Vuelta. Revista mensual, núm. 28, México, marzo de 1979.

Como es ya bien conocido, la tradición editorial de Vuelta data de 1971, año en que el mismo grupo de escritores, ligeramente alterado, inició la publicación de Plural. En esencia, no existen diferencias de concepción y criterios que separen aquella primera época y ésta que surgió por el golpe a la dirección de Excélsior en 1976. Las diferencias son de tipo formal: algunas secciones se conservan, nacen y desaparecen otras, se modifica el diseño, el número de páginas y la calidad de la impresión y del papel. Se incluyen en el consejo de redacción los nombres de varios colaboradores que de alguna manera estaban ya involucrados con la revista. Nada de esto desvía por principio la dirección marcada por el viejo Plural, inscrito a su vez en la línea editorial de publicaciones como Sur, Eco o NRF.

Sobre las cenizas de los acontecimientos que obligaron a Julio Scherer a abandonar la cooperativa Excélsior junto con su equipo de colaboradores más cercanos, entre ellos el grupo Plural, levanta vuelo una renovada e independiente ave fénix. Vuelta nace (o “retorna”) con una página editorial, escrita por su director Octavio Paz, en la que hace un recuento de las críticas que se habían hecho a la revista: “se nos acusó de ‘elitistas’ y de publicar textos incomprensibles”. Paz responde: “Los populistas tienen una idea más bien baja de la inteligencia y la sensibilidad de la gente. En el fondo del populismo hay un gran e inconfesado desprecio por el pueblo”. Continúa el resumen diciendo que los conservadores (ricos que, como todos en México, son revolucionarios) los relegaron al infierno donde son quemados los comunistas; los comunistas, por su parte, los rechazaron con etiquetas ideológicas, “invectivas y lugares comunes rituales”. En este vaivén critico, cuyo heredero natural es Vuelta, reposan y se tambalean continuamente las imágenes, las posiciones, se abre un cuadrilátero boxístico donde caben por igual batallas ideológicas, académicas, y de política cultural y editorial. En lo que respecta al público al que se presentan de nuevo, Paz asegura que “jamás en la historia de la literatura hispanoamericana una revista había tenido tantos y tan atentos lectores” como Plural, y aprovecha la oportunidad, en nombre del directorio de Vuelta, para reiterar su pacto con los lectores: continuar siendo independientes.

En una hojeada a los índices de los primeros dos volúmenes se advierte de inmediato la pluralidad perseguida por Vuelta, tanto en autores y textos como en temas y tendencias. Dentro de los últimos números habrían que destacar los artículos de Edgar Morin, Octavio Paz, Jean Daniel, José Bianco, Carlos Fuentes, así como las páginas de creación dedicadas a Barthelme, Bonifaz Nuño, Borges, Hopkins, Calvino, Puig, García Ponce, Liscano, Bonnefoy, Enzensberger, etc. Entre ellos, uno de particular importancia es el número dedicado al décimo aniversario del movimiento estudiantil en México, Francia y Estados Unidos.

Paréntesis del 68

La aportación de Vuelta a la bibliografía conmemorativa del 68, que tanto abundó en las publicaciones de México, consta de los ensayos de Morin, Zaid, Meza, Lizalde, Revueltas y Riesman. En “Francia: mayo pero… pero mayo”, Morin pone sobre la plancha de operaciones al movimiento estudiantil francés y disecciona el carácter lúcido que tuvo. Un “acontecimiento esfinge”, resucitado por el arbitrio de las fechas paralelamente en varios países que sufrieron revueltas similares (al menos en lo que se refiere al calificativo de estudiantil), que se distingue en Francia porque al parecer el país era invulnerable a las crisis. Con una narración ligera y desenfadada, Morin asegura que el mayo francés hay que entenderlo tanto en las magnitudes que adquirió como en la insignificancia a la que se redujo al reestablecerse el orden social y económico. Una fiesta de gran espontaneidad, transformada luego en consignas, capitalizada por los grupos organizados que la sobrevivieron y sepultada como un intento fracasado de revolución leninista. Eduardo Lizalde propone considerar en esta ocasión -“por la única virtud de la numeración decimal”, como apunta Morin- dos aniversarios: la represión del movimiento ferrocarrilero hace veinte años y la del estudiantil hace diez. El breve artículo de Lizalde apunta una propuesta (la urgencia de repasar seriamente los acontecimientos y dejarse ya de rencillas y moralinas), hace un homenaje a uno de los combatientes del 68, José Revueltas, y concluye con una pregunta: “¿Hemos aprendido, ya, algo del 58 y del 68?” Julián Meza parte de un motivo común a él, Morin y Lefebvre: el 68 visto como una fiesta espontánea con un final dramático. La fiesta mexicana, sin embargo, debe ser calificada como sui generis pues, a diferencia de la francesa, “que no proponía ‘soluciones’ a nada”, se fijó una meta que parecía cercana: “una sociedad democrática donde el regocijo público no sea castigado”. El texto de Zaid toma otro rumbo. No tiene grandes pretensiones y apunta hacia una contundencia estadística: si el campesinado, la posesión de tierras y la alimentación de las capas más pobres del país no mejoraron, la economía universitaria se incrementó considerablemente (1668 por ciento frente al 1047 por ciento en que se elevó el presupuesto de la SEP). El ensayo de Riesman gira alrededor del sistema universitario estadunidense de la década pasada, década de protesta estudiantil que dejó pocas secuelas para los años 70 y que hoy día se traduce en la ausencia de participación en actividades políticas por parte de los jóvenes, pues ahora “disfrutan de una soberanía casi total como consumidores”. A excepción de los testimonios de Revueltas (cuatro fechados en 1968 y uno conmemorativo del segundo aniversario de la matanza de Tlatelolco), el corpus de textos que presenta Vuelta (núm. 23) es menos un recuento de los acontecimientos, que una oportunidad de reflexión acerca de la trascendencia y la vigencia que tales sucesos político universitarios ejercen hoy día en los movimientos organizados, en el proceso de desmitificación de líderes estudiantiles o en la aparente calma y resignación de algunos. Fin del paréntesis.

El naufragio del Carreño

La presente entrega (núm. 28) la abre El naufragio del Titanic, poema de Hans Magnus Enzensberger, precedido de una carta que el autor envía a Octavio Paz con el permiso expreso de reproducirla “dondequiera que estimes conveniente”. En ella se opone abierta y terminantemente a la piratería practicada por una cierta “sección de la prensa mexicana”, pues una selección de El naufragio había aparecido sin autorización del poeta en “La Cultura en México”, suplemento de Siempre! Enzensberger acusa a este sector editorial de bárbaro, irrespetuoso, indecente y medianamente analfabeto e incivilizado. Manifiesta su indignación ante este folclor de países pobres y declara: “Sólo en otro lugar del mundo se recurre a esta práctica: la Unión Soviética” y “Sólo por resignación no emprendo una acción legal al respecto”. Si bien tiene todo el derecho de protestar públicamente y si bien lo asiste sin duda la razón, los argumentos que arroja su cólera son del todo innecesarios. Porque aquí no sólo quien carga el costal es el que sabe lo que lleva adentro y, como afirmaba Huberto Batis al respecto, el que esté libre de culpa que lance la primera piedra. El conflicto no es de tipo económico (“escritores como yo no pedimos dinero”) sino al parecer de una manifestación de “malas maneras” (“que se nos pida permiso, que se nos informe dónde seremos publicados y quién hará la traducción”); ¿por qué erigirse entonces como un colérico fiscal resignado?

El naufragio del Titanic

Un punto y aparte separa la carta del poema. El tercer canto de  , en una excelente versión del polilingüe Gerardo Deniz, es una muestra de la gran escritura que Magnus nos ofrece y que podría mover a los editores para que lo traduzcan completo (treinta y tres cantos). Entre La Habana y Berlín, diez años de por medio, así como entre Dante y la zafra cubana, el poema vuelve sobre si una y otra vez, recuerda su propia escritura; el hundimiento del transatlántico siempre presente en el ánimo del poeta y, a lo lejos, el gran bloque de hielo que provocó el naufragio como una amenaza acechante. “Y yo estaba distraído y miraba/por encima del malecón el mar Caribe,/y allá lo vi, mucho más grande/y blanco que todo lo blanco, muy mar adentro,/sólo yo lo vi y nadie más;/en la bahía oscura, la noche era sin nubes/y el mar negro y liso como espejo;/entonces vi el témpano, descomunalmente alto/y frío, como un espejismo helado, /que despacio, irrevocable, /blanco, se acercaba a mí.”

El pasón de Eleusis

En “Nuestro camino a Eleusis”, Jaime García Terrés expone y glosa las experiencias e investigaciones de R. Gordon Wasson en torno a la ciencia creada y promovida por él: la etnomicología, rama de la aún no bien aceptada etnobotánica. JGT define el trabajo de Wasson como una labor muy apartada de la que realizan los antropólogos documentalistas, los líricos extraviados en los vuelcos de la fantasía y los helenistas que no se han preocupado “por visitar Grecia ni por respirar la atmósfera en que se desenvolvió tan glorioso apogeo” (por cierto, habría que recordar que Nietzsche y Hölderlin nunca pisaron Grecia). Por el contrario, los estudios de Wasson contienen esa “pasión vivida que encamina hacia los mejores hallazgos”. Los misterios eleusinos, a la luz de la etnomicología, adquieren dimensiones que no habían imaginado los más desvelados exégetas helenistas. Wasson, nos recuerda JGT, fue el descubridor de María Sabina. También su sepulturero pues la difusión de sus experiencias con la sabia mazateca provocó una extraordinaria afluencia turística a Huautla. “Desde el momento en que llegaron los extranjeros -dice Sabina en el reciente libro de Alvaro Estrada-… los niños santos perdieron su pureza. Perdieron su fuerza, los descompusieron. De ahora en adelante ya no servirán. No tiene remedio.” El sacrificio, cuyas consecuencias ya preveía Wasson, se justifica en aras de la ciencia, pues la extinción del ritual de los hongos como práctica religiosa (“que se remonta a milenios atrás”) era inminente. En su Reloj de Atenas, García Terrés había relacionado a Eleusis con México y a Tláloc con Dyónisos, y ahora, con el nuevo libro de Wasson, The Road to Eleusis, vuelve al camino. Los hongos, “decisivos personajes históricos y fascinantes objetos de investigación”, estimulan a un JGT soñador: “El hombre, definía el Hiperión de Hölderlin, es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona”.

Ahí vienen los rusos 

Con el titulo “El régimen social ruso” Tomás Segovia traduce para Vuelta el informe presentado por Cornelius Castoriadis en el Seminario Histórico de la Bienal dedicada al tema Disidencia en los países del Este (Venecia, 1977). Se trata de una síntesis clara y ordenada de las ideas que Castoriadis ha desarrollado en otras obras a partir de 1946. Según sus tesis, “una de las más formidables mistificaciones conocidas en la historia” es la de otorgar al régimen ruso la calidad de “Estado obrero” o “socialista”. La desmitificación que emprende Castoriadis no es una empresa de menores dimensiones. Sometida a un Aparato burocrático opresivo que sustenta el poder y que ejerce una “expropiación mental y psíquica que rebasa netamente los modelos fascistas y nazi”, puede hablarse sin duda de la sociedad rusa como una sociedad de clases. “El pueblo que produjo a Dostoyevski, a Mussorgski, a Maiakovski, debe soportar el cretinismo, la cursilería y la increíble esterilidad de la cultura ‘oficial’… La burocracia condena a la cultura rusa a la esterilidad, porque está ella misma condenada al mutismo.” Se ha tratado de justificar este régimen burocrático a través de un concepto de revolución degenerada, pero el argumento se cae al comprobar que la burocracia ha llegado al poder en China y en otros lugares. El socialismo no es, como piensan ciertos marxistas (que sólo conservan de Marx su “esquema metafísico-determinista de la historia”), una etapa que deba suceder necesariamente al capitalismo, incluso “no es una etapa necesaria de la historia”. La labor de Castoriadis a este respecto, la “cuestión rusa”, cuenta con una treintena de publicaciones. La presente ponencia intenta dar una imagen global del problema.

El otro K.

De Carlos Fuentes, Vuelta pública “El otro K”, título del amplio ensayo que a manera de prólogo presenta la edición española de La vida está en otra parte, del novelista checo Milan Kundera. El paralelo con Kafka no se refiere a la inicial del apellido ni a la coterraneidad de ambos escritores: “Los personajes de Kundera no necesitan amanecer convertidos en insectos porque la historia de la Europa central se encargó de demostrarle que un hombre no necesita ser un insecto para ser tratado como un insecto”. Al igual que en Kafka, dice Fuentes, en Kundera la “libertad no es posible porque la libertad es perfecta”. La presencia opresiva de la URSS en Checoslovaquia tendrá que encontrarse en la novelística del otro K. en un trasfondo velado: “Condenar al totalitarismo no amerita una novela”. Fuentes resalta dos características generales en la obra de su amigo checo: el idilio -género que floreció durante el apogeo del stalinismo- y el humor como vehículo apropiado. “¿Quién quiere reír? ¿Quién quiere llorar? La broma en Checoslovaquia la hace ahora el Estado. Eso aprendió de sus enemigos: el humor, así sea macabro. ¿Quiere usted escribir novelas? Supere entonces mi broma, perfectamente legal, sancionada y ejecutada en nombre del idilio.”

Un Cadillac en la prosa

Un fragmento de La cólera de Aquiles, novela de Luis Goytisolo de próxima aparición, exhibe la obsesión de una mujer por la conservación de su salud que no regatea nada ante el excesivo precio que el dentista le cobra por un transplante molar, un trabajo sin duda delicado y ostentoso que lo hace exclamar: “Un Cadillac en la boca”. Por su brevedad el fragmento parece más un artículo de Reader’s Digest (“Yo soy la muela -Cadillac- de Juan”) que un capítulo de novela. Por lo demás, una muestra de la prosa cortada del autor: “No la diferencia, más que de grado, es de organización, superior, con mucho, la de los odontólogos” (sic).

Reseñas

La sección de reseñas de libros dedica sus páginas a las recientes obras de Lezama Lima, Paz, Pacheco y Monterroso. Juan García Ponce escribe sobre Xavier Villaurritia en persona y en obra; dice que si bien Paz ataca la injusticia con que ha sido tratado Villaurrutia, ello no “excluye la más extrema severidad crítica”, para con sus juicios. JGP disiente de la opinión de Paz en lo que respecta a sus comentarios sobre el relato Dama de corazones, además de algunas “mínimas desviaciones de Paz hacia aspectos abstractos que están relacionados sólo marginalmente con la obra de Villaurrutia como, por ejemplo, sus meditaciones, por otra parte acertadas cuando no brillantes, sobre el ‘entre’ y el ‘pliegue’ nos parecen innecesarias y que los dibujos de Juan Soriano son totalmente desafortunados”. Francisco Rivera comenta la reedición de Morirás lejos de José Emilio Pacheco, un “texto imprescindible” “escrito para ejemplificar lo que Jean Ricardou ha llamado la dialéctica entre la euforia del relato y la impugnación del relato, es decir, para probar que la producción textual es posible en nuestro continente…”

Fragmentaciones y novedades

En el apartado “Keepsake” de este número de Vuelta se reproduce un poema de Rogelio Carvajal. Esta sección fija -especie de “recuerdo”, “presente” “regalo”- la alimentan las diversas colecciones de libros y plaquettes publicadas por jóvenes. El poema de Carvajal (La máquina de escribir, 1978) que aquí se reproduce es sólo la segunda de tres partes del texto intitulado “17 de diciembre de 1976”, y no “En su muerte como todas”, título tomado por Vuelta de la última línea del poema. Estos jóvenes poetas relegados a un rincón de la revista, ¿reciben notificación de que serán (o fueron) publicados? ¿Tendrán derecho a reclamar que no se avise que el texto reproducido es una fragmentación?

Una nueva sección se inaugura en esta entrega: ” La Vuelta de los días”. Y. A. firma un breve homenaje a Roger Caillois y promete la publicación en un próximo número de la última entrevista que sostuviera con Héctor Bianciotti y P. Enthoven. De Octavio Paz, tres comentarios: el primero sobre la reciente obra de Ph. Lacoue-Labarthe y J. L. Nancy, L’Absolu Littéraire; el segundo sobre Teodoro Zeldin (Historia de las pasiones francesas); y el tercero promete un próximo comentario sobre el conflicto bélico China-Vietnam. Los últimos dos textos los firma Gabriel Zaid: uno sobre la Fundación para los derechos humanos de las Américas, “Hábeas”, creada por Gabriel García Márquez, y el otro es un reclamo a los editores y libreros que no distribuyen ni exponen a la vista del público los libros, cuando menos, que han ganado premios.

Finalmente, Vuelta hace una invitación a los lectores. No se trata ahora de adivinanzas sobre las bebidas nocturnas de Monsieur Teste, sino de participa activa y sistemáticamente como lector crítico de la revista. La “Asamblea de lectores” pide las opiniones y puntos de vista “sobre cada número, a lo largo de cuando menos seis números, de una manera muy sencilla”: pedir un instructivo a Leonardo de Vinci 17 bis, México 19, D. F.