diferentes instituciones cuando, por motivos que no viene al caso referir, mi acceso a ciertos archivos privados habría resultado imposible, con la subsecuente inconclusión de este trabajo; a la fundación Guggenheim quiero agradecer el haberme extendido la beca por un año más, así como la provisión de viáticos para hacer los viajes que necesariamente requería mi investigación; a la señorita Alma Rubio, las gracias por haberme provisto de un mapa exacto de la región donde nació el poeta chiapaneco Arimateo Gong, sujeto de este estudio; al Ing. Javier Irigoyen, el haberme prestado su casa en Tuxtla Gutiérrez, Chis., de valiosísima ayuda como centro de operaciones para desplazarme regularmente al pueblo donde nació, vivió y escribió Arimateo Gong; agradezco también el amable recibimiento que, ya en ese pueblo, me prodigaron Estelita y Joaquín López, dos lugareños gentiles, abiertos y frondosos como quien más. (No puedo - aunque debiera- extenderme mucho sobre las entrañables personas de ese pueblo; reconozco la injusticia que acarrea un trabajo de esta índole, obligándome a omitir a todas las personas que -quién más, quién menos- me ayudaron de modo invaluable; digamos don Cástulo, que me entretuvo con historias sobre el lugar y sobre los padres de Arimateo Gong; así también doña Casiodorita, el olor de cuyos sopes me siguió acompañando querencialmente incluso cuando ya emprendí la redacción de este trabajo. Como lo más seguro es que nunca lean estas líneas, resulta harto difícil que lleguen a ver sus nombres aquí; no obstante, con la injusticia que trae el olvidar a muchos y mencionar a unos cuantos -me olvidaba de los señores Hernández, que me prestaron a su hijo Meco como guía para visitar los lugares más frecuentados por Arimateo Gong; y al cura del pueblo Eustaquio León, quien fue compañero de Gong en el seminario, así como el tabernero Julio Dimas, bajo cuya tutela auditiva Gong solía olvidar "alipuseándose" (como dicen allá al acto de ingerir alcohol) las penas de amor ocasionadas por su esposa Thea, a quien ya no aguantaba; y también el director del internado infantil donde Gong pasó gran parte de su infancia, señor anciano Donald Jiménez, la persona más viejita del pueblo, quien me habló del comportamiento, gustos y primeras aficiones literarias del poeta (a él debo la oportunidad de haber visto directamente el cómico pasquín que Gong releía todas las noches: un cuento sobre un pastorcito que después tendría reminiscencias bucólicas en el poema Ocapúsculo (que mezcla inteligentemente las palabras ocaso, crepúsculo y opúsculo a un mismo tiempo), así como el acceso directo, igualmente, a las calificaciones infantiles del poeta- con la injusticia, digo, de no poder mencionar a todos los lugareños que amablemente se ocuparon de mí, dejo aquí la sola constancia de que me siguieron acompañando a lo largo de mi trabajo incluso cuando ya había abandonado el pueblo, e incluso cuando ya había abandonado el trabajo; mi agradecimiento definitivo para todas esas buenas gentes, como dijo Antonio Machado.)

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Publicado en: 1979 Noviembre