México y sus vicisitudes políticas han sido objeto de la curiosidad y estudio de un buen número de científicos sociales norteamericanos, sobre todo desde la Revolución de 1910. Varios de los primeros análisis sistemáticos y de fondo sobre esta fueron hechos justamente por norteamericanos, como lo confirman los trabajos de Clark, Simpson o Tannenbaum. En épocas más recientes, los profesores y los candidatos a doctorado de las universidades del país vecino nos han inundado materialmente con libros y tesis. Algún momento del decenio pasado, dio la impresión de que los estudios sociales sobre México eran un coto reservado a los norteamericanos; sólo en los últimos años la balanza se inclina a nuestro favor, y no porque su actividad haya disminuido, sino porque la nuestra ha aumentado. Sin embargo, a raíz de la importancia petrolera, vuelve el riesgo de vernos sobreanalizados por sociólogos, politólogos, economistas, etc., de allende el Bravo. Esto puede resultar irritante, pero sobre todo es un reto y como tal conviene asumirlo.
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