“El libro sólo existe en el momento en que lo leemos. La línea, sólo en el instante dilatado en que corremos la vista sobre ella. Ese objeto encajado entre otros objetos en el estante no existe si no ejerzo en su cuerpo la operación de leer, si no lo tengo en las manos y lo penetro.”

Federico Campbell: Pretexta.

No son frecuentes los escritores preocupados por publicar a nuevos escritores. Sistemáticamente, estos últimos son rechazados, y en el mejor de los casos deben esperar varios años antes de que su obra sea aceptada por editoriales establecidas. Por fortuna se dan casos como Federico Campbell, quien desde marzo de 1977 a la fecha ha puesto en circulación dieciséis libros en la editorial La Máquina de Escribir. Mecenas ya no hay: cada autor pagó su edición respectiva. Pero gracias a la calidad literaria que ha logrado sostener, La Máquina de Escribir es hoy una muestra representativa de la escritura más reciente que se puede -de esta o de cualquier otra manera- publicar en México.

I. Postales y tránsitos del cuerpo

El primer libre de la serie, U. S. Postage Air Mail Special Delivery, de Jorge Aguilar Mora, es un poema de amor compuesto por breves textos independientes. Un erotismo totalizador que recuerda la mística de los siglos de oro y la preocupación por la historia:

en la entrada de los sexos

aguarda una turba de pueblos vigilantes,

la historia perdida en los desiertos

espera con sus mudos y verdugos:

no penetro en tu cuerpo,

salgo al fondo de un silencio indiferente;

la unción de tu saliva lava mi nombre,

eres virgen de nuevo, te levantas,

todo el pasado de tu cuerpo escucha,

La versificación tiende a equilibrarse en el endecasílabo y en la rima y mantiene un mismo ritmo a lo largo de todo el texto. Lo mejor aparece en algunas imágenes aisladas: “virgen, siempre virgen/ de lejos, el mar es virgen“.

Tránsito del cuerpo es una serie de reflexiones, encuentros / desencuentros con el cuerpo y el nombre. Es el primer libro de la serie escrito en prosa y no deja de advertirse la influencia del ensayo poético de Octavio Paz. Desde un erotismo inasible, idealizado, Esther Seligson narra en cuatro partes los avatares del cuerpo como objeto sensual y de conocimiento: “La mirada, al estallar, se hace palabra, y la palabra, entonces, pide respuesta, se convierte en diálogo de caricias que retornan a la mirada como una espiral de voces mudamente articuladas, trenzadas en los dedos…” (“Vigilia”). La segunda parte narra el despertar del cuerpo, la ausencia que se enfrenta a la palabra cuerpo, el cuerpo- palabra que a través de los sentidos descubre la voz, la búsqueda del Otro como una promesa. En el capítulo siguiente, el cuerpo-palabra adquiere una definición más precisa: recorrer un cuerpo es realizar un acto de palabras, y que sean ellas boca, lengua, oreja, mirada y manos, que ellas besen, palpen, gusten, oigan y entreguen, letra a letra, sílaba a sílaba, y remeden en su ritmo el primigenio acto de habitar el espacio. Un cuerpo es la morada del verbo y en él se lleva a cabo el encuentro con los mundos del sueño y la vigilia…”.

En la parte final, el llamado del cuerpo se instaura fuera del verbo, en el mundo de lo tangible: “un cuerpo es apenas más cercano que lo infinito, y está no obstante en la dimensión de lo palpable, un cuerpo pasa, en la espera, de la ausencia al encuentro, perecedero, una vez, una sola y única vez… “.

II. Las huellas de Nefertiti

En Huellas del civilizado, David Huerta marca su aprehensión del mundo en dos tiempos y ocho poemas que incorporan visiones de Pound, Cummings, Pessoa, Lezama, López Velarde, Breton y Villiers, membresía deslumbrante de un presente alucinado, adolorido, disperso.

En la primera parte (“Apuntes para la lengua lunar”) se cumplen sucesivamente un relato del ambiente nacional posterior a 68 (“Detalles”), las fórmulas rituales para encontrar el sentido de las cosas (“Crucigrama”), la despedida de un “amor irremediable” (“Historia Sentimental”) y seis poemínimos (“Graffiti”) en los que la ironía -antes arrastrada por el discurso- se hace patente. (Cultura): Manejas con pulcritud/ la prosa castellana/ Tu verso es grave y ceñido/ Tu prosodia es exacta/ Tienes porte académico/ y un pensamiento digno/ El ministro leerá -qué duda cabe- espléndidos discursos.

En “Textos para las incisiones”, la imagen da lugar a un lenguaje dislocado, lúdico, en el que estas Huellas del civilizado deambulan hacia un interlocutor que asume el absurdo, el sinsentido, de una manera festiva y lejana a la nostalgia de la primera parte:

Pérez no es perezoso, pero sin poros

ni pelos en la lengua. Es puro.

Aprenderá francés.

Con Dominación de Nefertiti Evodio Escalante va del mito a la poesía confesional; un lenguaje demasiado interesado en hacer literatura oscurece los sentidos. La búsqueda de Nefertiti (nefer: bello) que a la manera de Sor Juana es “piramidal, funesta”, se resuelve en imágenes fragmentarias con poca cohesión discursiva. La lista de impresiones deja una amplia posibilidad interpretativa que en los mejores poemas, como “Responso por el Tigre”, alcanza una belleza misteriosa, que parece ser la intención más clara del texto:

un tigre eres, una máscara, la tiranía de un

sueño desprovisto de rostro.

bajo tu nombre repetido, y casi degradado,

un tigre altísimo se acaba,

pierde la compostura, el deseo de pelear,

la noche misma pierde de un solo salto en el

seno nocturno

Una bomba para Doménica, de Carlos Chimal, recurre a un lenguaje complicado y denso, a una estructuración rápida y dislocada que narra historias fantásticas de personajes absurdos, ficciones verbales en las que la proposición literaria aborda la realidad desde las torpezas alegres, buscadas, de un lenguaje lúdico. Chimal utiliza un absurdo festivo que incorpora la estridencia de la vida. Hay en cada texto un cuidado evidente unido a un juego de palabras (Joyce, Cortázar) bien realizado: “Creemops que es lo menos que podemos hacer, nosotros que no hemos enterrado la palabra, y aunque este recipiente ya comienza a despedir la pestilencia de su contenido, ofrezcamos ya nuepstra náusea por su descanso y leeré por la tranquilidad de nuestras concienciaps:

Vuestro paradójico sapado

Se destrompica en nos

y la sepela concubina

Ya no atisba a marprustear.

¡Oh! sarapódico jaspeado,

Acuentado saltimbanqui,

Mavita pespertarme por tu pravia,

Por tu reconliterolanbartero asado.

Y si vos cronocrabitas

Luefa de mi soronepar,

¡Ma Fu y austerivefranquéame!

Junto a esto la narración incorpora escenarios, actitudes y personajes igualmente absurdos, igualmente capaces de narrar algunos atributos que desde tiempos de Gargantúa nos conforman.

III. Catálogo veloz

El quinto libro de La Máquina es Fuera del aire de Adolfo Castañón. Los textos, narraciones y reflexiones a partir de un diario, reúnen la necesidad del autor por conservar gestos, imágenes, fantasías de un viajero literario que busca su confirmación cerca de “un gran cerdo blanco de ojos azules y piel brillante bajo el sol”, que se reconoce con vagabundos internacionales en los parques de Israel y que encuentra figuras en el fuego que narran crímenes placenteros. Busca además declararse chambista editorial, contemplador del fuego, erotómano aficionado, fugitivo de perímetros urbanos, ictiólogo, descubridor de cadáveres, recopilador de personajes kierkegaardianos así como de lectores viciosos y empedernidos perezosos de oficio, onanistas perniciosos, filósofos de gelatina, sabios orientales… Fuera del aire es un catálogo alucinado en el que se mezclan elementos cotidianos con imágenes deslumbrantes, personalidades, hábitos, comportamientos, contemplaciones referidas desde una prosa acelerada y que vela en ocasiones el reposo interior que anuncian las reflexiones: “aguanta maestro, que luego me quedo sin contemporáneo”.

Federico Campbell presenta un fragmento de novela, Pretexta, sobre un hombre cuyo interés por la investigación criptográfica lo convierte en un agente que traiciona las esperanzas familiares, se convierte en un ser extraño a sus amigos de barrio, recuerda a su madre como cualquier muchacho provinciano y sueña con Saint-Exupéry mientras persigue encarnizadamente al profesor Alvaro Ocaranza, redactor de una revista de dudosa legitimidad, activista reconocido en algunas maniobras subversivas y exmaestro de su perseguidor. El fragmento anuncia una novela de lenguaje ágil y bien estructurado; por momentos la historia policiaca discurre sobre el comportamiento y la comunicación que ocasionan perspectivas diferentes, propias “Hablamos de esto pero no de aquello: editamos. El interfecto cae en un malentendido: no corregimos su error: componemos una despedida más o menos fría o más o menos cálida, y el hombre se marcha con una cierta imagen nuestra que editamos automáticamente y convenientemente”. Este interés literario marca la hondura constante de los diálogos y reflexiones de los personajes; la persecusión es un recurso literario que descubre “halcones” policiacos y literarios antes que un crimen a la manera tradicional del “thriller”.

IV. Castores, pirotecnias y algunos chistes no muy buenos 

Un día dios se metió en mi cama, de María Luisa Erreguerena, narra con humor e imaginación algunos aspectos de la vida de la mujer en la realidad nacional. Despedidas, muertes repentinas gracias al crimen y al suicidio, identificaciones adolescentes y experiencias alucinantes, para relatar una constante rebelión femenina contra el estatus social. Los cuentos tienen algo que no se encuentra fácilmente en la narrativa contemporánea: es difícil olvidarlos por la sencillez de su lenguaje. “Un día dios se metió en mi cama. Yo como fui mal educada por padres católicos me quedé sorprendida y le dije: Pero dios me habían dicho que eras casto. Castos los castores, dijo él y, como rió supe que era un chiste. A mí me gustó que riera; los hombres que se portan serios en la cama suelen ser malos amantes, aunque el chiste no me pareció muy bueno”.

Con Desierto atestado Mariano Flores Castro publica quince textos en los que predomina el juego de y por la palabra. La pirotecnia verbal propone un recorrido por autores que van de Rimbaud a Lezama Lima y Barthes, así como por espacios imaginarios (“Bar Galaxia”) y algunos escenarios parisienses. El humor y la búsqueda de imágenes tanto en prosa como en verso, dan noticia de los encuentros con la mujer, con la belleza, con el placer, con el verbo que juega y que intenta apresar su objeto:

Sí, hay que pasar los puentes de conchas de

desprecios

y empezar a fumarse otro habano en el asma

cotidiana del alma…

Mito, meto, mato, mundo, nada de temores,

eres poeta.

(Homenaje a Lezama Lima)

Juan Villoro, uno de los narradores más jóvenes y frescos de nuestra literatura, publica El mariscal de campo, tres cuentos que tienen como escenarios un internado estadounidense de verano, la zona sur de la ciudad de México aledaña al Estadio Azteca y el departamento de un astrónomo mexicano en alguna ciudad extranjera. Villoro relata las experiencias de un estudiante preso en un campamento estudiantil de verano, las del aprendiz de goleador que recorre las calles de la ciudad como si trotara en un campeonato mundial, las del científico que regresa de la soledad estelar a la cama donde su mujer duerme. Las tres historias, que no tienen en su planteamiento nada notable se vuelven espacios en los que la observación cotidiana, el lenguaje de todos los días, son descritos fielmente. Lo que sorprende es la trivialidad de las anécdotas, el buen manejo de la palabra que deja ver -sin otra pretensión que la observación misma- la realidad descrita como si surgiera desde un papel de revelado.

La caja de cristal de Rosario Ferré es la historia de una familia que viaja de Europa a Cuba y Puerto Rico con el sueño de construir un puente que una a todos los países del mundo. El narrador decide terminar con la riqueza de la familia: sabotea sus fábricas de capital yanqui y se dedica a transportar fruta hasta que pueda construir el puente imaginario, tarea que recibe como herencia. La narración recuerda Cien Años de Soledad aunque en esta Caja de cristal Macondo es el Puerto Rico real, bajo el dominio real de los gringos, y esto le da al relato un presente poco maravilloso. Sin embargo, Rosario se encarga de fabular, incorporando la mitología a la historia de nuestros días: “Ya sobre el malecón, junto a la goleta que me espera y en la que viajaré por todo el Caribe transportando frutas y vegetales de puerto en puerto, me vuelvo en dirección de la ciudad y miro hacia donde se encuentra la casa. Aguardo pacientemente la detonación del aparato que dejé oculto en la repisa oscura de la sala, en el mismo lugar que ocupó durante tantos años la caja de cristal. Sé que mi espíritu no ha de hallar descanso hasta ver los hermosos arcos de fuego de mi puente elevarse hacia el Norte y hacia el Sur”.

V. Del movimiento a la síntesis

El hilo olvida, de Carmen Boullosa, es un recuento de poemas en prosa y en verso de extraña y fría corporeidad, paisajes que se inscriben en la noche y un monólogo continuo: “Ya nada me distingue del mundo porque nada tengo. Pero (sopla lento el viento) cada partícula de polvo, cada gota de agua que viene en el viento, un instante antes de entrar en mí se detiene. Nada me distingue del mundo, es cierto, pero nada me traspasa. Todo, justo un instante antes de perforarme, me señala, me sostiene, me demarca”.

Lo más vivo en el libro es el juego de respiraciones, la mezcla de ritmos que le dan a cada texto su propio movimiento, el sonido que se rompe y se recupera en imágenes que proponen un mundo oscuro, silencioso:

La noche, imperturbable, apacible madeja

de sonido, amplia serenidad impenetrable.

No es ésta mi voz: la noche misma es quien

me cubre frente a su claridad sin márgenes.

En Peces de piel fugaz, Coral Bracho publica ocho poemas en un mismo tono. Las imágenes tienden a la inmovilización, aparecen en un ambiente casi líquido. Un conjunto en el que se reconoce una voz propia recordando a nuestros clásicos inmediatos: la transparencia de Paz, la religiosidad paisajista de Pellicer, la sensualidad de López Velarde. En este libro se habla de sensaciones trabajadas con una artesanía de miniatura, cuyo ejemplo puede ser el texto final:

Sobre las valvas

de esta calle sedienta y aprisionada,

los enanos incrustan

pequeñas piezas de nácar.

La severa aproximación de Coral Bracho hacia sus poemas se rompe en Escritura Sumaria, de Ricardo Yáñez: cuatro grupos de textos que se localizan tanto en el humorismo irónico como en la experimentación verbal, y en el desenfado hacia formas poéticas clásicas, como este soneto desclasificado:

el pesar insistente de ser nada

se arregla la corbata ante el espejo

se sale a caminar por la añoranza

de la vida vivida ciertamente

en la memoria busca algunos brazos

alborazadas sábanas dichosas

cabelleras oscuras lluvia afuera

y vino cigarillos y palabras

se sabe sólo sombra de su sombra

el pesar insistente de ser nada

se sube a los camiones compra cosas

no quisiera llorar quisiera irse

a vivir a sí mismo mucho tiempo

no quisiera mirarse al espejo,

Los textos recurren a la economía verbal para crear imágenes sintéticas que traspiran cierta influencia oriental. Escritura sumaria presenta a un autor que puede, si no abusa de la desverbalización, seguir un camino interesante.

VI. Textos, pretextos y postextos

Para hacer plática es una serie de narraciones y poemas en los que Javier Molina nos informa que es de San Cristóbal de Las Casas, ha estudiado comercio, se preocupa por la existencia de Dios, sabe la regla de tres y busca la libertad (“de eso se trata”). El libro no pretende sino mostrar las reflexiones del autor sobre la escritura. En este sentido, son textos previos a lo que serían textos literarios acabados. Pero la intención de presentar pre-textos es totalmente premeditado “Los cuentistas son indiscretos y cuentan cosas: me enamoré, tuve diez hijos, siempre fui soltero, se incendió mi casa. Tienen historias. Yo creo que todos. Algunos no lo escriben porque no saben escribir pero lo cuentan, no te creas, hasta los mudos hablan y los sordos (como Beethoven) escriben música. Tú lees y yo escribo y/o tú escribes y yo leo y todos hablamos. ¿No estás de acuerdo? -Está bien -dirás- pero tú dijiste que ibas a contar algo y ¿qué contaste?- Todo lo que estás leyendo. ¿Te parece poco?”. Finalmente podemos enterarnos también de que contar casos no es un privilegio de escritores, pues como afirma, Molina, “a escribir se aprende escribiendo del mismo modo que a andar se aprende andando.”

José María Espinasa publica Son de cartón, los textos de factura más tradicional en la colección. Seis poemas, la mayoría de los cuales son series que retratan paisajes, mañanas, islas, viajes por mar y que retoman algunas formas que no se publicaban desde hace tiempo, como las “Coplas del merengue”:

Decidle providencia

al merenge su futuro

Futuro que se maquilla

con polvo

VII. Ergo: que no se atrofie la máquina

El entusiasmo editorial de esta Máquina cuyos libros desearíamos ver con mayor frecuencia en circulación, deja con estas primeras obras una imagen fragmentaria de la calidad potencial de sus autores. Algunos de sus títulos quedarán acaso como testimonio de una literatura sin otro compromiso que el de dejar constancia impresa. Junto a ellos, las obras mejores dejan oír una voz propia, con mayor dirección en su tránsito, desde/ a pesar de: las caídas de David Huerta, la coja mitologización de Evodio Escalante, el eco enraizado de Paz en los textos de Coral Bracho y Esther Seligson, la blandura ocasional de Yáñez, el artificio verbal de Flores Castro, la prosa apresurada de Castañón, los monólogos laberínticos de Campbell, las sinuosidades de Chimal, la fresca narrativa de Villoro, la simple sencillez de Erreguerena, el macondismo isleño de Rosario Ferré.

El acierto de crear espacios de publicación para autores marginados, implica también la búsqueda de nuevas posibilidades para la literatura más reciente, que puede encontrar en esta colección un lugar propicio para promover textos y lectura no como un acto de consumo, sino como un intercambio de imágenes, visiones, convicciones. Es saludable saber que existen editoriales dedicadas a convertir esta búsqueda en una realidad ajena a la usura que ejercen sobre la escritura otras máquinas de publicar a utilidad amarrada.